Alessandro Portelli, historiador italiano: “Trump le dio a la ‘América profunda’ la sensación de que al menos la ve”

El historiador italiano Alessandro Portelli.

Reconocido especialista de la historia oral, así como de la música y la literatura estadounidenses, el autor de La orden ya fue ejecutada dará este viernes a las 11.30 una charla sobre Italo Calvino y la cultura popular. Para La Tercera abordó este tema, así como la actualidad política de EE.UU.



Le interesan la narración, el relato escrito y oral, y la manera en que ambos se cruzan. También la memoria, como trabajo y como seña identitaria, sin olvidar la música y su raigambre popular. En esa línea, y como declaraba en 2007 a La Tercera, ha tratado “de identificar los marcos característicos de la historia narrada oralmente, la interrelación entre los hechos, la imaginación, el lenguaje”. De esa forma, es posible entender la trayectoria de sectores y estamentos sociales que dejan menos huella, normalmente por el mismo hecho de que han sido menos visibles en la historia de un país como Italia. O como Estados Unidos.

Profesor emérito de la U. de Roma-La Sapienza, este viernes 13 a las 11.30 hrs. (en Zoom y YouTube Live) el investigador y académico Alessandro Portelli vuelve virtualmente a Chile para dictar la conferencia “Fábulas italianas: Italo Calvino y la cultura popular”. Ello, como parte de la “Cátedra Italo Calvino”, que involucra a los institutos de Letras e Historia de la U. Católica, con el auspicio de la Embajada de Italia y del Instituto Italiano de Cultura.

“Italo Calvino atraviesa un período de la historia cultural italiana en el que, tras el fin del fascismo y de su aislamiento cultural, se reconoce en términos culturales la centralidad del mundo popular en la reconstrucción de la democracia”, explica Portelli a la distancia acerca del autor de Por qué leer los clásicos, fallecido en 1985. “Figuras como Ernesto De Martino, Primo Levi, Gianni Bosio y Pier Paolo Pasolini, prestan atención a la presencia alternativa del mundo popular y sus lenguajes”, agrega, planteando que Calvino “es protagonista de este desarrollo con su colección de fábulas italianas, un trabajo antropológicamente sofisticado y literariamente creativo. En mi charla, sin embargo, no hablaré tanto de esto como de la forma en que la búsqueda de Calvino de un lenguaje literario de la modernidad cruza, a veces incluso de forma inconsciente pero con sentido, las formas poéticas y narrativas de la oralidad”.

Al final de sus Seis propuestas para el próximo milenio, dice Calvino: “Cada vida es una enciclopedia, una biblioteca, un muestrario de estilos donde todo se puede mezclar y reordenar de todas las formas posibles”. ¿Qué cree que quiso transmitirle al siglo XXI?

Las seis lecciones americanas son un ejemplo extraordinario de claridad crítica y de visión moral. Calvino enumera principios (levedad, rapidez, exactitud, visibilidad, multiplicidad y concreción) que comparten una idea de la literatura como trabajo, como control e inteligencia, frente a una idea inefable de inspiración descontrolada. Al mismo tiempo, insiste en que los principios que discute están siempre en relación -en tensión, en diálogo- con los principios opuestos: el arte no es una ley que distinga el bien del mal, sino una práctica en que, antes que las respuestas,  importa identificar las preguntas.

El escritor italiano Italo Calvino (1923-1985).

Made in USA

Andaba cerca de los 18 años Portelli cuando visitó por primera vez los Estados Unidos, en 1960. Por entonces se defendía con el inglés –algo aprendió de su madre, una profesora de latín “reconvertida”- y se consideraba anticomunista (autopercepción que cambió seriamente a lo largo de esa década). Ese año completo en California sería el inicio de una fructífera relación con la producción cultural de un país que conoció de maneras singulares, y que ha ayudado a conocer a terceros gracias a su investigación y sus publicaciones.

Así es como el celebrado autor de La orden ya fue ejecutada: Roma, las Fosas Ardeatinas, la memoria (2004) es también un reconocido cultor de la historia oral y de otras vías de aproximación a la vida social y cultural de algunos paños del enorme territorio estadounidense. Están sus trabajos acerca de figuras musicales señeras (Woody Guthrie, Bob Dylan, Bruce Springsteen) y también sus inmersiones en la “América profunda” que dieron lugar a obras como They Say in Harlan County (2010), donde se sumerge en la vida de distintas generaciones de un condado minero del estado de Kentucky cuya población blanca es hoy superior al 95% y que la semana pasada se manifestó arrasadoramente por la candidatura de Donald Trump.

¿Siguió los resultados de Harlan County? ¿Le llamaron en algo la atención?

En Harlan, Donald Trump ganó con el 88% de los votos, aunque incluso allí y en lugares similares hubo protestas de jóvenes contra el racismo y en apoyo de Black Lives Matter. El problema con territorios lejanos de las grandes ciudades, ligados a una tradición de trabajo industrial y obrero, es que mientras Trump ofrece ilusiones y promesas, Biden no parece ofrecer siquiera eso.

¿Qué nexos ve entre la “América profunda” que usted ha estudiado y lo que politólogos y periodistas llaman “América profunda” en tiempos de elecciones

Trump le ha dado a esta “América profunda” que ve desaparecer todas sus antiguas certezas, incluida la de la superioridad racial blanca, la sensación de que al menos la ve. Los demócratas parecen a veces proceder como si estas personas no existieran. Ellos se dañan a sí mismos votando por Trump, pero entiendo por qué lo hacen.

A este respecto, sin embargo, matizaría con lo musical. El country de los Apalaches, ligado históricamente a un mundo blanco, rural y conservador, también ha tenido importantes voces críticas. Dolly Parton, una superestrella cuya inteligencia ha sido subestimada frecuentemente, reiteró su solidaridad con Black Lives Matter. Tyler Childers, un músico country muy tradicional, compuso una canción (“Long Violent History”) en la que dijo a su público blanco: “Si nos hicieran lo que hicieron y están haciendo con los afroamericanos, ¿cómo reaccionaríamos?”. Saben que la mayoría de su audiencia piensa diferente, pero no tuvieron miedo de desafiarla, y quizá logren que una parte de ella razone al respecto.

Este año se activaron luchas callejeras, “batallas de la memoria” y pugnas identario-étnicas en torno a movimientos como Black Lives Matter. ¿Cómo los inserta esta en las luchas históricas de los afrodescendientes y en la política identitaria?

Las manifestaciones que siguieron al asesinato de George Floyd fueron más allá de la dimensión étnica e identitaria: tomaron la violencia racial como eje y culminación de una violencia más generalizada, que afecta principalmente a los negros, y también, en general, a los pobres, los marginados, los subordinados. Esto es precisamente lo contrario de la “política de identidad”, ya que atraviesa las identidades y al mismo tiempo las rompe: no todos los afroamericanos son iguales, no todos reaccionan de la misma manera; ser afroamericano, o latino, también significa tener una posición de clase y género, vivir en un contexto urbano o rural... No captar este hecho ha llevado al Partido Demócrata y a muchos en la izquierda moderada y neoliberal de Occidente, a ignorar la complejidad de las identidades, la multiplicidad de factores involucrados y el peso creciente de la desigualdad en un mundo cada vez más polarizado. En medio de esta falta de visión se ha insertado la política de la derecha supremacista blanca, también identitaria.

¿Por dónde diría que transita más decisivamente la oralidad en nuestros días? ¿Qué rol ha pasado a cumplir la música?

Woody Guthrie decía que la canción popular es fuerte cuando el movimiento obrero es fuerte. Lo mismo diría que ocurre con la oralidad en general: son formas de comunicación que se basan en el hecho de que las personas están juntas y que se hablan. Hoy, entre la pandemia y los temas sociales, el diálogo cara a cara, que es la esencia de la oralidad -la presencia del cuerpo, la materialidad de la voz-, es más difícil. También pienso en lo mucho que pierdo en la lección sobre Calvino que voy a dar [para Chile, este viernes], debido a que no puedo reunirme físicamente con los participantes. La red es un sustituto, por lo que debemos estar agradecidos. Pero no es lo mismo.

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