Pierre Lemaitre: “Paulatinamente, el pueblo francés ha dejado de confiar en sus dirigentes”

El escritor ganador del Premio Goncourt cierra su trilogía literaria sobre la generación de entre guerras con El espejo de nuestras penas, novela que vuelve sobre un episodio poco iluminado del siglo XX francés: el éxodo de millones de personas ante la ocupación alemana en 1940. Con un tono cercano al folletín y la novela de aventuras, Lemaitre narra el destino de un grupo de personajes antiheroicos y retrata el drama de los refugiados, una crisis que encuentra ecos en nuestra época.



Miles, acaso millones de personas salieron a las carreteras de Francia en 1940. Dejaron sus hogares sin saber bien a dónde dirigirse. Huían de la invasión alemana, en uno de los capítulos más dramáticos del siglo XX francés. Curiosamente, cuando Pierre Lemaitre (París, 1951) comenzó a investigar en torno a este episodio, se encontró con un imaginario prácticamente desierto. “Me sorprendió enormemente darme cuenta del escaso número de novelas o películas relacionadas con este período”, cuenta.

Hace ocho años, Pierre Lemaitre inauguró una trilogía narrativa sobre la generación de entreguerras. Nos vemos allá arriba, la primera novela del ciclo, narró el destino de un grupo de personajes tras el fin de la Primera Guerra Mundial; con ella obtuvo el prestigioso Premio Goncourt y una audiencia de dos millones de lectores. Prosiguió en Los colores del incendio, situada a inicios de la década del 30, y ahora cierra la saga con El espejo de nuestras penas, tal vez la novela mejor lograda de las tres, donde aborda la fuga de París ante la inminente invasión alemana.

“Los historiadores han trabajado mucho en este éxodo de 1940, pero no parece haber interesado mucho a los artistas y me preguntaba por qué”, cuenta el autor. “Supongo que este es un período del que los franceses realmente no quieren escuchar, porque refleja una imagen de sí mismos que no es muy gloriosa. Incluso, me pregunté si no estaba equivocado al centrarme en un período del que quizás los lectores no querrían escuchar. El éxito del libro en Francia me demostró que no estaba del todo equivocado”.

Bajo el título genérico Los hijos del desastre, la saga relata historias de personajes heridos de un modo u otro por las guerras; ciudadanos alejados del poder y la gloria, sobrevivientes a menudo antiheroicos, estafadores y entrañables. En El espejo de nuestras penas, Louise, una joven maestra y mesera que era una niña al inicio de la saga, persigue un secreto de familia: descubre que tiene un hermano a quien no conoce. En su éxodo de París se cruzará con dos soldados desertores y un exfuncionario del Ministerio de Propaganda -un auténtico camaleón- que huye disfrazado de sacerdote.

Mientras los alemanes avanzan y se aproximan a París, el gobierno construye un narrativa triunfalista y absurda: cubre el fracaso con noticias delirantes. Ante la derrota inminente, dirá: “Carente de jefes lúcidos y sensatos, el ejército alemán está condenado a hacer lo único que no requiere reflexión: huir hacia adelante. Los mandos de nuestro ejército lo han comprendido perfectamente: dejan que se agote en esa loca carrera, para detenerlo en cuanto ceje en su resistencia, lo que no tardará en ocurrir”.

Formado en la novela negra, Lemaitre aborda el fracaso, el drama histórico del éxodo y los refugiados con agilidad narrativa, humor y cariño por sus personajes. La historia se desenvuelve con el ritmo de la novela de aventuras, el ingenio de la picaresca y el magnetismo y los giros sorpresivos del folletín.

Publicada el año pasado en Francia, recibió una calurosa recepción de crítica y lectores. La historia comienza en abril de 1940 y culmina dos meses después, en junio de 1940.

“Es un momento muy excepcional en la historia de Francia e incluso de Europa”, dice el autor. “Este breve período de unas pocas semanas cuenta la historia de todo un pueblo preso del pánico: millones de personas se encuentran en las carreteras que se dirigen hacia el sur sin siquiera saber exactamente hacia dónde van. Este período del éxodo es, después de todo, una metáfora de todos los períodos, y tal vez incluso del que estamos viviendo en este momento, durante el cual los pueblos presos del pánico se comportan de forma irracional”.

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Pierre Lemaitre, Premio Goncourt por su novela Nos vemos allá arriba, el inicio de su trilogía.

En este caso la batalla de resistencia duró muy poco: el ejército francés fue rápidamente dominado por los alemanes. ¿Qué ocurrió?

Creo que la razón fundamental es que los soldados franceses que dirigieron el ejército en 1940 eran prácticamente los mismos que habían ganado la Primera Guerra Mundial 20 años antes. Eran soldados envejecidos que no habían cambiado su concepción de la guerra y que proyectaban sobre la Segunda Guerra el patrón de la Primera. Pensaron que esta guerra sería una guerra de posiciones, mientras que el progreso técnico dio origen a un nuevo estilo de guerra: la guerra de movimiento. Podemos decir que los soldados franceses habían perdido la guerra incluso antes de que comenzara.

La novela comienza con una escena muy impactante, propia de una novela de acción, y se desarrolla con gran agilidad, sorpresas y revelaciones. ¿Esto responde a la influencia de los géneros populares?

En parte tienes razón. ¡Hoy somos lectores más apurados y estamos ansiosos por ver comenzar la acción! En este sentido, las series de televisión nos han ofrecido modelos muy efectivos a los que nos hemos acostumbrado y ahora nos cuesta esperar 30 o 40 páginas a que una novela empiece de verdad. Pero si lees con atención a los grandes novelistas del siglo XIX verás que ya habían entendido muy bien esta cuestión, en particular los grandes folletenistas como Alexandre Dumas, que siempre logran que sus historias comiencen con acciones vivas, personajes muy activos que “se llevan” al lector.

Louise, la protagonista, era una niña cuando estalló la Gran Guerra y es una mujer cuando comienza la Segunda. ¿Ella representa a la generación de “niños del desastre”?

La trilogía que se llama Los hijos del desastre es en verdad sobre una generación, la del período de entreguerras, que es una generación sacrificada al mismo tiempo por la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Albert Maillard en Nos vemos allá arriba fue un joven sacrificado por el primer conflicto que lo tuvo como soldado. Louise también está gravemente herida por la guerra, porque perdió a su padre allí y su madre se volvió loca por eso.

Sus personajes no son héroes y suelen pertenecer a las grandes filas de seres más bien anónimos, a veces hasta antiheroicos. ¿Es este el tipo de personaje con el que se siente más cercano?

Es cierto que en mis novelas encontrarás pocos abogados internacionales casados con modelos de alta costura… Dibujo mis personajes del mundo que mejor conozco, el mundo que es el mío, en el que me crié. Se trata de lo que hoy se llaman las clases medias y más precisamente para algunos de ellos la base de las clases medias. Tiendo a pensar en estas personas como los verdaderos héroes de la historia.

Ciertamente, Désiré es un gran personaje, un artista de la estafa y superviviente absoluto, pero lo que hizo en el Ministerio de Propaganda no fue una broma: fue desinformación (”en tiempos de guerra, la veracidad de la información es menos importante que las noticias reconfortantes “, dice). ¿Qué efectos tenía este tipo de propaganda?

Tocas una pregunta muy esencial. Considero que 1940 fue una de las primeras grandes crisis de confianza entre el pueblo y sus élites. Hubo otros grandes momentos como este, pero 1940 es una fecha especial precisamente por la propaganda. ¿Qué está pasando en realidad? Un gobierno impulsado en gran parte por los militares se ha dado cuenta de que las cosas van mal y decide a través de la propaganda convencer a la gente de lo contrario. Es fascinante leer los periódicos de la época. Si bien el ejército invasor se encuentra a unas pocas decenas de kilómetros de la capital, los periódicos continúan afirmando que el ejército francés tiene todas las posibilidades de ganar esta guerra. ¡Es absolutamente asombroso! Y esta mentira de Estado tendrá consecuencias trágicas, porque cuanto más cree el pueblo en la palabra del gobierno, mayor es su desilusión y mayor desconfianza hacia las élites. La enorme abstención de las actuales elecciones en Francia es básicamente consecuencia de estos grandes momentos de crisis en los que, paulatinamente, el pueblo francés ha dejado de confiar en sus dirigentes.

La novela describe una crisis con refugiados, desesperación, desinformación, dilemas morales. De alguna manera, ¿esto podría tener resonancia o ecos en la crisis que atravesamos hoy?

Es bastante sorprendente: muchos refugiados cruzarán Francia desde dos países cercanos: Bélgica y Luxemburgo. Hasta 1940, los trabajadores fronterizos franceses consideraban a estas personas como vecinos, pero tan pronto como ellos mismos se encontraban en dificultades, ya no los consideraban como vecinos, sino como extraños. Por lo tanto, es bastante intencional que coloque al final de la novela un lugar hacia el que convergerán todos los personajes de la novela y que es un centro de refugiados poblado principalmente por extranjeros... que espero que resuene con el período actual.

Francia ha manejado la pandemia con restricciones limitadas. ¿Cómo ve la gestión del Presidente Macron, a quien apoyó en la segunda vuelta?

No, no “apoyé” al Presidente Macron en la segunda vuelta. Decidí votar por él, pero no lo apoyé. La gestión de la crisis en Francia es absolutamente desastrosa. Los gobernantes actuales fueron elegidos por el tema de la eficiencia y han demostrado ser de una incompetencia poco común. Después de haber hecho todo lo posible por eliminar a la oposición, después de haber criminalizado la protesta, nuestros funcionarios electos se han mostrado de gran inconsistencia con un solo hombre decidiendo todo como si fuera… Júpiter.

Es un balance muy cruel.

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