Culto

Crítica de discos de Marcelo Contreras: PJ Harvey en versos, los tesoros de Charlie Watts y el mazazo de Godflesh

Esta semana revisamos lo nuevo de la cantautora, en que adapta una docena de poemas que recurren parcialmente a un dialecto practicado en las cercanías de su natal Dorset. Mientras, la antología del fallecido baterista de The Rolling Stones, expone su amor por el jazz en distintas épocas. Y en el metal más incisivo, Godflesh propone una dura terapia entre la batalla y la desesperación.

PJ Harvey - I Inside the old year dying

A siete años del último álbum, PJ Harvey moldea en canciones su novela en versos Orlam (2022). El disco adapta una docena de poemas que recurren parcialmente a un dialecto practicado en las cercanías de su natal Dorset, con una trama en torno a una joven y un personaje identificado como Wyman-Elvis. La propia prensa británica no sabe muy bien qué significan términos como “Chawly-wist”, “clodgy”, “giltcup”, “reddick”, “un-gurrel” y “puxy”. Junto a colaboradores habituales como Flood y John Parish, PJ Harvey produce un álbum de vocación agreste, música empecinada en otro tiempo, entre rústica, ancestral y cósmica. Una canción como August resuena mecanizada y envuelta de acordes borrosos. El corte previo que da nombre a la obra, es como una versión limpia de la misma idea con un relato más expresivo y armónico. A veces hay algo parecido a una pieza más formal como Seem an I, aún así una arquitectura por capas poco ortodoxa. Lwonesome tonight, de exquisita mezcla, pellizca versos de Love me tender de Elvis, mientras la voz de PJ Harvey arrulla celestial. Como si se tratara de un director de críptico imaginario y estética, la artista británica disfruta ese punto de maestría en que su música se vuelve cinematográfica y sensorial.

Charlie Watts - Anthology

Fuera de The Rolling Stones, Charlie Watts daba curso al baterista de jazz que había dejado en puntos suspensivos por unirse a ellos. En una vida paralela a las giras planetarias, tocó en vivo y grabó discos de aquel género que le embelesaba desde niño mediante una colección de acetatos de 78 rpm, una música centenaria antes de la amplificación, retrato de las urbes y su ajetreo en un escenario de cemento y neón. Esta antología de 27 temas expone su amor por el jazz en distintas épocas. Los tres últimos cortes, por ejemplo, corresponden a una tocata de 1978. Se suma un show de 1986 -Live at Fulham town hall-, otro de 1991 en Birmingham, y selecciones de discos solistas. Al igual que en el rock, el sello de Charlie Watts es servir a la composición. Lo que le faltaba en técnica y despliegue algebraico propio de las complejidades del jazz, era compensado con un sentido recio del tiempo y pases algo atolondrados, sin perder la cuadratura. Rítmicamente, era un ancla.

Los desvíos de este compilado son más llamativos que logrados, en particular los cortes del Charlie Watts Jim Keltner project, que coquetea con la electrónica y el homenaje a grandes bateristas sin mucha inspiración.

Godflesh - Purge

Godflesh, coterráneos de Black Sabbath y Duran Duran, es de esas bandas que la élite del metal industrial cita como fundamentales. Tras el despido de Jim Martin en Faith No More, Mike Patton quería al cantante, guitarrista y programador Justin Broadrick. Korn les robó unos cuantos trucos con absoluta impunidad, y el nü metal en general con las afinaciones bajas y la brutalidad combinada a la cadencia del hip hop. A su vez el dúo que completa el bajista B.C. Green, siente como una corbata asfixiante las implicancias con el rock más pesado y demencial. Godflesh es simplemente la música que les nace.

Este noveno álbum está marcado por el diagnóstico de autismo y estrés postraumático de Broadrick. Las tres primeras arremeten como un mazazo de riffs monumentales y crujientes, loops y ambiente infernal generalizado. “Traiciona tu fama, desprecia tu vergüenza”, vocifera en Nero. “Controlar, dividir, esclavizar, destruir”, repite en Land Lord. “Véndeme, comérciame, cosifícame, encadéname”, en Army of non. Hacia el final el ánimo muta en desolación. Los gritos ceden en The Father -”Fallas, imperfecciones, evolución”-, canta Broadrick con voz resignada. Purge es una dura terapia entre la batalla y la desesperación.

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