Por Gonzalo ValdiviaÁlex de la Iglesia filma sátira en Chile: “Es un lugar lleno de contradicciones, y eso es precioso”
El reconocido cineasta español prepara El Malentendido, una comedia coral sobre la guerra que contará con Benjamín Vicuña en el rol de un embajador que enloquece. Esta semana, en medio de una visita abocada a recorrer diferentes locaciones de la Región Metropolitana, habló en exclusiva con Culto sobre la inspiraciones detrás de la película y los motivos que lo impulsaron a fijarse en nuestro país para materializar uno de los proyectos más ambiciosos de su carrera. “Esta es la primera de muchas colaboraciones”, afirma.

Apenas unas horas después de aterrizar en Santiago, Álex de la Iglesia (Bilbao, 1965) se entretiene tomando fotografías durante su recorrido por el Club Hípico y compartiendo ideas con los integrantes de su equipo. Inquieto, el director de El día de la bestia (1995) empieza a visualizar movimientos de cámara y las acciones de los protagonistas de su siguiente largometraje, el que llevará por título El malentendido.
“¿Este sitio dónde está?”, pregunta luego de confirmar que los salones del edificio diseñado por el arquitecto Josué Smith Solar poseen gran potencial cinematográfico. “Parece un sitio del sur de Francia, pero de pronto te fijas y hay cosas como alemanas. Es muy bonito”, agrega en entrevista con Culto.

Esa imagen, la de una construcción que remite a otros lugares y a la vez a ninguno, se presta bien para el mundo de ficción que imaginó en la película que comenzará a filmar en los próximos meses en España (octubre) y Chile (noviembre). Basada en un concepto que creó años atrás –y que hasta ahora le parecía “imposible” de materializar–, El malentendido es una comedia de guerra que narra los enredos en torno al conflicto bélico entre dos potencias europeas inventadas. Tendrá el característico sentido del humor del autor de Muertos de risa (1999) y La comunidad (2000), por lo que será una sátira con todas las de la ley.
“La comedia tiene que ser sátira, si no, queda floja”, afirma sentado en una banca del emblemático centro ecuestre de la capital. Es la primera de varias paradas de una itinerario que en los días posteriores lo llevaría al Parque de los Gasómetros, al Club de la Unión y a la cuesta Chacabuco, al límite de la Región Metropolitana. En su búsqueda de contar con apoyos institucionales para el rodaje del proyecto, terminó la semana en una reunión con Claudio Orrego, gobernador de la Región Metropolitana.
Con Pokeepsie Films, la productora que creó en 2009, el realizador ya tenía decidido filmar parte de su nueva cinta fuera de su país. Cuando esa definición aún estaba abierta, hace cerca de un año, analizó la propuesta del productor y actor nacional Pablo Díaz. Ambos se conocieron en México en la edición 2024 del Festival de Guadalajara y se reencontraron en Santiago en 2025 en el marco de Sanfic, donde De la Iglesia recibió un homenaje a su trayectoria y Río Fundación lo invitó a dar una clase magistral.

“Estamos más sincronizados de lo normal –destaca el director de Crimen ferpecto (2004)–. Él acaba de terminar de dirigir una película y yo también, por lo que estamos bastante en sintonía. Y él tiene una energía y una fuerza que en estos tiempos sexagenarios que estoy viviendo me vienen muy bien”.
En tanto, Díaz emplea una metáfora culinaria para hablar de las implicancias de su colaboración. “Es un honor invitar al mejor chef del mundo a cocinar en nuestra casa. Me crié viendo sus películas y aluciné con lo visceral y satírico que es. Eso está muy presente en esta película”, sostiene el fundador de Río Estudios.
Ambos enfatizan que El malentendido es una producción de gran envergadura, donde habrá desde ambiciosas escenas en el campo de batalla hasta secuencias de absoluto caos político. Esa escala también se manifestará en el elenco, que contará con actores españoles, argentinos y chilenos. Uno de los roles recaerá en Benjamín Vicuña, con quien De la Iglesia acaba de coincidir en Argentina dando vida a Felicidades, cinta que llegará próximamente a Netflix. Otros nombres confirmados son Alberto San Juan, Antonio Resines, Pepón Nieto, Carlos Areces y Gorka Otxoa.
Escrito por Eugenio Lasarte y Álex de la Iglesia, el filme imagina la disputa entre Litovenia y Stalovaquia. Tras años en un estado de preguerra, ambos países entran en pugna cuando se tergiversa un comentario en la Asamblea de Naciones y la tensión se dispara. Según su sinopsis oficial, el largometraje “busca la carcajada de los hermanos Marx, mezclada con la angustia existencial de una película bélica”.

El realizador también reconoce una fuerte inspiración de Stanley Kubrick. “Paths of glory, que en España se llama Senderos de gloria, está muy presente, hay referencias directas. No quiero destriparla antes, pero la hemos visto diez veces”.
Luego sale de ese tema y vuelve a centrar su atención en los paisajes que le ofrece Chile, que destaca por su eclecticismo y describe como un “plató de cine”. Sobre su sociedad con Pablo Díaz, promete: “Esta es la primera de muchas colaboraciones”.
-A lo largo de su carrera ha abordado la guerra sólo una vez, en Balada triste de trompeta (2010). El malentendido suena como una película más frontal. ¿Lo piensa de ese modo?
Es más frontal, pero también más cínica, más loca. Mientras Balada era un drama, esta es claramente una comedia. Estos son dos países imaginarios, no existen, y hay un montón de personajes disparatados luchando entre sí. La película se llama El malentendido porque todo lo que ocurre es un error, es un accidente, todo sale mal. La guerra empieza por accidente y termina por accidente. Nadie sabe bien lo que pasa. Los dirigentes tienen graves problemas cognoscitivos a la hora de intentar pensar una solución. Todos están comidos por la envidia, el caos, la soberbia desmedida. Vamos, todo es ficción, como podrás comprobar.
-¿Hasta qué punto los acontecimientos recientes del mundo lo motivaron a finalmente decidir filmar este guión?
Yo creo que la pasión por la guerra y por demostrar que lo tuyo es mejor que lo del vecino es constante en la historia, no es una cosa que se nos haya ocurrido ahora. Pero ahora particularmente la película tiene mucho sentido porque eso está exacerbado. Yo creo que vivimos un momento de tensión política delirante, que parecería broma en otra época. Entonces nosotros tenemos que hacer una broma sobre una broma. Nuestra película va a ser más amable que la realidad. Es una película en la que la gente va a poder disfrutar de los locos que están los líderes del mundo y al mismo tiempo descubrir la importancia que tiene pararlos a tiempo.

-¿Cuán coral será la historia?
Es muy coral. Son muchísimos personajes en muchísimas situaciones. Por un lado, están los altos mandos; por otro lado, está la gente de las trincheras. Se desarrolla a principios de siglo y los trajes recuerdan a los de la Primera Guerra Mundial. ¿Por qué? Porque son los más ridículos que ha habido. La cantidad de medallas, de pompa y boato a la hora de celebrar una victoria o un fracaso eran enormes. Yo creo que en la Primera Guerra Mundial es donde hemos llegado a cotas de ridículo más grandes. Siempre he imaginado que tendría que haber alguien recogiendo medallas porque se te caerían cada vez que dieras la mano.
-Hay personas que sienten pasión por el estudio de la guerra. ¿Eso le ocurre?
Me gustan mucho los disfraces, por lo que me encanta hacer una película de gente disfrazada. Pero, por otro lado, también tiene algo fascinante generar estos dos países imaginarios, una cultura distinta. Estamos disfrutando mucho en Chile porque yo veo estos interiores y digo: claramente no es España, claramente no es Francia, claramente no es Alemania. Tiene algo diferente, y eso es lo que me resulta muy atractivo porque de pronto dices: va a parecer que nos lo hemos inventado. Será muy bonito rodar los interiores en España y los exteriores en Chile. La trinchera, por ejemplo, la vamos a hacer aquí.

-¿Cuál es el motivo principal de esa decisión?
El terreno es totalmente diferente al que podría haber en Francia o en Alemania. Es un terreno que parece, por un lado, desértico y, por otro lado, verde. Chile es un lugar misterioso, es un lugar lleno de contradicciones, y eso es precioso. Viene muy bien a la historia.
-Ya trabajó con Benjamín Vicuña en otra película. ¿Qué destaca de esa experiencia juntos?
Es un tipo tremendamente fino. Recuerdo que en un principio (en Felicidades) me asustó, porque pensé que se estaba implicando demasiado y me iba a volver loco. Y luego fue todo lo contrario. Fue una diversión estar con él. Propone, se involucra, se le ocurren mil cosas. Consigue hacer que una secuencia en la que solamente miraba o reaccionaba a lo que hacían los demás, de pronto tenga un ritmo interior precioso. Enriquece los planos, es muy bueno, es muy gracioso. Y al mismo tiempo dota de un carácter humano a los personajes y los hace reales. Él (en El malentendido) hace de una especie de embajador que es culpable de absolutamente todo lo que pasa en la película y se vuelve loco. Intenta remediarlo y cuanto más lo intenta remediar, más desastroso es todo.

-¿La película estará hablado en español? ¿Intentará neutralizar los acentos?
Sí, pero además sin ningún tipo de justificación. No me importa que haya acentos, no me importa que haya actores chilenos o argentinos con acentos. Si Benjamín tiene acento, bienvenida sea. La película no tiene ningún rigor histórico, todo está inventado, entonces, ¿qué más da cómo hable la gente? Ten el acento que quieras y haz lo que quieras. Lo importante es lo que pasa.
-¿Está de acuerdo en que realizar el rodaje de una película tan compleja entre dos continentes vuelve la tarea más desafiante?
Claro. Cuanto más desafiante, más divertido. Yo llamo diversión a esfuerzo, llamo diversión a problemas. Para mí el infierno es quedarte en tu oficina mirando al teléfono. Eso es la angustia. Pero cuando ya tienes un proyecto que funciona y gente como Pablo para sacarlo adelante, pues todo es felicidad. Cuanto más problemas, más divertido.
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