Por Pablo Retamal N.Carlos Droguett y el retorno de su legado: abren archivo patrimonial con sus manuscritos y textos inéditos
A treinta años de su fallecimiento en Berna y tras un paciente esfuerzo de conservación familiar, la obra y los archivos personales del autor de Los asesinados del Seguro Obrero vuelven a estar disponibles para investigadores y lectores, a través de la UDP. Aquí lo revisamos.

Tras el golpe de 1973, Carlos Droguett optó por el exilio. El escritor ya era una figura consular de la literatura chilena, amén de libros como su brillante crónica Los asesinados del Seguro Obrero (1939), o la novelas Eloy (1960) o El compadre (1967). De hecho, había recibido el Premio Nacional de Literatura en 1970. Pero a partir de 1976, Droguett se radicó en Suiza.
Pero si la helada Berna fue el fin de su vida en Chile, no lo sería para su literatura pues se mantuvo escribiendo hasta sus últimos días. Con el tiempo, sus manuscritos fueron creciendo y poco antes de su muerte pudo disponer que se resguardaran en un archivo. Así lo recuerda a Culto su nieta, Rebeca Droguett. “Durante todo el tiempo que estuvo exiliado en Suiza, Carlos Droguett, mi abuelo, nunca dejó de escribir, por lo que el archivo familiar no hizo más que crecer exponencialmente. Fue precisamente en esa época cuando, tras ser invitado a dictar una conferencia en la Universidad de La Sorbonne en París, conoció al profesor Alain Sicard, de la Universidad de Poitiers, destacado especialista en literatura latinoamericana. El académico le propuso formalmente la creación del Fondo Carlos Droguett en dicha universidad francesa, un proyecto que se concretó finalmente en junio de 1996. Una vez firmado el acuerdo y al regresar a Suiza, mi abuelo nos dijo: ‘Ahora me puedo morir tranquilo’. Falleció apenas un mes después”.
Al expirar el 30 de julio de 1996, parte de los documentos y papeles del escritor quedaron en ese fondo en Francia. Pero, paulatinamente, la familia trajo otra parte de ese acervo a Chile. “Tras su fallecimiento, la familia asumió la labor de organizar, clasificar y catalogar la totalidad de sus documentos, coordinando además los envíos del material comprometido con la Universidad de Poitiers, mientras que el resto del material fue principalmente guardado en casa de mi papá, en Suiza, y en cada viaje que realizábamos entres Suiza y Chile traíamos algunas cosa de mi abuelo a Chile”.

De esta manera, en nuestro país se fue generando un archivo con los materiales del autor y surgió la interrogante natural, ¿qué hacer con todo ese conjunto? La familia vio en la Universidad Diego Portales (UDP) una oportunidad de resguardo. “El contacto con la UDP, tras años de una relación editorial que ya había permitido publicar algunas de sus obras fundamentales, fue muy natural. El año pasado conversamos con Felipe Gana, editor de Ediciones UDP, sobre la idea de traer de vuelta a Chile la enorme cantidad de material y documentos de mi abuelo que conservábamos a nivel familiar. Él nos puso en contacto con Alejandro Martínez, director del Archivo de la UDP, y el resto del proceso fluyó de excelente manera”.
Así, la casa de estudios privada acaba de crear el Archivo Carlos Droguett. Un fondo compuesto por 11 cajas de conservación que reúnen 430 documentos en papel, 680 fotografías, 17 cintas de audio y video, cerca de 300 negativos fotográficos y diversos manuscritos inéditos del célebre escritor. “Creemos firmemente que la creación de este archivo no solo asegurará la adecuada salvaguardia de su legado patrimonial, sino que abrirá la puerta para que su obra sea estudiada, leída y valorada con la profundidad que merece en Chile”, añade Rebeca Droguett.
Este archivo está en línea con el trabajo de resguardo que la UDP ha realizado con los archivos de otros escritores chilenos, como Jorge Edwards, Nicanor Parra, Enrique Lihn, Rodrigo Lira, Claudia Donoso, Malú Urriola, Soledad Bianchi, Carla Cordua, Roberto Torretti y otros. “Nos interesaba especialmente que Droguett regresara al país, material y simbólicamente, a través de su archivo -señala Alejandro Martínez, Director General de Estudios Generales, Archivos y Cultura de la UDP y Doctor en Estudios Latinoamericanos por Princeton-. Ese regreso tiene además una relación muy natural con el trabajo que la Universidad Diego Portales ha realizado en torno a su obra. Ediciones UDP ha contribuido de manera importante a su recuperación editorial mediante la reedición de varios de sus libros y la publicación de La rabia y el augurio, el ensayo biográfico de Álvaro Bisama sobre Droguett. La incorporación del archivo permite prolongar ese trabajo desde la investigación y poner a disposición nuevos materiales para abordar su escritura literaria y su trayectoria intelectual”.

Para la familia, de alguna manera este archivo pone el nombre de Carlos Droguett en la dimensión que le corresponde. Cuenta Rebeca Droguett que los materiales disponibles son los que la familia alcanzó a salvar de los años de Suiza y aquello que el mismo autor se había llevado de Chile, pues la mayoría de los papeles que se encontraban en la casa de Santiago desaparecieron. “Es importante recordar que durante los años de dictadura y exilio, su obra fue sistemáticamente invisibilizada en Chile. Incluso, la casa familiar fue allanada en Santiago, lo que implicó la lamentable pérdida y robo de valiosos manuscritos de sus primeras obras. Asimismo, en ese operativo desapareció una nutrida correspondencia que mantenía con destacadas figuras de las letras europeas e hispanoamericanas, como Francis de Miomandre, Camilo José Cela, Julio Cortázar, Manuel Mujica Láinez, Roberto Fernández Retamar y María Esther de Miguel, entre otros”.
“Curiosamente, tiempo después, algunos de estos materiales aparecieron custodiados en la Biblioteca Nacional. Hemos acudido en diversas ocasiones para esclarecer el origen y la vía por la cual ingresaron a dicha institución, y hemos exigido formalmente su restitución a la familia, pero hasta el día de hoy no hemos recibido una respuesta satisfactoria”.

Zoom al archivo
El archivo permite reconstruir tanto la trayectoria literaria como aspectos de la vida personal e intelectual de autor de Eloy. Martínez destaca parte de esos materiales. “Entre los materiales que he revisado, me llamó mucho la atención un conjunto de 85 fichas manuscritas que Droguett utilizó durante sus primeros años en Suiza. Estas fichas contienen palabras y expresiones cotidianas en francés y alemán, escritas como ejercicio de aprendizaje y memorización. Son objetos muy simples, pero adquieren otro sentido cuando pensamos en las circunstancias en que fueron hechos. Droguett había llegado a Suiza en el exilio, después de haber desarrollado prácticamente toda su obra en castellano. De pronto debía aprender las lenguas necesarias para desenvolverse en un país nuevo, comunicarse en el día a día de una manera bastante distinta a su cotidianeidad en Chile.
Lo que más me interesa más de esas fichas es precisamente la ausencia del español. Para un escritor cuya vida había transcurrido en su propia lengua, encontrarse frente a dos idiomas ajenos debió alterar de manera profunda su relación cotidiana con el lenguaje. Las fichas permiten observar esa experiencia en una escala íntima, pues allí aparece un sujeto que necesita volver a aprender cómo nombrar las cosas para poder participar de la vida que lo rodea. Es decir, estas tarjetas pueden leerse como una nueva infancia de un escritor”.
“Por eso me interesa pensar este material también desde cierta experiencia de despersonalización propia del exilio. No porque las fichas permitan afirmar por sí solas cómo vivió Droguett ese proceso, sino porque plantean una pregunta muy concreta. ¿Qué ocurre con un escritor cuando la lengua en la que ha construido su obra deja de coincidir con las lenguas de su vida cotidiana? En esas pequeñas tarjetas, la experiencia política del exilio aparece inscrita en algo tan elemental, pero a la vez complejo, como enfrentarse con los inicios del lenguaje verbal”.

En el archivo también hay correspondencia que Droguett mantuvo con otras personalidades. “En este momento, el equipo de Archivos UDP está trabajando en la descripción detallada de cada una de las cartas, para que podamos conocer con mayor precisión su contexto y los asuntos que abordan. Por eso, todavía sería prematuro hacer una lectura general de la correspondencia -señala Martínez-. Por ahora destacaría la amplitud de los interlocutores que aparecen en el archivo. Encontramos correspondencia con escritores como Julio Cortázar, Camilo José Cela, Francisco Coloane y Antonio Avaria”.
“También hay cartas vinculadas a la familia de Droguett y a distintos momentos de su vida entre Chile y Europa. El conjunto permite comenzar a reconstruir las relaciones que acompañaron su trayectoria intelectual, especialmente desde el exilio. A medida que avancemos en la descripción, podremos comprender mejor cada intercambio y las circunstancias en que esas cartas fueron escritas. Nuestro trabajo, en ese sentido, pone la investigación en el centro, con el fin también de ofrecerle a quienes consulten nuestros fondos la mayor precisión contextual posible de nuestros conjuntos documentales”.
Entre esa correspondencia familiar, Rebeca Droguett destaca la que el escritor mantuvo con su esposa, quien era un pilar fundamental para él. “En lo íntimo, vivía en una simbiosis absoluta con mi abuela, Isabel, quien era su principal lectora, confidente y primera crítica. Conservamos cartas de los períodos en que debían separarse por viajes, en las que se aprecia la profunda dependencia afectiva que tenían y cómo el uno extrañaba la presencia del otro”.
“La dinámica familiar incluía una participación muy activa en la lectura y crítica de sus manuscritos, sugerencias que él escuchaba y aceptaba sin ningún ego. Un claro ejemplo, fue la eliminación del capítulo inicial de su novela El hombre que había olvidado, sugerida por su hijo Marcelo (un capítulo que, trágicamente, formaba parte de las hojas perdidas en el allanamiento). Era un hombre esencialmente hogareño. Recuerdo con mucho cariño los relatos de las tradicionales sobremesas de los domingos, donde se debatía apasionadamente de literatura, arte, historia y religión. Incluso durante el exilio en Suiza se mantenía al tanto de la escena nacional: a propósito del fenómeno editorial de La casa de los espíritus de Isabel Allende, comentó con lucidez: ‘Esta niña tuvo un acierto’, agregando luego: ‘Es muy bueno que una escritora chilena alcance semejante éxito internacional’”.

El archivo también contiene material literario inédito, así lo cuenta Martínez: “Hay de todo. Por ejemplo, un conjunto de relatos inéditos, titulados Si yo no hubiera muerto, Se incendia un profesor, Una mujer iba encaneciendo por la calle, El estudiante nocturno, Voy a Valparaíso en el invierno, Capítulo siguiente y Visita al tuberculoso. Tenemos de todas formas que seguir revisando y comparando con las obras publicadas de Droguett para poder dar un detalle más exacto. Los planes a futuro dependerán, por supuesto, de las decisiones de sus herederos, y contarán con nuestro apoyo en lo que se requiera”.
En estos momentos, el Archivo Carlos Droguett se encuentra disponible para consulta presencial en la Biblioteca Nicanor Parra, previa cita, y su catálogo puede revisarse online en la plataforma ARAU. Además, en línea con este hito, Ediciones UDP ha reeditado la fundamental novela Eloy.
“Como todos nuestros fondos y colecciones son de acceso público y presencial a investigadores y estudiantes nacionales e internacionales -dice Martínez-. En lo que va de 2026 más de 300 académicos y estudiantes han pasado por nuestros espacios, entre ellos más de 40 investigadores internacionales; destacaría que entre lo más visitado están el Archivo Presidente Ricardo Lagos, el Fondo Diario LA Nación, el Fondo de Soledad Bianchi y su correspondencia con Roberto Bolaño, el Fondo Nicanor Parra, y recientemente el Fondo Malú Urriola. Asimismo, progresivamente iremos digitalizando materiales, que estarán disponibles en nuestra plataforma, de acuerdo también con lo que vayamos conversando con la familia Droguett”.
Para Rebeca Droguett, que el archivo quede disponible en formato presencial y digital tiene un gran valor. “Frente a la inmediatez de la era digital, los manuscritos conservan un valor y patrimonial insustituible. Tener acceso al papel original permite visualizar la vida de la escritura: ver los tachones, las anotaciones al margen, la evolución de las ideas y la caligrafía de mi abuelo es una experiencia reveladora e insustituible para comprender su proceso creativo. Por supuesto, no vemos la tecnología como una rival: el formato digital es un aliado extraordinario para la democratización y difusión masiva de su obra, pero el documento físico sigue siendo la huella viva e irremplazable de la historia”.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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