Culto

Robert Duvall, o el “Consigliere” Tom Hagen que alcanzó la gloria limpiando la ropa sucia de los Corleone en El Padrino

Acaso el papel más icónico de su carrera, Robert Duvall siempre habló del legado de Tom Hagen en entrevistas. Habló de su escena favorita junto a Brando y las curiosas tácticas que usó junto a James Caan para relajar el ambiente en el set de la mayor epopeya del siglo XX.

Hasta inicios de los 70, el recién fallecido Robert Duvall era un buen actor que había hecho su debut como Boo Radley en la aclamada cinta Matar a un ruiseñor, adaptación del clásico de Harper Lee. Ello le dio la oportunidad de tomar algunos roles que le dieron un nombre, pero en 1972 vio su salto al estrellato gracias a un proyecto colosal de Francis Ford Coppola.

Se trataba de la adaptación de otra novela al cine, esta vez, El padrino de Mario Puzo. En el filme, tanto en la primera parte (1972) como en la segunda (1974) interpretó al elegante y compuesto abogado Tom Hagen, el consejero (Il Consigliere) de la familia e hijo adoptivo del patriarca. En el primero de los filmes hace de orejero de Don Vito Corleone (Marlon Brando), y luego, de Michael Corleone (Al Pacino).

Es él quien no solo daba sus consejos, sino que se encargaba de las tareas más complejas. Algo así como el hombre que lavaba la ropa sucia. Por ejemplo, como reunirse con Jack Woltz (John Marley), el productor de cine para conseguirle un papel a Johnny Fontane (Al Martino) el sobrino del Don Corleone; o cuando en la parte 1 entrega al traidor, Salvatore “Sal” Tessio (Abe Vigoda), para que sea asesinado ante la impotencia de este; o incluso en la parte 2 cuando va a prisión a ver a Frank Pentangeli (Michael V. Gazzo), cuyo testimonio en la Corte podía complicar a los Corleone, y le insinúa que debe suicidarse.

Pese al paso de los años, Duvall seguía recordando con cariño ese rol. Así lo comentó en entrevista con el NYT en 2014: “No (nunca me canso de hablar de El Padrino), tuve la suerte de participar en las dos grandes epopeyas cinematográficas de finales del siglo XX: El Padrino y Paloma Solitaria en televisión, que fue mi parte favorita".

En la misma charla recordó una historia del rodaje: “En El Padrino mostramos mucho el trasero. ¡Qué bien! Recuerdo que yo llevaba a Jimmy Caan [Santino Corleone], y Brando iba caminando por la calle, y Jimmy tiene un trasero pequeño y hombros anchos: ‘¡Saca el culo por la ventanilla y llama a Brando!’. Coppola decía: ‘¡Vamos, chicos, tenemos que ser serios!’. Le gustó, sin embargo, porque relajó el ambiente".

En 2022 también comentó: “Ya tenía una carrera antes, pero después, un poco tarde —soy más bien de desarrollo tardío—, así que ocho o diez años después de El Padrino me van a venir bien para hacer mis propios proyectos, y bueno para mi carrera. Estoy muy contento. He hecho muchas cosas que no eran tan buenas, pero tenía que pagar el alquiler. Ya sabes, tenía que pagar el alquiler. [Risas] Así que a veces hay mucha basura, pero lo opuesto a la basura fue El Padrino . Genial, genial, genial trabajar con Coppola; fantástico".

Y añadió: “Cuando ya habíamos completado un tercio de El Padrino, sin darme cuenta, ya teníamos algo especial. Solo lo sentí dos veces, pero fue muy especial y resultó ser cierto, ¿sabes? Y le gané mucho respeto a Coppola porque tenía que trabajar. Pensamos que quizá lo despedirían por trabajar bajo la presión del estudio, que quizá veía el resultado de la película de forma diferente a la suya. Pero lo hizo como quería. Se mantuvo fiel a sus ideas, y la película resultó ser lo que él quería. Él era el jefe”.

Duvall también tenía muy clara cuál era su escena favorita de las dos películas de El Padrino en que participó. Y esta se encuentra en la primera. “Supongo que al que recurro, obviamente, es cuando le digo a Vito que Sonny ha sido asesinado. Recuerdo esa escena con Brando. Tengo que darle la mala noticia”.

Sobre cómo fue trabajar con Coppola, señaló: “Era fantástico. No era como muchos directores; ‘haz esto, haz aquello’. Se quedaba sentado y se entusiasmaba a ver qué aportabas. Esperaba a ver qué aportabas. Y fue genial trabajar con él. Sabes, simplemente icónico. Era genial. Mantuvimos la relación durante años. En un par de películas que dirigí, me ayudó con la edición; era muy receptivo y muy bueno. Un buen tipo con quien trabajar; quería ver qué harías... Yo lo llamo ‘de la tinta al comportamiento’. Quería ver qué aportabas en cuanto a comportamiento”.

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