Diario Impreso

Jeff Hart: "Yo no soy un Héroe"

<P>Jeff Hart es uno de los mejores perforadores del mundo y un experto en el T-130, el taladro que usó para hacer el hoyo por donde salieron la cápsula Fénix 2 y los 33 mineros atrapados de la San José. Un año después del rescate, desde su casa en Denver, cuenta su historia, cuánto le cambió la vida lo que hizo en Atacama y asegura que él no salvó a nadie: "Los mineros se salvaron solos".</P>

"Nací en el sur de Colorado, en un pueblo llamado Montevista. Mi padre era dueño de un negocio familiar de construcción. También era taladrador de pozos. De él aprendí esto. Debo haber tenido ocho o nueve años la primera vez que lo hice.

Perforar es algo distinto. Para estar en este negocio tienes que ser un tipo que pueda estar alejado mucho tiempo de su familia. Que pueda pensar con los pies en la tierra. Porque este es un rubro en el que puedes verte atascado en cosa de segundos. En 1998 empecé a trabajar para Layne-Christensen. Hoy soy jefe de operaciones.

Una vez, CH2M Hill, una compañía contratista del Ejército norteamericano, se acercó a nuestra empresa. Nos dijeron: 'Ustedes que están acostumbrados a taladrar en áreas muy remotas, ¿cómo armarían un plan para perforar un pozo para conseguir agua para los soldados en Afganistán?'. Les hicimos una propuesta y les contamos cómo lo haríamos. Dos meses después, nos llamaron.

En Afganistán nos quedamos en el Campamento Leatherneck. Llegamos en octubre de 2009. Allá usé un taladro RD-20, que es muy parecido al T-130. Los RD-20 y los T-130 son taladros de los cuales yo estoy a cargo en nuestro equipo. Hay muy poca gente en Estados Unidos, y en el mundo, que tiene experiencia con estas maquinarias. El T-130 es un equipo bastante potente. La diferencia está en la finura. Si sólo tratas de usar su poder, el taladro te resistirá. Te llevará la contra. Y perderás. Para usarlo bien, tienes que saber manejarlo con delicadeza.

Cuando estábamos en Leatherneck, todos los días nos poníamos a leer noticias en internet. En la página de inicio de Yahoo!, justo en la parte más baja de la pantalla, decía que una mina había colapsado en Chile. Que no había certeza de que los trabajadores sobrevivirían.

Cuando llevaban 13 ó 14 días, nosotros discutíamos que las posibilidades de que estuvieran vivos eran muy bajas. De que, a esas alturas, parecía que tendrían que organizar una misión de recuperación de cuerpos en vez de una misión de rescate. Obviamente, cuando los encontraron, en el día 17, nosotros dijimos ¡mierda! Qué locura.

No teníamos idea de cómo lo estaban organizando en Chile, pero nos preguntábamos si sería posible lograr un rescate a través de una cápsula. Entonces supimos que apareció este taladro, el Strata 950, que es bien grande, y decían que podían sacarlos para Navidad. Nosotros somos tipos de una naturaleza muy competitiva. Entonces, ya sabes, empezamos a decir que los podríamos sacar antes de Navidad. Que los tipos allá no tenían idea de lo que estaban haciendo. Nosotros ya visualizábamos cómo lo haríamos. Existía un hoyo. Había que taladrar por ahí mismo y expandir su diámetro. Pero sólo éramos tipos hablando. Y era fácil hablar. Estábamos a 16.000 kilómetros de distancia.

Entonces vino la llamada. Fue el 1 de septiembre.

Era el presidente de nuestra división de aguas. Me preguntó si habíamos seguido el rescate de los mineros chilenos. Le dije que sí. Y él me dice: 'Bueno, tienes que armar un equipo, pues tengo que mandarte allá lo más rápido que pueda'.

Yo pensé que estaba bromeando. Pero no. El próximo vuelo que salía de Leatherneck a Dubái era en cinco días. Yo tenía que estar allí con mi equipo.

Tengo esposa y dos hijos. Se suponía que tenía que haber regresado en junio a Colorado. Pero tuve que llamar a mi mujer para decirle que estábamos teniendo unos inconvenientes con un proyecto en Canadá, que aún no comenzaba. Y yo tenía que arreglarlo. Ella me dijo: "Dale. Haz lo que tengas que hacer". Ya llevaba un año fuera de casa. Y durante junio y julio tuve que trabajar en Canadá. En agosto retorné a Leatherneck y en septiembre se suponía que volvía a Colorado.

Dos días antes de regresar, recibí esa llamada. Tuve que explicarle a mi esposa que necesitaban mi ayuda en Chile para rescatar a los mineros. Me preguntó si la estaba jodiendo. Le dije que no. Me preguntó: "De todas las personas del mundo, ¿te llamaron a ti?". Le contesté que sí. Ahí me dijo que tenía que ir.

A Copiapó llegamos el 8 de septiembre. Ese mismo día, como a la 1 de la tarde, fui a la mina. Se sentía muy raro. Todo lo que había visto en internet, todas las fotos, ahora eran realidad. Era como caminar por un cementerio y pasar por arriba de las lápidas.

Nuestros turnos eran de 8.00 a 20.00. Al final, pasábamos como 14 horas al día en la mina. Y a eso tenías que sumarle manejar de vuelta a Bahía Inglesa. No dormíamos mucho. Por eso, decidimos alojar en unos camarotes, dentro de un contenedor, que tenían instalado ahí. Eran dos horas más de sueño.

Todos los días pasaba un par de horas con Laurence Golborne. Mi relación con él funcionó muy bien. Se acercaba a la plataforma donde teníamos el T-130 y nos hacía todo tipo de preguntas. Trataba de entender lo que yo estaba pensando. Para él yo no era solamente un taladrador, sino un buen punto de contacto para obtener información. Nos hicimos buenos amigos. Aún mantenemos contacto. Con André Sougarret, en cambio, no hablé mucho. Trataba de incluirme en cualquier reunión donde se discutiera algo técnico. Pero eso sería.

El 9 de octubre llevaba trabajando 48 horas seguidas. Ese día rompimos a las 8 de la mañana. En ese punto, sólo quería salir de ahí. Mi trabajo ya estaba hecho. Golborne llegó y me dio un gran abrazo. Me dijo: 'Ven conmigo'. Yo le dije: 'Hicimos el hoyo, ahora hay que encamisarlo'. Y él me dijo que 'no, necesito que vengas conmigo'. Yo le dije: 'Mira, prefiero terminar esto antes de ir allá. Estoy cansado'. Pero Laurence le había dicho a Jim Stefanic, gerente de Operaciones de Geotec, que buscara a alguien que me reemplazara para llevarme. Y lo hizo. Subí al escenario donde las autoridades se dirigían a la prensa y Laurence dice: 'Nada de esto hubiera pasado si no fuera por Jeff Hart, de Denver, Colorado'. Ese ha sido el día más emocional que he tenido desde que mi madre murió.

Golborne nos había pedido que nos quedáramos en Chile hasta que el último minero saliera, por si había algún problema. Pero antes habíamos hablado de que queríamos irnos. Entonces me fui a Santiago.

Reservé una pieza en el Marriot. La gente del hotel se enteró de quién era y me subió a una suite enorme. Cuando recién llegué pensaba que ahí podría dormir y descansar. Pero eran las 4.30 A.M. del 13 de octubre y seguía mirando la transmisión. Vi todo el rescate. Cuando salió el último minero, yo estaba comiendo con unos tipos de Geotec. Sólo ahí dije misión cumplida.

Al día siguiente me llamó el mismo tipo que me avisó que iría a Chile. Me dijo: '¿Qué vas a hacer el próximo jueves?'. Le respondí: 'Creo que regreso a Afganistán'. Y él me contestó: 'Mira, eso no va a funcionar, porque el Presidente de los EE.UU. ha solicitado tu presencia en la Casa Blanca'.

Una cosa es conocer al Presidente de EE.UU y otra es ser invitado a ingresar al Salón Oval. Barack Obama se acercó a mí y me saludó personalmente. Me hizo varias preguntas acerca de mi labor específica durante el rescate. Me felicitó por el trabajo hecho. Después, en Colorado, el equipo de fútbol americano Denver Broncos me invitó a la inauguración de la temporada y nos presentó a los asistentes. Fue cómico y extraño ver nuestras imágenes en las pantallas gigantes.

Después de Atacama volví por 10 días a Estados Unidos, descansé un poco y estuve con mi familia. Luego, regresé a Afganistán. A Estados Unidos volví hace dos meses y ahora estoy desarrollando algunos proyectos en Canadá. También espero viajar en los próximos meses a Perú.

Desde el rescate hemos dado varias conferencias. Sobre todo para educar respecto de la actividad y la seguridad minera. Creo que el 'efecto mineros' aún no se agota. Ha pasado casi un año y aún puedo hacer una presentación sobre mi trabajo y siempre hay gente llorando entre el público. Mantengo contacto por e-mail y Facebook con algunos mineros. Cuando estuve hace poco en Chile, invitado por Geotec, fuimos a cenar con Mario Sepúlveda, Juan Illanes y el ministro Golborne.

De lo que hice allá mantengo un libro de recortes con todos los artículos que me han hecho. Creo que conseguimos más proyectos por el trabajo que hicimos en Chile. Pero aún tengo que ir a trabajar todos los días. Y, la verdad, no fue difícil volver a mi rutina. O tomar trabajos que no involucraran tanta urgencia y adrenalina.

El rescate de los mineros ha sido, sin duda, uno de los trabajos más notables que he realizado. Pero, honestamente, siento que no soy un héroe. Yo no hice nada heroico allá. Simplemente, lo que me pagaron por hacer.

Porque al final, lo importante es esto: los mineros se salvaron solos. Yo no le salvé la vida a nadie".

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