Archivo de Chomsky

Un espacio para recordar a las grandes figuras del fútbol chileno que engalanaron las canchas de nuestro país.

Chomsky

Aurelio Vásquez, el Toscano

Autor: La Tercera


Después de tres años de combatir una compleja enfermedad (síndrome de Berger), hace poco fue dado de alta y ahora solo debe someterse a controles de rutina. Como secuela, perdió la audición: “Aunque hay días que escucho bien”, señala Aurelio Enrique Vásquez Valenzuela, quien nació el 21 de noviembre de 1942 en Santiago (cumplió 75 años). Medía 1,72 metros y pesaba 68 kilos.
Hábil en la finta y el dribbling se inició en el club Thunder, de Quinta Normal. De Fatucén, de Puente Alto, pasó a Audax Italiano (1961 a 1965). “Siendo diestro, siempre jugué en la izquierda, porque me gustaba enganchar hacia el centro. En ese tiempo no se usaba que un derecho actuara en la izquierda y menos que un zurdo lo hiciera en la derecha”, dice Toscano en su casa de El Salto, donde se ocupa de un pequeño huerto.

¿Por qué Toscano? “Por el arquero Toscanito, de la película ‘Pelota de trapo’, que fuimos a ver con Valentín Beperet, amigo y jugador de Unión Española”.

Vásquez era hincha de Unión Española y recita de memoria la formación del equipo campeón 1951: “El Nano Fernández; el Perro Azares, Isaac Fernández y el Gaita Beperet; Ibáñez y Carlos Rodolfo Rojas; Ríos, Carmona, Lorca, Cremaschi y Pedro Hugo López”.

Su debut en primera división, con el 11 en la espalda, se produjo justo frente a Unión Española: “La delantera de Audax Italiano formó con Luis Vargas, los brasileños Zizinho y Ceninho, Sergio Espinoza y yo (septiembre de 1961)”.

Fue seleccionado nacional con Francisco Hormazábal (1965), jugó en Santiago Wanderers (1966) y Santiago Morning (1967 a 1969). “El Chago bajó a segunda división y en 1970 Carlos Reinoso me iba a llevar a México junto con Leopoldo Vallejos. No pasó nada, al final viajó Aurelio Valenzuela, el 10 de San Luis y de Santiago Morning, que todavía permanece allá”.

Durante cuatro años Vásquez trabajó de conductor en la Vega, jugaba fútbol con los amigos y salió una oferta de Bolivia: “Actuó en los clubes 31 de Octubre e Ingenieros, de Oruro (1974) y en Blooming, de Santa Cruz (1975)”, dice Sonia Loyola, su esposa de hace 53 años.

¿Cuál es su partido inolvidable? “Recuerdo algunos goles. A Universidad de Chile, a Manuel Astorga, rozando el travesaño. La mandé con lienza y llegó justito donde yo pensaba. Sentí el gol y me di una vuelta de carnero de puro gusto (diciembre de 1962). Y a Universidad Católica, a Francisco Fernández, lo busqué, seguí y porfié hasta que metí el puntazo sin ángulo. Poco a poco la pelota fue entrando por el costado opuesto y fue el empate 2-2 en el minuto 90 (enero de 1963)”.

Convirtió un par de goles olímpicos. “Uno a Unión Española (Francisco Nistche) en el Estadio Nacional, uno a Ferrobadminton (Gustavo Piturra) en Santa Laura. Hice otro par, desde lejos y sin ángulo, pero no desde el banderín del córner: uno en Rancagua, uno a Palestino (Juan Carlos Moreno). Por eso mi mamá, Carmen, bautizó Olímpico a nuestro perro. Y en un clásico porteño nocturno, le anoté un gol olímpico a Adison Aguilar (Everton), quien al terminar el partido me dijo: ‘¡Me amargaste la noche, Toscano!’. Aguilar era famoso por sus pullover (suéter) que él mismo tejía”.

¿Un adversario difícil? “En mi época, los laterales pegaban. Todos, todos, todos, menos Luis Eyzaguirre, con quien siempre me fue bien, porque él estaba acostumbrado a que le buscaran la orilla y yo me iba hacia adentro, sobre el Pluto Contreras”.

Una anécdota. “En el Sausalito se lesionó el arquero Omar Aránguiz, de Santiago Wanderers, y me puse al arco. Atajé mucho, hasta que el Negro Escudero me hizo el empate a los 87’, pero en los descuentos ganamos con gol del Clavo Godoy (junio de 1966)”.

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