El gran día de las Rojas

María José Rojas Yanara Aedo Karen Araya

María José Rojas y Karen Araya llegaron al Morning para jugar la Libertadores. Yanara Aedo (al centro) se mantuvo en España.

La selección chilena afronta una fecha histórica: su estreno en una Copa del Mundo. La potente Suecia será la rival. María José Rojas, Yanara Aedo y Karen Araya analizan las sacrificadas trayectorias que las ponen ante el inédito desafío.




Hoy es el día. El plazo se acabó y en el estadio Roazhon, en Rennes, al mediodía de Chile, las Rojas debutarán en una Copa del Mundo femenino; ante las suecas, novenas del ranking FIFA.

María José Rojas (31), Karen Araya (28) y Yanara Aedo (25) constituyen parte de la estructura central de las Rojas. No es cosa de hoy; están ahí desde que asomaron en el fútbol. A poco andar, cada una de ellas se fue integrando a un proceso largo, de un decenio aproximadamente, y que arrojó frutos en la última Copa América, en abril del año pasado en La Serena y Coquimbo, cuando Chile alcanzó el subcampeonato, ubicación que le permitirá disputar un cupo en los Juegos Olímpicos de Tokio y que, lo más importante, le franqueó una inédita clasificación a la Copa del Mundo.

Fue un camino duro para el trío. Lo recordaban a pocos días de partir a Europa, en un miércoles agotador, que revelaba su nuevo estatus, de estrellas casi inopinadas; por la mañana, entrenamiento; poco después del almuerzo, una recepción en la embajada francesa y luego a una pauta comercial, donde las tres, más siete de sus compañeras, como figuras del lanzamiento de la nueva línea de Nike para fútbol femenino.

Rojas ha recorrido medio mundo: salió de Chile, después de los años iniciales en la U, siendo una niña, sin saber una gota de inglés, hacia Estados Unidos, becada en una universidad como futbolista. Ahí aprendió el idioma con cursos intensivos más la inmersión propia de la circunstancia. De paso, estudió Administración de Negocios, cumpliendo de inmediato una de sus metas y aumentando el orgullo de su familia pudahuelina. Luego ha pasado por Alemania, Australia, Lituania, Japón y hoy República Checa, pero ni así pierde la espontánea incredulidad que le produce ser reconocida en las calles tras el éxito en la Copa América. "Fue una sorpresa descubrir que la gente me pidiera fotos en la calle, en el supermercado, donde estuvieras. Al final, tal vez es la consecuencia de jugar al fútbol, porque es lo que amamos. Valió la pena lo que se hizo con tanto amor", dice.

Para Aedo, la historia es relativamente similar. También desde pequeña, el fútbol fue una de sus pasiones, aunque en su caso la compartió con otra: el judo. Tan buena era en la disciplina japonesa que fue campeona nacional escolar, pero la pasión por las gambetas y los goles pudo más que los ippones, los dojos o los tatamis, aunque aún mantiene un resabio en su cuenta de twitter @YanaraJudo. "Participé en una copa Primero de Mayo, llegamos a la final y ahí me eligieron para la selección de inmediato", explica, aludiendo al torneo creado en la administración de Harold Mayne-Nicholls para el balompié femenino infantil, iniciativa que desapareció con Sergio Jadue.

En ese momento, Aedo era una adolescente de 14 años, y dejaba atrás su natal Temuco. "Lo pasé muy mal al principio, obviamente echaba de menos, pero luego logré ambientarme y me quedé". después se integró al omnipotente Colo Colo -que ganó la Copa Libertadores 2012 y ochos torneos nacionales que disputó el club mientras ella estuvo ahí-. Luego, su talento la alejaría más y la llevaría a Estados Unidos y España, donde defendió al Valencia hasta hace unas semanas. Al igual que Rojas, aprendió inglés, ganó en experiencia y en desenvoltura.

La puentealtina Araya, en tanto, ha sido algo más apegada a lo doméstico y decidió partir apenas hace dos años a Brasil; hoy está en el Sevilla, donde brilla a gran altura. "El camino de casi todas nosotras significó un gran esfuerzo también para las familias, con las mamás o los papás acompañándonos a la cancha cuando éramos niñas, con fríos en las mañanas y con todas las carencias que enfrenta el fútbol femenino", explica la volante, que además tiene un hermano seleccionado de futsal.

Las tres cumplen con un factor común: en buena parte de su infancia jugaron al fútbol con y contra niños. En las calles, en las plazas, en los colegios, competitivamente o no. Aunque en el medio nacional la realización de certámenes de equipos mixtos en casi una casualidad, en las potencias como los países nórdicos o en Norteamérica es la norma. "Al principio solo jugaba con mis hermanos y los amigos de mis hermanos", sostiene Araya. Lo mismo afirman Rojas y Aedo. La exValencia lo recuerda en su natal Temuco. "En los recreos, era puro fútbol con mis compañeros", matiza.

Quizás por ello, porque tienen conciencia de que el cambio y la equidad entre hombres y mujeres es posible, continúan las batallas por mejorar las condiciones en Chile. Y ya han ganado varias, aunque la brecha es aún muy ancha.

"Nos gustaría tener la misma igualdad de condiciones. Sabemos que recién se inició una liga con primera y segunda. Lo que encontramos fantástico es que las niñas tengan seguro médico. Claramente hay avances y tenemos que ir valorándolos", dice Araya.

Otra muestra es la negociación por los premios mundialistas, donde lograron obtener el 70% de las sumas que entrega la FIFA a las federaciones participantes en Francia 2019; $ 16 millones por jugadora como piso y $ 85 millones en caso de ganar la Copa. En términos porcentuales, lo mismo que lograron Vidal y compañía por ir a Brasil 2019.

El foco, como corresponde, ya estaba puesto en esos días en lo que sucederá desde hoy en el estadio Roazhon (Rennes, en bretón, la lengua local). Y hay al menos un par de factores para analizar. El primero, que en los períodos de preparación los integrantes del Grupo F han tenido resultados más bien negativos en los amistosos, salvo el caso del tricampeón EE.UU.

"Eso pasó porque muchos de los equipos van rotando formaciones, buscando las fórmulas. Tiene que ver con eso, que hay mucha prueba, mucha jugadora que es necesario que entre en juego. Y eso probablemente les pasó a las chicas de Suecia y Tailandia, y lo mismo a nosotras", explica Araya.

"Vamos tranquilas. Nosotras vemos que hay equipos superiores a priori, pero que tampoco hay que decir 'a este le ganamos' o 'con este perdemos sí o sí'. Todos han clasificado por algo y la mayoría tienen historia en los mundiales. Y no creo que las tailandesas nos miren en menos y digan 'ah, no hay problema, porque las chilenas es primera vez que clasifican'. Deben pensar que por algo clasificamos", agrega.

Así, Araya, Aedo, Rojas inician ante las suecas la compleja tarea de pasar a octavos, meta titánica para un equipo con una ilusión alimentada a golpe de sacrificio.

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