Green Cross: a 60 años de la peor tragedia de la historia del fútbol chileno

Portada de La Tercera de 1961, donde se refleja la tragedia de Green Cross.

El 3 de abril de 1961, el avión que trasladaba a una parte del plantel del equipo de la cruz verde cayó en la ladera nordeste del cerro Lástimas, en el cordón de Los Nevados de Longaví. La historia la terminaron contando los sobrevivientes que, por cosas del destino, abordaron un vuelo distinto para llegar a Santiago.


60 años han pasado desde la tragedia más grave que ha afectado a un equipo chileno. Ese fatídico 3 de abril de 1961, dos días después de haber caído por la cuenta mínima ante la selección de Osorno y de haber quedado eliminado de la Copa Chile, el plantel de Green Cross tuvo que dividirse en dos para volver a Santiago. La fuerte demanda de pasajes producto de la Semana Santa impedía que la delegación saliera unida desde el aeropuerto Pampa Alegre, de la ciudad lechera. Ahí empieza a tejerse el acontecimiento que marcaría la historia del equipo de la cruz patada verde, uno de los ocho fundadores de la liga profesional, en 1933, de la que consiguió un título: en 1945.

Había cupos disponibles en dos vuelos comerciales para que el plantel que dirigía Arnoldo Vásquez regresara a Santiago, la ciudad en la que funcionó hasta su desaparición, en 1965, cuando se traslada a Temuco y se transforma en el Green Cross Temuco. La mayoría optó por el segundo, el DC-3 Nº 210 de LAN, que salía a las 16 horas y que provenía de Castro. La alternativa era uno que pararía en la capital de la Araucanía y Concepción. La razón era práctica y perfectamente atendible: el itinerario contemplaba una detención en Temuco y proyectaba el arribo al aeropuerto Los Cerrillos, en la capital, para las 21.10 horas. Sin embargo, la llegada de la segunda aeronave nunca se produjo. Los ocupantes de la primera alcanzaron a divisarla en el trayecto, pero luego la perdieron de vista. Se había estrellado en la ladera nordeste del cerro Lástimas, en el cordón Los Nevados de Longaví, en la Séptima Región: 24 personas perdieron la vida en el accidente.

Siete de los fallecidos eran jugadores: Manuel Contreras, Dante Coppa, Berthe González, David Hermosilla, José Silva, Alfonso Vega y Eliseo Mouriño. La nómina también incluía al técnico Arnoldo Vásquez, los árbitros Gastón Hormazábal, Roberto Gagliano y Lucio Cornejo, el control de la Asociación Central de Fútbol, Pedro Valenzuela, el representante de la ANFA Luis Medina, el kinesiólogo Mario González, el exdiputado Moisés Ríos y los pasajeros Armando Hita, Guillermo Schade y María y Gabriela Andrade. La lista la completan el piloto Silvio Parodi; el copiloto Carlos Jorquera; el radioperador Evaristo Casanova y el sobrecargo Hernán Etchebarner.

Quienes optaron por ocupar el primer avión, la decisión que terminó salvándoles la vida, se enteraron en la capital del fatal desenlace de la travesía de sus compañeros que habían apostado por un retorno más anticipado. Como si se tratara de una crueldad del destino, la antesala de ambos trayectos había comenzado con una broma que resultó ser fatídica. “Nuestros compañeros que iban en el avión que cayó nos empezaron a decir ‘los ocho sentenciados: Manchester United, Torino y Green Cross’, en alusión a los accidentes aéreos que tuvieron esos clubes. Quién iba imaginar que ellos iban a ser los sentenciados”, decía a La Tercera Santiago García, quien jugaba como lateral derecho en es esa escuadra, en 2015. Temuco, la ciudad que años más tarde acogería la segunda parte de la vida institucional, quedaría registrada, también, como el último lugar en que ese plantel ocupó el mismo suelo. Ambos aviones coincidieron en la losa cuando el siniestrado pasó a cargar combustible. Por eso, cuando un miembro del plantel, ya en Santiago, y ante la tardanza en el arribo de sus compañeros, comentó que “ese avión se tiene que haber caído”, arriesgó una golpiza de sus pares. “Casi le pegamos”, recordaba Custodio Sepúlveda a este medio en 2016.

El fatal final, en cambio, parecía sentenciado. El LAN 210 despegó desde Temuco a las 18.28 horas. A la altura de Los Ángeles, el piloto informaba de chubascos y de la formación de hielo en las alas y en la hélice. A las 19.35, Silvio Parodi solicitó autorización a la torre de control ubicada en Hualpencillo para desviarse hacia la costa. Fue el último contacto. García se enteró de la tragedia cuando ingresó a su turno como linotipista en el diario La Nación. “Desaparecido el avión de Green Cross, no hay sobrevivientes”, consignaba la portada. El avión estuvo desaparecido hasta el 11 de abril. Días más tarde se realizó un funeral, que resultó ser simbólico. Los cuerpos estaban aún en la cordillera y los ataudes se llenaron con piedras.

En febrero de 2015 se produjo la última novedad respecto del accidente. Una expedición de andinistas encontró restos del fuselaje del avión a 3.200 metros de altitud, en la cordillera de Linares, lugar distante del que se había informado inicialmente. “Se conserva gran parte del fuselaje, mucho material esparcido en el lugar e incluso restos óseos”, declaró Leonardo Albornoz, miembro de la expedición. El sitio exacto se mantuvo en reserva para evitar la profanación del sitio y que se transformará, virtualmente, en un destino turístico.

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