Guga Ortiz: "No puedo ser negativo, ya no quiero retroceder"

El rider que se despidió abuptamente de su disciplina, tras un accidente que lo dejó hemipléjico en Canadá, regresó ayer a Chile para continuar con la rehabilitación. Asume que su vida nunca volverá a ser la misma, pero se muestra ansioso por continuar.



La noticia aún parece irreal. El 12 de agosto, mientras Gustavo Ortiz (21 años) competía como todos los años en Cankworx -uno de los festivales de mountain bike más importantes del mundo- un simple tropiezo le cambió la vida de golpe. Una caída de espaldas, a todas luces trivial, terminó lesionándolo en la médula y dejándolo hemipléjico. Una rabieta del destino, que quiso frenar por un tiempo a quien se acostumbró a vivir la vida a fondo, descendiendo de donde fuese sobre su bicicleta.

"Guga tuvo una lesión en su columna y su médula, a nivel de T6, con una sección completa, lo que quiere decir que su médula se cortó completamente", cuenta el argentino Martín Raffo, rider y médico, quien competía junto al penquista en el bikepark de Whistler, en Vancouver. Él fue su guardián durante todo el mes que estuvo en Canadá, por lo que conoce más que nadie el diagnóstico de su camarada. "Además, tuvo una lesión de la duramadre (una capa que recubre el cerebro), por lo que, sin ser dramático en el asunto, Guga tuvo un accidente de muchísima gravedad", explica Ceppi, como le apodan en el circuito.

Pero el penquista parece no complicarse demasiado. Apenas bajó del avión-ambulancia en el hangar de Aerocardal, los aplausos de sus amigos rompieron el silencio que a las 8.30 de la mañana reinaba en Pudahuel. Su padre, Gustavo, corrió a abrazarle y Guga respondió a todos con una sonrisa. Aunque soportó un incómodo viaje de casi 17 horas, su rostro reflejaba tranquilidad; sonreía como siempre, como si en realidad no hubiese pasado nada.

Sus compañeros, quienes viajaron desde Concepción el sábado por la noche para estar junto al múltiple campeón panamericano de downhill, lo alentaron en la llegada. "Desde que nos enteramos del accidente que nos organizamos. Somos una familia y trabajamos todos juntos para sacar adelante esta cruzada, a la que le llamamos Fuerza Guga", comentó David Taylor.

Y de allí, el arribo fue inmediato hacia la clínica Las Condes, donde fue internado para recibir las evaluaciones correspondientes. En el viaje hacia el centro médico, su padre, quien asumió la comunicación constante con los medios de comunicación, no hacía más que responder llamados. "Me han llamado mucho para saber cómo está él", asegura contento. Y no fue para menos. Ayer, uno de los hechos que marco la pauta noticiosa fue precisamente su llegada definitiva al país, después de intensas tratativas entre los gobiernos canadienses y chilenos.

Hasta la propia Presidenta de la República, Michelle Bachelet, se encargó de enviarle un mensaje a través de su cuenta de Twiter: "Nuestro deportista Gustavo Ortiz ya está en Chile para continuar con su rehabilitación. ¡#FuerzaGuga para salir adelante!", tuiteó la mandataria. Fue su única intervención ayer -hasta el cierre de esta edición- en la red social.

Su caso motivó de todo. Incluso surgió la idea de crear una ley que proteja a todos los deportistas que viajan por Chile y el mundo representando al país, evitando que un accidente lastime, además, la economía del atleta o su familia. "Muchos de los deportistas que salen (a competir) lo hacen con el seguro de sus respectivas federaciones, pero no es el caso de todos. Guga, por ejemplo, es de un deporte que no pertenece al Plan Olímpico. Nosotros queremos asegurar que cada deportista, de cualquier orden, salga con un seguro y disminuir las complicaciones en caso de accidentes", aseguró el Ministro del Deporte, Pablo Squella, en la llegada del ciclista a Santiago.

Ya en el centro médico, instalado en su habitación, más tranquilo y rodeado al fin de todos sus seres queridos, Guga Ortiz decidió abordar el último mes de su vida, quizás uno de los más significativos de todos. Es el principio de una nueva vida, la que asume como un desafío en el que rendirse no es opción. Nunca lo fue. Antes de esta entrevista, sus amigos muestran imagenes del Guga niño, fuera de forma y con notable sobrepeso. A eso ya le ganó. Ahora toca una nueva batalla, la que marcará el resto de su vida. Su optimismo es tal que, a los dos días que lo subieron a la silla de ruedas ya estaba haciendo caballitos con ella, tal como lo hacía antes en su bicicleta.

¿Cómo vivió la recepción? ¿Imaginaba que, además de sus padres, el ministro del Deporte y el Canciller lo estarían esperando?

Fue un poco extraña en verdad. Estaban mis familiares, mis amigos, pero también había mucha prensa, muchas cámaras, y las cámaras siempre me han puesto nervioso, jajaja. Fue extraño todo, pero estoy feliz de estar con mi familia y mis amigos al fin.

Su accidente generó muchas reacciones en Chile ¿Mientras estaba en Canadá pudo conectarse y ver eso?

Sí, las últimas dos semanas estuve conectado. Y ahí, claro, vi todos los mensajes de apoyo, las carreras que realizaron y todo lo que se organizó para ayudarme.

Fue mucha gente en verdad.

Sí. Todo eso me llenó de ganas y me motivó a hacer la rehabilitación de la mejor forma posible para volver lo más pronto a Chile.

¿Siempre estuvo pensando en el retorno a Chile?

En realidad pensaba en comenzar rápido con la rehabilitación. Cuando partí con esos trabajos, tuve un par de percances con la duramadre y eso me causaba fuertes dolores de cabeza, pero muy fuertes, tanto que no me dejaban hacer nada. Ahí tuve que parar y comenzar de nuevo, con ejercicios más suaves y sin hacer tanta fuerza. Todo fue de menos a más, otra vez.

¿Y ahora sigue queriendo comenzar de inmediato con la rehabilitación? Su padre dijo que fue lo primero que le preguntó al médico.

Sí, pensé que iba a llegar a hacer rehabilitación de inmediato, pero no. Voy a tener que comenzar como en todos los hospitales del mundo: primero, me tienen que conocer, saber bien mi estado, mi diagnóstico y de ahí empezar a trabajar en lo que venga.

¿Imaginó que a raíz de su accidente, desde la Presidenta hacia abajo, todos estuvieron atentos a su estado de salud?

La verdad es que nunca me lo imaginé, pero tampoco he estado atento sobre quién está en realidad preocupado de mí, ah. Lo agradezco, pero me importa más que mi familia y mis amigos lo estén. Y lo están. Sí reconozco que saber que más gente estaba siguiendo mi estado de salud a nivel nacional e internacional fue un golpe de motivación muy grande para mí.

De hecho, las campañas que buscaron reunir fondos para pagar su estadía en Vancouver fueron un verdadero hito, se juntaron casi 40 mil dólares ($ 24,5 millones, aproximadamente).

Sí. En Colombia, en Argentina, en Canadá y muchos otros países, se reunieron y me dieron una mano para lo que se viene, que es mi rehabilitación y los arreglos que deberemos hacer en mi casa para poder tener una vida lo más normal posible de ahora en adelante.

Su papá dice que usted ya piensa en nuevos proyectos.

Es cierto. Tengo muchas ganas de transmitir todo lo que he aprendido a través de mi bicicleta a otras personas, ojalá a niños menores, pero también a personas que simplemente tengan ganas de aprender. Estoy deseando encontrar una nueva pasión, para así poder llenar el vacío que me dejó la bici.

Usted habla de esto y no se pone triste. A Martín Raffo, el médico y rider que lo acompañó hasta hoy en todo este proceso, lo que más le impresionó de usted fue su positivismo.

Te diré la verdad. En realidad, los primeros días lo único que veía es que si me ponía negativo sólo conseguiría retroceder y yo no quería eso, porque ya estoy muchos pasos atrás. Lo único que me queda es estar bien anímicamente, ser positivo y tirar para adelante; retroceder lo menos posible. Obviamente que a veces hay que retroceder y lo haré, seguro, pero solamente algunas veces.

¿Teme claudicar?

Estoy claro que habrá días en que mentalmente voy a estar decaído, pero esos momentos voy a tener que saber manejarlos. Son pensamientos que siempre estarán allí, pero también siempre debo pensar en que hay que tirar para adelante, siempre seguir. No puedo ser negativo, ya no no quiero retroceder.

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