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Intoxicación, problemas con el auto y a un minuto del podio: la aventura de Lucas del Río, el mejor chileno en el Dakar

El piloto chileno cerró su participación en el Dakar con un histórico cuarto lugar, resultado que lo mantuvo varios días en zona de podio y que despertó el interés de equipos internacionales, abriéndole opciones concretas para competir en el circuito mundial.

Intoxicación, problemas con el auto y a un minuto del podio: la aventura de Lucas del Río, el mejor chileno en el Dakar.

Con el cuerpo agotado, nueve kilos menos y la cabeza aún procesando lo vivido. Así terminó Lucas del Río (36 años) el Rally Dakar más importante de su vida. Fueron 14 días de competencia extrema, en Arabia Saudita, período en el que se consolidó como el mejor chileno en la carrera, transformando una participación que no estaba en sus planes cuando se inscribió en la categoría Challenger con el equipo BBR Motorsport.

Después de un vuelo muy largo para regresar al país, siente que aún no aterriza del todo. Él mismo lo reconoce al hablar de su desempeño. “Todavía estamos ahí… recién llegado, procesando todo”. No es para menos. El cuarto lugar obtenido en una de las categorías más competitivas del rally raid mundial no solo confirmó su ritmo y capacidad, sino que también cambió el escenario de su carrera deportiva. “Es un pasito para empezar a competir en serio afuera y andar dentro de los primeros”, dice, consciente de que ya dejó de ser una promesa para convertirse en una realidad.

El Dakar no es una carrera que se corre a fondo. Es una prueba de resistencia física, mecánica y, sobre todo, mental. Durante casi dos semanas, Del Río aprendió a convivir con una tensión constante: avanzar rápido, pero sin destruir el auto. “Es una mezcla entre ir muy rápido y cuidar el auto, saber cuándo sacar la pata para desacelerar”, explica. Esa decisión, muchas veces dolorosa, puede marcar la diferencia entre llegar a la meta o abandonar en medio del desierto.

Intoxicación en Arabia

En el primer día de carrera, a Lucas del Río se le desprendió el capó. “Es como que a uno le sacaran las costillas y le llegara un combo al corazón... uno fallece, fue lo mismo”, grafica. El auto quedó desprotegido, cuando solo llevaba 20 kilómetros de recorrido de un total de 400 durante la primera jornada.

Sin embargo, señala que hubo momentos en que la carrera pareció escaparse de las manos. Uno de los más críticos llegó en la cuarta jornada cuando el diferencial (conjunto de engranajes crucial para permitir que las ruedas motrices giren a velocidades diferentes al tomar curvas) se rompió a solo 50 kilómetros de la meta, en plena etapa de dunas. “Apenas pasó, yo dije: listo, hasta acá llegó el Dakar”, recuerda. Sin tracción y avanzando a 10 kilómetros por hora, lograron seguir adelante con su equipo y compañero Bruno Jacomy. Llegaron con 20 minutos de retraso, pero salvaron el día.

Pese a las complicaciones, el margen fue mínimo. Del Río terminó a solo 77 segundos del podio, una distancia que lo hizo quedar con la espina de poder haber obtenido un mejor lugar. "Uno piensa: pucha, si ese día no nos hubiera pasado esto, si hubieramos tenido mas cuidado”, confiesa. Un montón de dudas y pensamientos que quedan detrás de la carrera. Pero rápidamente frena en reflexión: “Todos los pilotos enfrentan problemas similares, todos tienen que gestionar su tiempo y sus errores”.

A esa exigencia mecánica se sumó un cuerpo que no estaba preparado para el desafío. El piloto no tenía planificado correr el Dakar. La invitación llegó apenas un mes antes, de parte de uno de los equipos más ganadores de la categoría. “Fue una sorpresa, que te llamen ellos es muy importante”, relata. Sin una preparación física ideal y enfrentándose a un auto completamente nuevo, el inicio fue duro. “Lo sufrimos, sobre todo, los primeros días”, admite. Antiinflamatorios, dolores persistentes (incluido un problema en el hombro, producto de una accidente el año pasado) y jornadas interminables arriba del vehículo fueron parte del precio, pero que aún así no fueron un impedimento para seguir adelante.

Como si eso no fuera suficiente, el rally también dejó espacio para lo tragicómico. En una etapa de maratón, Del Río sufrió una intoxicación estomacal producto de un virus que le dio tras comer hamburguesas con su equipo y que término por convertir el interior del auto en un caos. “Fue un desastre… dentro del auto gritando: ‘¡Oye, paremos, que tengo que ir al baño!’. Y el otro gritaba que no, que había que seguir. Esa es la parte que no se cuenta muchas veces”, cuenta, ahora, entre risas. No hubo opción de detenerse. “Corrimos así nomás, pero la sacamos”. Son esas historias, poco glamorosas, las que explican por qué el Dakar se vive como una experiencia límite.

“Uno está 12 horas arriba del auto, entonces mucha gente te pregunta: ‘oye, ¿pero cómo haces tus cosas? Y yo les digo ‘bueno, tienes dos opciones: o parar a hacerlas y perder la carrera, o hacerlas nomás, como sea, dentro del auto, y seguir adelante. En otra carrera uno la piensa, pero en un Dakar... chao, es lo que hay no más. Hay que seguir como sea. Luego, al llegar a la meta, limpiarse y cambiarse de ropa, uno se ríe“, sentencia.

Ofertas del extranjero

Más allá del resultado final, el impacto fue inmediato. Tras cruzar la meta en cuarto lugar, las oportunidades comenzaron a llegar: “Se nos abrieron varias puertas”, reconoce. Invitaciones al Campeonato Mundial en Portugal por parte del mismo equipo que lo convoca a esta edición del Dakar (BBR) y conversaciones con fabricantes y equipos de primer nivel como factory con posibilidad de integrarse a la categoria Can-Am, marcaron el cierre de la carrera. “Ya se están empezando a abrir puertas para entrar a un mundo profesional en serio”, asegura.

El objetivo ahora es claro: competir en el Campeonato Nacional y proyectarse en el Mundial, con la mirada puesta en el Dakar 2027, donde espera convertirse en el tercer chileno en la historia en traer el próximo Touareg a Chile. Y esta vez, el plan es ambicioso: “Vamos con todas las ganas de ganarlo”, afirma sin rodeos. Del Río sabe que el ritmo está, que la experiencia ya llegó y que el equipo también. Solo queda seguir acelerando.

Quizás por eso, cuando intenta definir el Dakar en una frase, no habla de velocidad ni de podios. “Es la vida misma”, dice. 14 días donde se concentran todas las emociones posibles. Y para Lucas del Río, quien también es actor profesional, el comienzo de una nueva etapa en su vida como piloto.

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