Cuando los encierros no bastan: El urgente operativo logístico para detectar, aislar y vigilar infectados (y por qué no se hizo antes)

Personal médico atendiendo pacientes con Covid 19 que se encuentran en cuarentena en la Residencia Sanitaria del Ministerio de Salud en el Hotel Best Western de la comuna de Estación Central. Foto : Andrés Pérez

Como los contagios y fallecidos aumentan pese a los extensos confinamientos decretados para la comuna y provincia de Santiago, para cerrar la llave de propagación ahora es apremiante desplegar una infantería de miles de personas en varios niveles: detectar casa por casa contagiados, sacarlos de ahí y llevarlos a residencias sanitarias que aún no son suficientes, y monitorear a sus contactos con constantes llamados telefónicos para los que faltan manos. El gobierno está trabajando contrarreloj en eso, pero el Consejo Asesor COVID-19 lleva pidiéndolo desde marzo.




Viernes 29 de mayo, y la provincia de Santiago lleva dos semanas bajo un confinamiento legal que es noticia cuando se quebranta. La comuna homónima está por llegar a los 80 días bajo este forzoso régimen y los contagios no bajan aunque aún queda por ver las cifras del fin de semana. El sistema sanitario ha debido improvisar una rama aerotransportada para no desplomarse “como un castillo de naipes”. Los noticieros de TV muestran a los primeros hospitales quedarse sin camas UCI y doctoras confesando que han llegado al luctuoso umbral de la última cama. El desempleo se dispara.

Si el gobierno ordena extender las cuarentenas por otros 7 ó 14 días, habrá que esperar hasta bien entrado junio para saber si se logra contener la propagación del virus mientras se compra tiempo para fortificar las salas UCI. ¿Qué viene después, si los números no aflojan? La siguiente línea de defensa que el Ejecutivo ya comenzó en parte a implementar, implica organizar a varios niveles un enorme operativo logístico -que no puede tardar entre dos y tres meses, como el de las cajas de alimentos- para lograr lo que epidemiólogos e integrantes del Consejo Asesor COVID-19 llaman “cerrar la llave”. Algo que la instancia viene pidiendo a la autoridad desde su primera minuta, en marzo.

Se trata de detectar acuciosamente y a tiempo a cada contagiado, dejarlo aislado en residencias sanitarias y no en sus casas, ubicar a sus contactos y hacer lo mismo de ser posible. Es la única forma, recalcan los expertos, para contener los contagios dentro de los hogares, que son más dañinos en barrios hacinados. Es la explicación “simple” de cómo hacer una trazabilidad eficaz. Pero es mucho más compleja.

Según miembros del cuerpo asesor, lo clave es asegurar esa cadena en varios niveles. A grandes rasgos, hay dos mecanismos según sea el caso. El primero es cuando uno se va a hacer el test de PCR a un centro de salud. En ese mismo momento se le debe retener y aislar -ojalá en uno de los albergues-, que no vuelva a tener contacto con nadie e independientemente de cuánto tarde el resultado. Casi implica llegar con un bolso con ropa listo al examen. Y si no queda más que esperar en su casa, debe estar aislado y lo ideal es que el aparato de salud lo llame dos veces al día para controlar su estado.

El segundo tipo de procedimiento -insisten en el Consejo- se debería estar aplicando hace mucho tiempo con quienes no se han hecho el examen por las razones que sea. Eso requiere localizar geográficamente los sectores hacinados con los casos activos más recientes y aplicar ahí una operación rastrillo: ir casa por casa, preguntar si hay alguien con síntomas, detectarlos, implementar medidas de protección, retirar a los contagiados e instalarlos en las residencias, y aislar a sus contactos. “Cuando hubo brotes de viruela o cólera sacaban a los enfermos en carretillas. Los contagiados han sido siempre el eslabón crítico”, grafica un integrante del Consejo Asesor.

Los dos mecanismos necesitan una enorme infantería, como ilustran las doctoras María Teresa Valenzuela y Catterina Ferreccio, ambas del consejo. ¿Cuántas? “Miles de personas”, sostiene esta última. El equipo a desplegar en calles y barrios requiere gente protegida, pero también preparada. Parte de ellos son los “trazadores” que han de detectar las rutas de contagio. En el Consejo Asesor dicen que cuando han pedido eso, “nos suelen contestar en gerundio”. Anteayer la subsecretaria Paula Daza usó ese mismo tiempo verbal en Radio ADN: “Se están contratando 500 personas para realizar la trazabilidad de casos en la Región Metropolitana”.

El eslabón de los call center ya acusa un forado, como publicó CIPER al citar el acta del Comité Operativo de Emergencia (COE) del 28 de mayo y estimar que a diario quedan 11 mil llamados sin hacer porque faltan manos. “Faltan algunas llamadas, el porcentaje es relativamente menor”, respondió hoy el ministro de Salud cuando le hicieron ver el punto durante su balance diario.

El segundo, que necesita infantería en la calle, ocupa afanosamente a La Moneda por estos días. El mismo Jaime Mañalich dijo esta mañana que estas personas serán “conducidas incluso con el apoyo de la fuerza pública si es necesario a residencias sanitarias vigiladas”, que habrá "traslados importantes”, y que en Santiago y Valparaíso “el volumen de seguimiento nos exige fortalecer nuestra red, que de hecho lo hemos estado haciendo y lo vamos a hacer”.

La logística ocupa a distintas ramas del gobierno y algunos aspectos de su coordinación están en manos del ex subsecretario y hoy asesor presidencial Rodrigo Ubilla, quien hasta hace pocos días estaba concentrado en las cajas de alimentos. Parte de su labor -no toda, porque está el Minsal- es gestionar y conseguir suficientes camas en residencias sanitarias. El Presidente le demanda informes diarios. La semana pasada contaban cerca de 2.500 en el país y para comienzos de la próxima deben cumplir la meta de unas 5.000. Cerca del 80% deberían estar en la capital.

Desde Presidencia le han solicitado a la Subsecretaría de Turismo contactar a todos los hoteles de la región para alquilarles plazas, cosa a la que -según en Palacio- la mayoría ha accedido: esa industria está congelada y ya venía del mazazo de la cancelación de las cumbres de fin de año pasado. El sábado pasado sacaron de sus casas en Lo Hermida a 60 personas para reubicarlas, y según Mañalich hoy la subsecretaria Paula Daza viajó a la V Región a implementar esa red. Ubilla, además, está encima de intendentes, gobernadores, alcaldes y seremías persiguiendo lo mismo: articularla.

Pero aunque el gobierno dice estar afanado en esto, los expertos del Consejo Asesor sostienen que lo venían demandando desde antes. “No es demasiado tarde” porque aún el porcentaje de contagiados en relación a la población es pequeño -dicen Ferreccio y Valenzuela- pero es urgente y debe hacerse ya. “Es un logística que debe hacerse sí o sí, lo hemos venido pidiendo hace dos meses. Cerrar la llave es esencial porque no basta con tener ventiladores por todos lados”, remarca Ferreccio. “Lo que no se ha cumplido es el aislamiento”, remarca Valenzuela.

¿Por qué no se hizo antes entonces?

En el Consejo no tienen ánimo de criticar por criticar al ministro (él conoce a casi todos, algunos integrantes fueron alumnos suyos y el trato es amable), pero cuentan que esa demanda no ha sido recogida. Que cuando al comienzo pedían hospitalizar a los contagiados, la autoridad les contestaba que por qué tendrían que hacerlo si tenían síntomas leves, y que si lo hacían comenzarían a agotar camas -aunque no fueran críticas- antes de tiempo.

Eso trancó el proceso, reconstruyen, por una razón adicional: porque el Minsal, partiendo por Mañalich, tiene una percepción distinta del panorama centrada en el aspecto clínico y no en el territorio. Porque no hay suficientes o no existen salubristas o especialistas en salud pública en el círculo de confianza del ministro, y por que tal vez hasta la misma formación de él lo aleja de esta óptica.

“Eso es súper importante. Se ha puesto el foco en los hospitales porque por un lado, la prensa y la gente se impresionaron con las imágenes de Italia y España. Y como el ministro es una persona de hospitales y clínicas -es lo que mejor conoce-, y no de atención primaria, no conoce la realidad; si incluso ayer dijo que no conocía el detalle de la pobreza de la gente”, sincera Ferreccio.

Otro integrante del consejo cuenta que el mismo punto lo tocaron el viernes pasado en un encuentro con el Presidente Piñera, a quien le insistieron sobre el punto. Cuentan que entonces él respondió afirmativamente. “Le dijimos que si no se detectaba y aislaba eficazmente, entonces habría que cerrar el país entero. Algo impracticable por el territorio; sería como decretar cuarentena desde Madrid hasta Moscú”, relata esta misma versión.

En la misma entrevista citada más arriba, la subsecretaria Daza admitió anteayer que “quizá deberíamos haber implementado con más fuerza las residencias sanitarias”, pero dijo que “hemos validado las medidas que nos han recomendado” desde el Consejo Asesor COVID-19.

Pero el sistema necesita de una cadena de abastecimiento. Así como las cajas dependían de los proveedores, acá no se consigue mucho con ir casa por casa si no hay suficientes residencias rápido. “En este momento no sacamos nada con tener 40 mil residencias si no están yendo a buscar a los infectados y trasladarlos”, tercia Ferreccio.

Con todo, la doctora Valenzuela dice que “espacio hay” y que se está trabajando para llegar a un “número suficiente”. Y hace ver que pese a las falencias, las más delicadas también hay que buscarlas en otra parte, incluso en tener claro precisiones semánticas entre “cuarentena” y “aislamiento”, que no significan lo mismo (pese a que el ministro las ha usado indistintamente, como ayer).

“El fracaso que hemos tenido es que las personas confinadas dentro de sus hogares siguen contagiando al resto. Si en una casa viven 9 personas, al menos 5 ya se infectan y eso ha hecho crecer la propagación de forma importante. No se ha entendido el concepto de aislamiento, distinto a la de cuarentena”, dice Valenzuela. El primero es el aislado en una residencia sanitaria porque está contagiado o es contacto directo; el segundo es quien guarda confinamiento preventivo en su casa. Por lo mismo, insiste en que la gente haga caso y se comporte.

En Palacio insisten en que están de cabeza afanados en esto. Que el Minsal contrata buses sanitizados y todo para sacar a la gente de sus casas. Pero la doctora Ferreccio (y otros en el consejo) asevera que hay infantería disponible desde hace tiempo que no está usando: el personal de la red de atención primaria de salud, municipal, y de los hospitales y postas rurales y otros centros que dependen del Minsal.

Al teléfono, requiere cifras y las transmite. “Son 58.600 funcionarios de atención primaria, esa es nuestra infantería potencial”, detalla, y que en el país hay “483 consultorios ,1.666 postas rurales, 218 centros comunitarios de salud familiares y 85 hospitales comunitarios, estos últimos con personal extra que no cuentan dentro de esos 58.600. Además hay 277 Sapus (Servicios de atención primarias de urgencia), 21 Sapus de alta resolución y 158 servicios de urgencias rurales. Es un sistema público potente. Eso es lo que no se ha usado en el control porque hemos estado obnubilados por los hospitales".

Y cierra: “No es demasiado tarde. Si queremos recuperar la actividad económica tenemos que parar la infección para no hacer tantas cuarentenas. Cerrar la llave”.

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