Escenificación de una tregua: lo que se vio y no se vio del fugaz reencuentro entre Vidal y Bravo

Vidal y Bravo | Murcia, Octubre 2019

Arturo Vidal y Claudio Bravo reaparecen juntos en un terreno de juego tras casi dos años de distanciamiento y guerra mediática. Acaparan la atención de todos en la concentración chilena en Murcia, pero apenas alcanzan a interactuar en el día de su reencuentro.




Hubo que esperar al segundo entrenamiento de la selección chilena en tierras murcianas para que se produjera el aguardado encuentro entre Arturo Vidal y Claudio Bravo. Se esperaba para ayer, pero ni tan siquiera los aviones que trasladaban a dos de los grandes referentes del combinado nacional lograron ponerse de acuerdo. El arquero aterrizó en Alicante a las 14.00, con rictus serio y sin hacer declaración alguna, pero alcanzó a tomar parte de la primera práctica de Reinaldo Rueda. El volante del Barcelona lo hizo seis horas más tarde, solícito y sonriente. Y habló. Vaya si habló, instando públicamente al guardameta a sentarse a conversar sobre lo sucedido y estirando de paso al hacerlo, al mediatizar su propuesta, el culebrón y el suspenso.

De manera que en las exclusivas instalaciones del hotel de concentración de la Roja, el Príncipe Felipe de la Manga Club Resort -un glamuroso complejo turístico de cinco estrellas con campos de golf, canchas de fútbol, centros de críquet, entidades bancarias, tiendas y boutiques respirando armoniosamente bajo las palmeras- los focos estuvieron puestos durante toda la mañana en el tan dilatado reencuentro.

Isla, en su incansable rol de mediador, hizo un llamamiento ya al mediodía a "terminar con los cahuines" y recuperar el esplendor perdido, e incluso al bueno de Pulgar, que lo acompañó en conferencia de prensa, no le quedó otro remedio que referirse también al manido tema. Lo hizo con un escueto: "que solucionen los problemas es bueno para todos". Pero lo hizo.

Pero no fue hasta después del almuerzo y la consiguiente digestión, al filo ya de las cinco de la tarde (hora local), cuando pudo vérseles juntos por primera vez a ambos jugadores. Sucedió a bordo del autobús que trasladó a la delegación nacional a la cancha de entrenamiento, situado a un par de kilómetros de las dependencias del hotel.

Reinaldo Rueda y su equipo de trabajo fueron los primeros en subirse al medio de locomoción, seguidos de Erick Pulgar, Miiko Albornoz, Óscar Opazo y otro buen puñado de futbolistas jóvenes o, al menos, con menos años de servicio en la Roja. Tras ellos aparecieron los siempre neutrales Isla y Alexis; después Bravo, solitario y taza de té en mano, y algunos minutos más tarde, cerrando ya la comitiva, el núcleo duro, con Vidal y Medel bromeando a la cabeza, escudados por Orellana y Maripán. Una escenificación del juego de poder en el interior del camarín de la selección chilena. Azar o no, cuanto menos una buena metáfora.

Apenas diez minutos después, en la cancha de entrenamiento de la Manga Club, custodiada por redondeados cerros, llegó el aguardado momento. Luego de una larguísima guerra fría con innumerables consecuencias, plagada de dimes, diretes y dilatadas ausencias (más o menos impuestas); Arturo Vidal y Claudio Bravo volvían a saltar juntos a un terreno de juego, poniendo fin así a un divorcio con tintes de fractura total que el jueves cumplirá, por cierto, su segundo aniversario.

Pero ni tan siquiera sobre el césped del recinto de concentración tuvieron demasiada oportunidad arquero y centrocampista para interactuar entre ellos, toda vez que el Rey dedicó algunos minutos a realizar ejercicios físicos precompetitivos en una carpa anexa, mientras Bravo, indultado quizás por uno de los más fieles secuaces de Vidal, ensayaba un rondito en el centro del campo con Medel, Maripán y Alexis.

No sucedió mucho más (al menos durante los 15 minutos que la práctica estuvo abierta a los medios), pues con el devenir del entrenamiento Bravo comenzó a trabajar en solitario con los arqueros mientras el Rey hacía lo propio con el resto del grupo a las órdenes de los preparadores físicos. La escena, pese a todo, la de la tregua, ya estaba rodada, hecha. Con Colombia el sábado en el horizonte y ocho días más aún de convivencia, la incógnita sigue siendo por si volverá a ser oro otra vez todo lo que reluce para la generación dorada chilena.

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