Elecciones 2021: Chile en el espejo de España

En términos políticos, ambos países se parecen y se observan. Analistas coinciden en que en las dos naciones hay en curso un proceso de polarización social y descrédito de la clase política, aunque advierten que la irrupción de los nuevos partidos en España ha sido efímera. También recuerdan que los nuevos conglomerados, como Podemos y Ciudadanos, terminaron pactando con los partidos tradicionales.




La caída de los partidos tradicionales, el ascenso de otros de nueva creación, el giro hacia los extremos… Da la sensación de que lo que está viviendo Chile en su proceso electoral ya empezó a vivirlo España no hace mucho. Dos países que se parecen y se observan, y que pueden tomarse mutuamente como referencias por sus paralelismos. O tal vez no son tantos. Analistas españoles reflexionan sobre las coyunturas políticas de ambos territorios y el reñido combate entre polos opuestos que tiene a José Antonio Kast y Gabriel Boric a las puertas de La Moneda.

El sistema diferencial

Pese a las similitudes, Pablo Simón, politólogo español, profesor universitario y tertuliano asiduo en medios de comunicación, advierte diferencias fundamentales a tener en cuenta a la hora de las comparaciones: “En Chile, el sistema es presidencial y eso, en una situación en la que haya descrédito del establishment o problemas con los partidos clásicos, es más fácil formar una candidatura independiente de alguien que pueda ser un outsider e intentar asaltar la Presidencia”. Simón agrega: “En España tenemos un modelo parlamentario que hace que sea muy difícil que un candidato pueda pasar de cero a mayoría absoluta. Aunque emerjan nuevos partidos, se verán obligados a llegar a compromisos con los partidos clásicos. Porque, además, somos un Estado muy descentralizado y con mucha heterogeneidad territorial. Entonces, de nuevo, esto hace muy difícil que un solo candidato o partido pueda aglutinar a un segmento muy importante de los españoles, porque siempre hay fragmentación ligada a la presencia de estos partidos de ámbito territorial. O sea que la situación tiene un punto común, que desde la crisis económica hay una corriente de fondo que es descrédito de los partidos, desconfianza hacia el establishment, búsqueda de nuevas alternativas, sobre todo de outsiders. Pero el cómo se materializa eso depende mucho de tu sistema institucional. Entonces en España se materializó con la emergencia de nuevos partidos que han terminado pactando con los partidos clásicos, y en América Latina, y en Chile en concreto, se materializa con candidatos totalmente externos que tratan de llegar al poder cabalgando esa ola de descontento”.

Eso explica también, según Simón, por qué la irrupción de los nuevos partidos en España, Podemos y Ciudadanos inicialmente, han tenido una sacudida efímera: “Una cosa es emerger y otra sobrevivir. Hoy es muy fácil emerger, es muy barato hacer un partido nuevo, muy sencillo intentar asaltar las instituciones. La personalización de la política, el papel de los medios, las redes sociales, hace que no tengas que tener, como en el siglo XIX, una sede en cada pueblo. Con tener 15 minutos de tertulia al día es suficiente para optar a unos buenos resultados electorales. Pero para sobrevivir necesitas tiempo para construir votantes leales, al margen del líder fundador, y para construir una estructura. Y eso, si no lo haces bien, puede suponer que cuando vengan mal dadas te descompongas. Ciudadanos no hizo ninguna de las dos cosas y está ahora prácticamente descompuesto. Podemos está muy dañado, pero tiene un poco más de estructura y sobrevive algo mejor”.

Simón ve más parecidos razonables entre Vox y Kast que entre Boric y Podemos. “En aquellos hay una pulsión parecida. Aunque tengan manifestaciones distintas, sí que tienen los tics propios de los candidatos de derecha radical. Es decir, los que incorporan tintes autoritarios, estrategias populistas y discursos nacionalistas xenófobos. Y aunque ahora en la segunda vuelta Kast intentó moderarse un poco para no dar tanto miedo y no espantar a posibles votantes centristas, sí tienen un nexo común con Vox por lo que toca el tipo de demandas o el tipo de votantes que se acerca a él. Pero en el caso de Podemos con respecto a Boric es un poco diferente. El chileno se parece más al ala izquierda de un partido socialdemócrata que a alguien que venga de la tradición comunista en España, por lo que toca a su ideología. Entonces no es exactamente como si hubieran pasado Vox y Podemos a la segunda vuelta”.

En lo que sí es rotundo el politólogo hispano es en atribuirle al desenlace del proceso chileno una importancia que va más allá de su territorio: “Desde luego, en América Latina, sí. Pero todo el mundo mira a Chile con interés, porque es uno de los países más prósperos y un modelo en términos de estabilidad, que ahora está en el lado contrario. Hay un gran descrédito de la clase política y el proceso constituyente está embarrancando. Y luego tiene claras implicaciones para nosotros. Es un dato un poco personal, pero este año es la primera vez que tengo en mis clases de graduados de Ciencia Política más estudiantes de América Latina que de España, y muchos de ellos vienen de Chile. ¿Qué quiero decir con esto? La situación de inestabilidad o cuál sea el resultado de las elecciones allí tiene implicaciones con nosotros porque tenemos vínculos comunes en términos culturales, económicos y migratorios muy claros. Entonces, la situación en Chile, si el resultado de la elección va en un sentido o en otro, desde luego a nosotros también nos va a afectar”.

Un cisne negro

A esa tesis de la expectación que despierta fuera de sus fronteras el proceso chileno se suma Ignacio Escolar, director del Eldiario.es, uno de los digitales de mayor audiencia en España: “Resulta bastante interesante todo lo que ha ocurrido. El colapso de los anteriores partidos, que de repente te salga una Convención Constituyente con tanta fuerza de la izquierda y la reacción ante estos cambios que supone el ascenso de un candidato de extrema derecha… Todo muy llamativo. Chile me parece un cisne negro. El país ejemplo de liberalismo económico y de las reformas liberales y neoliberales en el continente de repente tiene una revuelta social y después un proceso constituyente y después una deriva como la que tiene de las siguientes elecciones presidenciales. O sea, me parece una de las cosas más interesantes que está pasando en el mundo. Y desde luego lo que pase ahora, afecta. No es lo mismo que Chile pase a un modelo Bolsonaro que a un modelo, no diré venezolano, pero al menos López Obrador. Puede cambiar mucho el continente. Lo que ocurra impactará más allá de Chile. Y en España, también”.

Dos países con coyunturas políticas en las que Escolar encuentra paralelismos. “Yo sí los veo. O sea, el proceso de polarización social no está sucediendo solo en España o solo en Chile. Lo de Francia, con las nuevas elecciones y ese candidato que pasa a Le Pen por la derecha es un ejemplo. Pero Chile también paga las consecuencias de algo que también es muy español. Durante mucho tiempo tuvimos un modelo consolidado y poco dado a cambios. Entonces, cuando tú no cambias nada, todo te cambia de golpe y te llegan terremotos como lo que fue la irrupción de Podemos y de Ciudadanos, y después de Vox, en España, o lo que han sido los últimos procesos políticos en Chile”.

Escolar no cree que los partidos tradicionales vayan a recuperar fácilmente la preponderancia. “Yo no tengo tan claro que en algún momento vayamos a volver a la normalidad. En todos los sitios cada vez pesan menos la estructura política clásica, el partido, las siglas y todo eso, y pesa mucho más el candidato. Es un fenómeno mundial. De hecho, muchas veces pensamos que con la muerte política de Trump se había acabado ese proceso y ya volvía todo a la normalidad, pero la realidad es que no es así. De hecho, es muy posible que Trump vuelva a ganar las elecciones en Estados Unidos. Y todo responde a lo mismo, a lo que ocurre con las redes sociales, a la polarización de la sociedad, a que la pandemia ha acelerado estos cambios. Y aunque ahora nominalmente el PP y el PSOE estén otra vez fuertes, creo que no vamos a tener una restauración del modelo de los 80 o de los 90″.

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En lo inmediato, en el cuerpo a cuerpo final entre Kast y Boric, Escolar lanza su pronóstico: “Los procesos de segunda vuelta no se ganan desde los extremos. Se pasa la primera vuelta desde el extremo, pero la segunda vuelta la ganas en el centro”.

El voto del miedo

“Ahora la clave para la segunda vuelta va a ser cuánta gente de izquierda vota con la nariz tapada por Boric y cuánta de derecha vota con la nariz tapada por Kast”, sostiene Carlos Cué, periodista político del diario El País y su corresponsal en Latinoamérica durante tres años. Y lo explica: “Es evidente que muchos que han votado socialista toda su vida, tendrán que votar por Boric para que no venga Kast, y muchísima gente que ha votado por Piñera o es centroderecha moderada tendrá que votar por Kast, por mucho que le repugne, para que no salga Boric. Es una elección muy complicada, que depende de gente que no tiene ningún entusiasmo por ninguno de los dos candidatos.

“El mundo está polarizado”, añade Cué, “lo hemos visto en Estados Unidos, ahora en Francia, en Italia. En España claramente pasó y hay similitudes con lo que pasa ahora en Chile. Lo de Podemos y Boric, que además se miran mutuamente, es bastante homologable. Como lo de Kast y Vox. Pero aún así, en España nadie entiende muy bien qué está pasando en Chile. Cómo un país que toda la vida, o desde que recuperó la democracia después de Pinochet, ha vivido en una alternancia centroizquierda-centroderecha más o menos normal, de repente tiene dos opciones como estas dos. En el mundo político español, que sí sigue Chile con interés, nadie acaba de entender muy bien cómo ha podido llegar Chile a estar entre Kast y Boric. Es un fenómeno muy llamativo para la imagen que se ha tenido siempre de Chile”.

La polarización en España no se ha acercado tanto al sillón presidencial. “Es que es más difícil para Podemos o Vox ganarle al PSOE o al PP”, justifica el redactor de El País. “Ahora mismo no, pero en 2016 Pablo Iglesias podría haber sido Presidente de España con el sistema chileno. Los partidos tradicionales se han beneficiado del sistema parlamentario para resistir esta ola fuerte de polarización que ahora está en Chile y en todas partes. Está en todo el planeta, pero hay países que resisten mejor, no porque sean más inteligentes, sino porque tienen sistemas que frenan estas situaciones. En Chile el sistema de partidos ha quebrado por sus propios desastres, pero si no tuvieran un sistema presidencialista, seguramente su Partido Socialista o su Democracia Cristiana resistirían mejor. Ahora están como estaría España si no hubiera tenido un sistema parlamentario”, apunta.

Varios participantes portan la bandera española durante la manifestación convocada por Movimiento Cívico de España y Catalanes en Barcelona, con el lema "Catalunya es Espanya. Democracia, futuro y libertad". EFE

Aunque Cué sostiene que la lógica hace pensar que Chile, con una tradición democrática larga, volverá al cauce de los partidos clásicos, la sacudida de los próximos cuatro años no se la quita nadie. “Gane quién gane, los próximos cuatro años Chile va a ser un país ultrapolarizado. Cualquiera de los dos que gane, como pasó con Trump, va a generar una reacción en el otro lado durísima. Si miramos a futuro, la polarización también agota, la gente se cansa. De hecho, en España estamos todavía dentro, pero se observa una cierta tendencia a la salida. No se puede vivir políticamente siempre como si estuviéramos en guerra civil. Nadie desea un país absolutamente dividido”.

Lo que sí hay es mucha expectación alrededor. “Boric tiene muchísima entrada en el mundo Podemos”, asegura Cué, “donde lo siguen con muchísimo interés. Que Chile estuviera presidido por un candidato grande a la izquierda del Partido Socialista sería una revolución para ese sector de la izquierda mundial. Y seguramente Vox también está mirando a Kast, porque les interesa que haya un fenómeno parecido a Vox que gobierne en el mundo”.

Populismo preocupante

Vicente Azpitarte, senador por el Partido Popular (PP), político que procede del periodismo y profesor universitario, se muestra crítico con el desarrollo de los comicios chilenos. “Han dado tres pasos más que acá. Se han blanqueado tanto a la extrema izquierda como a la extrema derecha. Lo que realmente sí ha conseguido la Unión Europea, no solamente España, ha sido contener los populismos de ambos lados. Aquí tendemos a señalar a la extrema derecha por una cuestión de adoctrinamiento mediático y educativo y no a la extrema izquierda, con más de cien millones de muertos a las espaldas de las dictaduras comunistas. A la gente hay que contarle lo que son realmente los populismos de izquierda y de derecha. Daba la sensación de que Chile era el país más moderado, más centrado, de todo su entorno. Y, sin embargo, primero la revuelta y luego estos resultados un tanto radicales preocupan a la sociedad española”.

Azpitarte cree tener muy claro lo que ocurrió en España para explicar el deterioro de las estructuras clásicas como la suya y la irrupción, aunque sin tanto alcance, de formaciones nuevas como las que ahora apuntan a la victoria en Chile: “Había un desgaste relevante de los partidos tradicionales que la ciudadanía percibía en forma de corrupción. Y la aparición de Podemos, de Ciudadanos y de Vox fue un toque de atención a la política tradicional para decirles que las formas no eran las idóneas y que había que abrir la mente en cuanto a la toma de decisiones. Y estos otros partidos irrumpieron en el terreno de juego para dar un paso adelante y que nos enriqueciéramos todos. Ese fue el inicio, otra cosa es en lo que se convirtió. Realmente sí que ha servido para erradicar la corrupción, pero tampoco se han conseguido muchas de las cosas que querían, porque eran inviables”.

En todo caso, da por concluido el impacto de estos nuevos partidos: “Llega un momento en el cual la sociedad se da cuenta de que el populismo, el político populista, no consigue llevar a cabo las propuestas que pone encima de la mesa. Te encandila, te convence, te emociona el hecho de que pueda ir más allá de lo que se ha hecho hasta el momento. Y luego te desilusiona y te das cuenta de que tu voto no ha servido de nada. Al final, en el centro está la clave de la gestión de un país moderno. Te puedes escorar un poco a la derecha o a la izquierda, pero realmente la política de hoy en día, y a Chile le pasará dentro de unos años, ya no se mueve por ideologías. Hoy España se divide entre la gente que se preocupa por el medioambiente y la gente que se preocupa por el feminismo, la gente que se preocupa por la libertad, por la gestión de lo público, pero ya no son izquierda o derecha, sino modelos diferentes de gestión de las instituciones. Y yo creo que eso llegará a Chile una vez que desaparezca la ideología, cuando se den cuenta de que ni la extrema izquierda ni la extrema derecha, gobierne quién gobierne, sea capaz de hacer lo que han prometido durante su proceso electoral”.

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