Rodrigo Hinzpeter, exministro del Interior: “El gobierno está digiriendo la necesidad de abordar la seguridad”

El abogado advierte que se deben tomar medidas en materia de orden público y prevención de delitos, de lo contrario, en “cinco años más, el problema será más grande”. Defiende su rol durante el primer gobierno de Sebastián Piñera y dice que “el tiempo me dio la razón” respecto de la impronta que intentó darle a la cartera.




En privado, Rodrigo Hinzpeter (56) repite que no le es fácil hablar públicamente de la seguridad y temas asociados a la delincuencia. Que es un tema delicado, el cual dejó atrás en 2012, cuando cesó de ser el ministro del Interior (2010-2012), en el primer gobierno de Sebastián Piñera.

En ese entonces asumió un rol protagónico como ministro encargado de la Seguridad Pública: pidió más facultades para las policías, sancionar a los encapuchados, Interior asumió un rol activo como querellante en el caso bombas y tuvo más de un cruce público con los entonces dirigentes estudiantiles, liderados, entre otros, por el actual Presidente Gabriel Boric y los ministros Camila Vallejo (PC) y Giorgio Jackson (RD).

Sin embargo, esta semana decidió salir a romper ese cerco y escribió en su cuenta de Twitter: “Positiva evolución del gobierno en aproximación a la delincuencia. Sin seguridad no hay libertad y sin esta no hay democracia. Escuadrón Centauro lo creamos el 2010 y, entiendo, lo interrumpieron en 2014″. Con ello apuntaba al relanzamiento de este equipo policial que la ministra del Interior, Izkia Siches, anunció para reforzar la labor de Carabineros.

¿Qué sensación le deja que este gobierno esté relanzando una idea que ustedes impulsaron?

Nunca es tarde para ir apercibiéndose de la importancia que tiene para un gobierno abordar la problemática de la delincuencia y el orden público. En 2010, cuando asumí como ministro, aunque teníamos en ese momento menos desafíos de los que hay hoy, me di cuenta de que si este tema no era abordado de modo permanente y sin complejos solo iba a crecer.

¿No todos lo entendieron así?

Creo que el tiempo me ha dado la razón y creo que estamos -como país, no por este gobierno- llegando tarde con leyes y con políticas que permitan combatir con mayor eficacia este flagelo. Pero también es cierto que si no lo empezamos a hacer hoy día, sin complejos, en cinco años el problema será más grande, con delitos más violentos, con más homicidios y, probablemente, vamos a tener ilícitos que hoy casi no existen, pero que en otros países son cotidianos.

¿Como cuáles?

Como los secuestros, el sicariato. Tengo la película muy clara: el crimen ha existido siempre, en consecuencia, hay que entenderlo como un fenómeno que debe ser abordado por políticas ininterrumpidas y permanentes por todos los gobiernos. Muchos sectores políticos han considerado que ocuparse de la delincuencia y el orden público es algo que a la izquierda o al progresismo no le toca ni le corresponde y están totalmente equivocados: ocuparse del orden público y de la delincuencia está vinculado con la libertad y la democracia. Sin orden público ni seguridad, no hay libertad, y sin ello no hay democracia, por lo tanto, hay que abordarlos sin complejos.

Pareciera que en este tema siempre se toca la misma tecla. Por ejemplo, ¿por qué aumentar la presencia policial es algo que se habla en todos los gobiernos?

En materia de control policial conviven dos realidades: por una parte, no podemos inventar la rueda y los controles policiales siguen siendo como se hacían hace 50 años. Es una práctica en la que la ciencia y la tecnología no han hecho su aporte como en otras especialidades y, en ese sentido, los ciudadanos tenemos que aceptar que la vida en sociedad supone conceder el espacio para que exista el control policial. Ahora, este tiene que ser respetuoso de los derechos humanos y se puede ir agregando tecnología para que sea menos invasivo, más expedito, más acorde con los tiempos, pero siempre va a haber una dualidad entre estar siendo controlado y tratar de hacerlo con las nuevas tecnologías.

¿Cuál es la evaluación que hace de la ministra Siches sobre eso?

La evaluación que yo haga tiene poca importancia, porque eso lo tiene que hacer la ciudadanía y se ve reflejado en las encuestas. A mí lo que me importa es lo que haga hacia adelante y es ahí donde creo que tiene un desafío muy importante, el cual no lo puede acometer si tiene un atisbo de complejo para abordar la problemática de la delincuencia y el orden público.

¿Usted cree que ella o el Presidente lo tienen?

Cuando no eran gobierno eran muy críticos de la necesidad de que los ministros del Interior se ocuparan de la delincuencia y del orden público. Hoy, yo no podría decir que tienen un complejo, pero sí tienen que digerir la realidad y pienso que las últimas medidas que han anunciado, como por ejemplo, volver a recurrir al Escuadrón Centauro, que en 2010 utilizamos con mucha intensidad, es una buena muestra de que el gobierno está digiriendo la necesidad de abordar la seguridad.

Viejos conocidos

Cuando Hinzpeter era ministro del Interior, el Presidente Boric y los ministros Vallejo y Jackson eran críticos dirigentes estudiantiles de las políticas emanadas desde su cartera. Especialmente lo fueron de la denominada “Ley Hinzpeter”, iniciativa que proponía sanciones a encapuchados y a quienes saquearan.

“La Ley Hinzpeter aunque se vista de académica es una ley diseñada para criminalizar el movimiento social y evadir el problema de fondo”, escribió Boric en 2013, en su cuenta de Twitter, siendo entonces estudiante de Derecho.

¿Era esa una buena ley?

Desgraciadamente, varios años después se están dando cuenta de que los países necesitan normas que fortalezcan a las policías y establezcan restricciones que permitan el mejor control policial. Pongo un ejemplo: hoy nadie se siente agredido porque al abordar un avión tenga que pasar por una máquina de rayos X para examinar si portamos algún metal; del mismo modo, cuando vamos a sacar pasaporte nadie pretendería sacarse la foto con una capucha que cubra el rostro. La vida en sociedad es un equilibrio, en eso no hay nada antidemocrático, sin embargo, cuando los actuales gobernantes eran dirigentes estudiantiles tenían una visión muy distinta de lo que era el orden público y el control de la delincuencia, pero bueno, no es criticable.

¿Por qué no?

Porque eran posiciones de dirigentes estudiantiles. Hoy que son gobierno yo me alegro de que estén, poco a poco, apercibiéndose de la importancia de estos temas. Espero que se puedan ir construyendo importantes acuerdos, porque los chilenos, en su mayoría, quieren vivir tranquilos y en paz.

¿Impacta en materia de seguridad que una parte de la población no respete a Carabineros por los casos de corrupción en los que se han visto involucrados?

Hay ciertos episodios en que se han visto envueltos funcionarios de Carabineros que desgraciadamente han dañado la imagen institucional, pero, no obstante eso, la obligación de los ciudadanos es respetar a la policía a partir de lo que representan como autoridad, y no a partir de lo que opinemos de su imagen. Ojalá tener un cuerpo de Carabineros lo más prestigiado posible, pero si en algún momento están pasando por algún problema, eso no puede dar espacio para faltarles el respeto, porque los hemos designado como quienes ordenan la convivencia social. Pongo un ejemplo del fútbol: si un jugador le pega una patada a un rival, probablemente lo van a expulsar y le darán una o dos fechas de expulsión; si la misma patada se la pegan al árbitro, le van a dar 10 o 15 fechas de suspensión. Eso no es porque el juez sea más importante, sino por el rol que cumple en el ordenamiento del partido.

¿Les asigna algún tipo de responsabilidad a la fiscalía y al Poder Judicial en esta alza delictual?

En el problema que tenemos con la delincuencia tenemos tres núcleos fundamentales: uno, que el gobierno aborde la seguridad sin complejos; segundo, que las policías estén respaldadas y actúen dentro del marco de la ley, bajo la esencia de un Estado de Derecho, y tercero, el sistema judicial que involucra también al Ministerio Público y a los jueces para que haya justicia pronta y efectiva. Si alguno de estos eslabones falla, el problema será difícil de resolver, y ahí todos tienen que mejorar, dada la situación de orden público que tenemos hoy día con, por ejemplo, la gran cantidad de homicidios. No podemos caer en lo que caen otros países: acostumbrarnos a que se asesinen personas todos los días.

¿Ve un cambio sustantivo hoy en La Araucanía respecto de lo que ocurría cuando usted era ministro, y que sean necesarios prolongados estados de excepción?

Desgraciadamente, la violencia en la Macrozona Sur ha ido aumentando en frecuencia e intensidad de violencia. Los estados de excepción llegaron a ser necesarios al punto que este mismo gobierno, que estaba en desacuerdo, se vio forzado a declararlos y renovarlos. Luego viene una cuestión subjetiva, que es la convicción con que se declaran y el apoyo político que se entrega a las Fuerzas Armadas (FF.AA.) para cumplir su rol. El adjetivo “acotado” expresa un compromiso o convicción tenue. Pero la verdad es que en los tiempos en que yo era ministro, un estado de excepción era políticamente impensable, lo que da cuenta de cómo la violencia ha aumentado y cómo la conciencia del problema se ha ido extendiendo.

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