¿Quién es el investigador chileno más citado del mundo?

FOTOS: PABLO SANHUEZA.

Desde que recibió en 2014 el Premio Nacional de Ciencias Aplicadas y Tecnológicas, José Rodríguez también se convirtió en el único chileno que se ha mantenido, año a año, en el listado de los científicos más influyentes del mundo, según Clarivate Analytics. Desde el Centro de Transformación Energética de UNAB -lugar donde investiga-, habla de la revolución en innovación que trae la crisis climática y el rol de las universidades para el área de la investigación.




José Rodríguez Pérez tiene 68 años, pero su agilidad para desplazarse lo hace parecer alguien de 30. Tal como su especialidad, Ingeniería Eléctrica, sus ojos sacan chispas. Se mueve rápido entre los pasillos de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Andrés Bello, saludando a todo el mundo, donde es profesor e investigador, pero de cuya casa de estudios fue también rector entre 2015 y 2019. Va a su oficina, pide café. Se sienta y minutos después se mueve para bajar un par de pisos y mostrar el laboratorio que dirige: el Centro de Transformación Energética de UNAB, que cuenta con la más alta tecnología del país y donde hay algunos estudiantes de doctorado trabajando en ecuaciones.

“Sí, es una eminencia en electrónica de potencia y control predictivo”, dice uno de los estudiantes del laboratorio, mientras el profesor Rodríguez sigue dando vueltas y muestra las instalaciones, desde donde realizan investigación avanzada en el control y la transformación de la energía eléctrica, manteniendo su foco en las energías renovables y el desarrollo de las tecnologías vinculadas a la industria de esa área.

Él es el único chileno incluido en el listado 2020 de los científicos más influyentes del mundo, publicado en noviembre del año pasado por Clarivate Analytics. Ese listado reúne a los investigadores más citados del mundo (Highly Cited Researchers) del Web of Science y es realizado por la empresa Clarivate Analytics, que reconoce a los investigadores de clase mundial por sus resultados en investigación, demostrado por la publicación de papers altamente citados. El profesor ha sido incluido en este listado de manera ininterrumpida desde su creación, el año 2014. En 2018 fue acompañado en este ranking por otro chileno, el profesor Samir Kouro de la Universidad Federico Santa María, quien además es exalumno de Rodríguez.

-Usted el científico chileno más citado en el mundo en su área.

-Aparentemente. En Google Scholar tengo 60 mil citas. En Web of Science tengo como 30 mil -dice sin falsa modestia.

- ¿Por qué cree que se ha dado esto?

-Para mí es una sorpresa, trabajo como todo el mundo. Siempre me ha inquietado el porqué de las cosas y tratar de entender la razón. Eso me llevó a ser muy riguroso cuando hago clases, obsesivo.. Si miro en retrospectiva, lo extraordinario es hacerlo viniendo de un país chico, que no es una potencia científica. Soy buen gestor, hago trabajo en equipo. Mis alumnos son altamente productivos. He tenido la suerte de trabajar con mucho joven talentoso que hay en Chile.

El investigador UNAB explica que la productividad se mide por el número de papers. La calidad o impacto se mide por las citas que reciben los trabajos. “Claramente, un artículo más citado tiene más impacto en la comunidad científica y ello refleja mayor calidad”, explica sobre la medición de Clarivate Analytics, ranking que cada año evalúa las publicaciones de los últimos 11 años. De ese período se cuentan los papers que están entre el 1% más citado de la especialidad. “Como es un período móvil de evaluación, te obliga a estar en permanente actividad”, cuenta sobre un índice que en noviembre dará a conocer un nuevo listado.

José Rodríguez dice que hoy le apasionan las técnicas de control de motores para autos eléctricos, “con nuevas teorías que estamos desarrollando en UNAB”. Y plantea para el desarrollo del campo de la investigación en Chile es el clave el rol de las universidades: “Las instituciones de Educación Superior tienen que formar profesionales y también generar nuevos conocimientos. Hay muy buenas universidades en Chile. Alguien dirá porqué no estamos más arriba en los rankings y es por un tema de volumen de recursos. Dejando eso de lado, creo que el trabajo que se hace acá es muy bueno. Hay muy buenos investigadores en Chile”.

Luego, valora otro aspecto positivo que está sucediendo en Chile: “La incorporación de las universidades privadas jóvenes a la investigación, de manera creciente, es muy positivo. Como ejemplo de esta tendencia está UNAB, la que ya tiene un volumen de investigación tal, que le permite estar incluida en el ranking de Shanghai, que es el más exigente del mundo y que se basa esencialmente en la medición de la investigación. Ese es un resultado notable para una universidad tan joven”.

"Siempre me ha inquietado el porqué de las cosas y tratar de entender la razón", dice el investigador. "Eso me llevó a ser muy riguroso cuando hago clases, obsesivo.. Si miro en retrospectiva, lo extraordinario es hacerlo viniendo de un país chico, que no es una potencia científica", asegura.

Tecnología ante el calentamiento global

La especialidad de Rodríguez se dedica al control y la transformación de la energía eléctrica usando microprocesadores y semiconductores de potencia, esenciales el funcionamiento de la vida actual, como por ejemplo la que se utiliza en algo tan cotidiano como el Metro, donde transforma energía eléctrica en movimiento. “La electrónica de potencia es la tecnología habilitante para enfrentar el problema del calentamiento global”, apunta Rodríguez.

En el área del control y transformación de la energía, define, “hace 20 años se pensaba que podía venir (la crisis del cambio climático), pero los últimos años, con el panel de cambio climático de la ONU, ya nadie se opone y hay que corregir. Se vienen cambios masivos, como los autos eléctricos. Las gasolineras se van a transformar en electrolineras. En Noruega, este año y por primera vez, más del 50% de los autos vendidos fueron eléctricos. En Chile van a tener que haber incentivos”.

Aunque le hubiese gustado profundizar en su veta artística, el diseño y la sociología, lo suyo ha sido por décadas la investigación electrónica. Vive entre Viña del Mar y Santiago y ni siquiera la pandemia detuvo su mundialmente reconocida capacidad investigativa. Fanático de la vida y obra de Nikola Tesla, el día de la entrevista llevaba ya un par de horas conectado trabajando con científicos chinos en algunos de sus proyectos.

Siempre hay algo de suerte en estas cosas”, dice sobre la carrera en la que se ha desempeñado. “Lo que a mí me llamó la atención fue en una práctica que hice en Chuquicamata. Ahí era ‘eléctrico mina’ en la compañía minera Exótica en esa época, y las palas y camiones que sacaban el mineral eran eléctricos. Para mí eso era un descubrimiento y partir de eso me especialicé en el control y transformación de la energía”, cuenta.

En esa práctica, en los años 70, se dio cuenta que el movimiento antes se controlaba con los motores de corriente continua, pero tenían un problema con piezas que había que cambiar y hacer mantención frecuente. Ahí empezó la idea de controlar con motores de corriente alterna, uno de cuyos inventores es Nikola Tesla. “Es mi ídolo. Es genial. Para hacer lo que hizo, se necesita un grado de abstracción muy grande”, afirma entusiasmado. A partir de esa experiencia partió a hacer un doctorado en Alemania, en la Universidad de Erlangen, donde siguió desarrollando sus ecuaciones.

El profesor Rodríguez nació en Malalhue, aunque está inscrito en Lanco, Valdivia. Vivió con su familia en Osorno y a los 13 años se fue a Valparaíso a estudiar en una escuela técnica de la Universidad Federico Santa María. Ahí estudió electrónica por primera vez. A los 23 años ya era ingeniero eléctrico y empezó a hacer clases. Lo marcó el profesor Sergio Zanetta, “un fanático de investigación, de cuestiones abstractas”, con quien inició su interés por los papers. “En esos años no estaba claro en las universidades que había que investigar, no era generalizado. Viéndolo a él me motivé. Con Leopoldo Silva aprendí a hacer clases”.

La docencia ha sido parte de su carrera, y como parte de esa experiencia, haber sido rector de la Universidad Técnica Federico Santa María (2005-2014) y Universidad Andrés Bello (2015-2019). De ambas, explica, descubrió que las universidades son un engranaje que va más allá de hacer clases e investigación, donde hay una comunidad que tiene que ponerse de acuerdo. “Eso me hizo crecer como persona y profesional. Me permitió lidiar con otros aspectos del quehacer académico, como la gestión, que es muy relevante en cualquier institución. Aprecio mucho haber sido rector, conocí mucha gente inteligente con la que trabajé, sobre todo en UNAB, que es una institución muy grande. Mi mandato ahí era trabajar para mejorar la calidad y eso se tenía que ver reflejado en la acreditación, que la subimos de cuatro a cinco años”. “Fue la mejor decisión de mi vida haber aceptado ser rector, ambas veces”, resume.

Como profesor, cuenta, siempre quiere “que las cosas se hagan bien” y consideraba que la investigación era algo que se debía hacer. El doctorado afuera, prosigue, le facilitó las cosas y al volver a Chile había muy poco al respecto: estaba partiendo Conicyt, no había becas de magister ni doctorado en 1985. En ese tiempo, recuerda, “hice harta investigación de pregrado. Lo más importante es ser perseverante. Toda mi vida le di un espacio importante a la investigación. Incluso después de tener cargos de administración, como rector en la USM y UNAB. En todo ese tiempo seguí haciendo investigación, con mucho esfuerzo”.

El Premio Nacional de Premio Nacional de Ciencias Aplicadas y Tecnológicas 2014 dice que constató que sus investigaciones tenían alta recepción cuando, en el primer gobierno del Presidente Sebastián Piñera, el mandatario quería saber cuánto se estaba investigando en Chile y contrató una empresa internacional, Scimago Research Group. “Yo era rector en la Santa María y el director de investigación de la universidad me dio los resultados y me dijo que era el que la lleva en investigación en Chile. Ahí empecé a parar las antenas. Mis alumnos buscaron y en Microsoft Academics aparecía como el número uno en el mundo. No lo podía creer”, señala.

Su familia, dice, siempre lo apoyó y sabían que tenía un hábito sagrado: los domingos en la mañana se dedicada a investigar. “Me llevaba a los niños al laboratorio y ellos jugaban ahí. Hago una charla sobre cómo hacer investigación de alto impacto y otra sobre cómo escribir papers y en ellas cuento que es bueno que la gente se de un tiempo de reflexión semanal”, recomienda.

El profesor Rodríguez nació en Malalhue, aunque está inscrito en Lanco, Valdivia. Vivió con su familia en Osorno y a los 13 años se fue a Valparaíso a estudiar en una escuela técnica de la Universidad Federico Santa María. Ahí estudió electrónica por primera vez.

Más que capas blancas

Para que Chile se convierta en un país reconocido en el área de la investigación, opina, el Estado es el que debe empujar ese desarrollo y como como ejemplo el área de la salud y la biología, que la pandemia lo ha dejado claro. “Pero hay uno donde tenemos una oportunidad que ojalá podamos aprovechar, que son las tecnologías de la información y la inteligencia artificial”, afirma. “Para producir oro, hay que tener minas. Para producir materias primas, necesitas recursos naturales, en cambio con las tecnologías de la información se necesitan personas. Acá tenemos personas y buenas universidades, entonces es cosa de que el Estado se haga el propósito. Tenemos que instalar una industria o quedarnos parados mirando como pasa la micro. Es cuestión de formar gente”, plantea.

En ese escenario, José Rodríguez siente que los científicos “ya no son esos personajes de capa blanca que andan haciendo cosas en el laboratorio que nadie entiende ni le interesa”. Ahora, dice, están jugando un rol muy importante en la sociedad, comunicando mejor lo que hacen. “La investigación siempre tiene que responder a las necesidades de la sociedad, de otra forma no tiene sentido. Para las decisiones que tenemos que tomar, y eso queda claro con el virus, necesitamos información veraz, más allá de intereses políticos o de quien más vocifere. Las decisiones tienen que ser con una base científica, segura, clara y autentica”, sintetiza.

Frente a su mesa de trabajo en la Universidad Andrés Bello, el profesor Rodríguez tiene una sección de diplomas y reconocimientos entregados por universidades chinas. De hecho, hoy mismo debía participar en una conferencia allá que fue movida para noviembre. “Soy profesor invitado de dos universidades chinas y profesor honorario en otras dos”. Al profesor le gusta hablar de “trabajar en red”. Con algunos, cuenta, está haciendo publicaciones sobre estrategias de control para motores sincrónicos de imanes permanentes, que es para aplicaciones en autos. Con otros, añade, acaban de terminar una publicación sobre redes masivas de energías renovables y fotovoltaicas y eólicas a la red eléctrica. “Lo que me tiene muy interesado es el control de las micro redes del futuro”, señala. “Van a haber centrales más pequeñas e incluso desde tu casa vas a generar energía. Esas micro redes van a generar redes inteligentes que hay que controlar”, añade.

Y aunque se acerca a los 70 años, José Rodríguez parece un dínamo caminante.”. Además de su labor al mando del Centro de Transformación Energética de UNAB, realiza investigación en el Centro Avanzado de Ingeniera Eléctrica y Electrónica (ACS3E), centro basal de la Universidad Federico Santa María. Está incursionando también con Inteligencia Artificial “y me saltó la curiosidad de hacer una estrategia de control con una red neuronal y ahí estamos… La gente se da cuenta que eso es investigación de frontera y por eso me sigue yendo bien”, dice mientras acelera para seguir con su frenética tranquilidad diaria.

Comenta

Por favor, inicia sesión en La Tercera para acceder a los comentarios.