Los innovadores proyectos para reutilizar los desechos en Chile

Ilustración: Gabriel Ebensperger.

Edificios rehabilitados que no tuvieron que demolerse, trozos de caucho que se transforman en energía y materiales de celulares en desuso que se venden a Japón o Corea, son ejemplos de tres proyectos surgidos en la región del Biobío, impulsados por la economía circular. Un concepto que en palabras simples consiste en el crecimiento económico sin desechos.




Un laboratorio en Concepción aportó el conocimiento que contribuyó a rehabilitar el edificio Aníbal Pinto, en el centro de Lota, investigación que benefició a 19 familias y a una ciudad completa. Evitar demoler un edificio -que también tiene valor patrimonial- y construir uno nuevo permitió ahorrarle varias toneladas de CO2 extra a la atmósfera, ya que el cemento genera una tonelada de este gas de efecto invernadero por cada tonelada producida.

Ese “ahorro” es un ejemplo de economía circular, un modelo de producción y consumo que implica compartir, arrendar, reutilizar, reparar, renovar y reciclar materiales y productos existentes todas las veces que sea posible, extendiendo el ciclo de vida de los productos. En esta línea, investigaciones a nivel mundial ha permitido, por ejemplo, desarrollar un hormigón que en su mezcla tiene microorganismos que lo autorreparan cuando se agrieta.

“La Economía Circular es una respuesta al mundo que estamos viviendo y que se contrapone a la economía lineal, que nació con la revolución industrial y que aún se mantiene: esa necesidad de crear bienes para el uso del ser humano y la sociedad, y luego desecharlos. Era tal el beneficio, que la atención se centró en el objeto que queríamos crear y no en los efectos”, define el académico Mario Sánchez, especialista en economía circular de la Universidad Andrés Bello (UNAB) de Concepción.

“No teníamos una dimensión clara del planeta. Pensábamos que era capaz de absorber residuos en forma indefinida. Pero ahora sabemos que no lo es, entonces la economía circular plantea un nuevo paradigma de desarrollo, con una propuesta restaurativa y regenerativa”, agrega Sánchez, remarcando una premisa que ayuda a terminar de entender el concepto: “La basura es un invento humano… la naturaleza no genera residuos”. Sánchez se especializó en Europa, continente que lleva la delantera en este modelo de desarrollo, que significará para ellos una reducción del 32% del consumo del material primario para 2030 y un 53% para 2050.

En Chile hay emprendedores que han hecho de la economía circular el faro de sus proyectos, como Green Glass, que da nueva vida a las botellas de vidrio, transformándolas en vasos. O Imeko, que recicla colillas de cigarrillos extrayendo acetato de celulosa, que es usado como una nueva materia prima sustentable. También está Karun, que fabrica anteojos a partir de plástico recogido de redes de pesca. La web www.paiscircular.cl agrupa algunas de estas iniciativas.

La academia también está asumiendo el desafío: la Universidad Andrés Bello inicia el 29 de octubre la segunda versión de su Diplomado en Economía Circular, que dirige Mario Sánchez. A cargo de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Andrés Bello, este diplomado busca comunicar y capacitar a la comunidad sobre esta nueva tendencia, sus propósitos y su impacto en el desarrollo. Su objetivo es entregar las herramientas necesarias para entender el rol fundamental de la ingeniería y otras áreas del conocimiento en un desarrollo futuro sostenible para la humanidad, a través de cursos en áreas específicas de esta rama profesional, así como otras complementarias en la enseñanza del área social.

Uno de los académicos de este diplomado es Manuel Chávez, máster en Rehabilitación y Patología de Estructuras, quien busca reducir la producción y el consumo de cemento, que es la base del hormigón, material con el que se construyen hogares, puentes, edificios y un infinito etcétera. ¿Patología de estructuras? Sí, porque el hormigón también se enferma. Y, si no se revisa y mantiene, se muere. Y esa “muerte” puede terminar con una construcción convertida en escombros. “Hay estructuras en las que uno ve degradación del hormigón. Entonces lo mejor es estudiar esa estructura, determinar su patología, que por ejemplo puede ser la carbonatación en las zonas costeras, y eliminar esa patología. Así aumentamos su vida útil y evitamos una demolición”, dice Chávez.

Los estudios del profesional van más allá: “Estamos aplicando criterios de economía circular al hormigón para que sea más durable. Hacemos investigación, innovación y desarrollo”.

Un laboratorio en Concepción aportó el conocimiento que contribuyó a rehabilitar el edificio Aníbal Pinto, en el centro de Lota, investigación que benefició a 19 familias y a una ciudad completa.

Combustión hermética

Igual de beneficioso para el entorno es el trabajo de Miguel Ángel Arriagada, Secretario académico de la facultad de ingeniería y académico del Diplomado en Economía Circular de la UNAB, actualmente Arriagada está abocado al análisis técnico, ambiental y patentamiento de tecnología de termólisis (combustión hermética), en asociación con investigadores de Cologne University of Applied Sciencies en Colonia, Alemania, para reaprovechar los neumáticos en desuso.

“Una primera etapa es el trozado del neumático para aprovechar metales como el hierro a través de la termólisis. Además, con este proceso podemos transformar esos trozos de caucho en energía. A grandes rasgos es lo que se espera de un proceso de economía circular: no se queda sólo en el concepto de reciclaje, sino que aprovecha el proceso de reutilización del desperdicio para generar un nuevo beneficio”, explica Arriagada. Este proceso, cuenta se desarrolla dentro de una cadena de valor, “asociada a aguas arriba con los procesos de rasuración del caucho, extracción del talón o beat de acero y posterior trozado”.

Entre algunos indicadores claves, menciona el académico, se tienen 70 KW de energía que pueden ser obtenidos por cada neumático de automóvil, con un promedio de 8 kg de peso. “Si se tienen 125 llantas por tonelada de insumo correspondientes a 8750 KW, tenemos una enorme cantidad de energía disponible”, ejemplifica.

Que los neumáticos sean prioridad no es azaroso: este 2021 Chile está empezando a aplicar la nueva ley REP, Responsabilidad Extendida del Productor, que promueve la disminución en la generación de residuos y fomento del reciclaje, obligando a los productores e importadores a financiar una correcta gestión de los residuos que generan los productos que son comercializados en el mercado nacional, sean estos importados o de fabricación nacional.

Esta ley es uno de los pilares de la Hoja de Ruta de Economía Circular que el Ministerio de Medio Ambiente de Chile lanzó a principios de este año y que contiene 92 propuestas y siete ambiciosas metas para 2040, como la creación de 180 mil empleos verdes, aumentar al 65% la tasa de reciclaje domiciliario o eliminar el 90% de los vertederos ilegales en el país. La REP definió siete productos prioritarios y los neumáticos son los primeros que tienen un decreto para comenzar a aplicar la Ley.

Los automóviles eléctricos son un buen ejemplo de cómo está cambiando el paradigma a nivel global: “El concepto de economía circular se mete en cosas prácticas de la vida de todos: por ejemplo, un automóvil lo usas un 8% del tiempo, el 92% restante está estacionado. La visión global te dice: ¿Tiene sentido que la sociedad fabrique tantos autos, con todos los costos ambientales que eso tiene? ¿Por qué mejor no usar el concepto de uso por sobre la propiedad? Y ahí tenemos la búsqueda de autos autónomos o servicios tipo Uber. Y corriges el concepto: cambiar la propiedad por la funcionalidad. Es un cambio cultural fuerte, porque tenemos la tendencia de ser dueños de las cosas, pero si seguimos a este ritmo, para 2050 vamos a necesitar dos planetas y medio o tres planetas como humanidad. Tenemos que cambiar nuestro modelo económico para poder seguir existiendo”, reflexiona Mario Sánchez.

Reciclaje de aparatos electrónicos

Justamente, uno de los objetos que más deseos de propiedad generan hoy, el teléfono móvil, es el objeto del trabajo de Romina Cayumil, quien rescata metales, desde circuitos eléctricos, incluidos los de los celulares: la llamada “minería urbana”. “Es algo muy novedoso, es procesar los residuos, para recuperar elementos de valor: valorizar materiales que están disponibles en objetos que terminaron su vida útil”, define Cayumil, quien ganó el primer Corfo de Economía Circular, junto a Chilenter, fundación que busca el reciclaje o reutilización de aparatos electrónicos. “Lo estamos haciendo con un proceso de alta temperatura llamado pirólisis. La gracia es que se trabaja en ausencia de oxígeno: se inyecta un gas inerte y se recupera el cobre en estado sólido y no fundido. También se genera un material llamado carbonáceo, que es rico en carbón”, cuenta la académica UNAB.

Actualmente, Chile vende los desechos electrónicos a países como Japón y Corea, que tienen procesos industriales para rescatar los metales valiosos que están presentes en los circuitos, como cobre, oro, plata, paladio y platino. “Los circuitos tienen diferentes características, pues dependen de la función, del fabricante, del año. Hay variaciones en la composición, pero en general tienen entre un 13% y 20% de cobre. Es una concentración muy alta, ya que la concentración de cobre en mineral es de 0.5% a 1%”, dice Cayumil, quien es docente en el Diplomado de Economía Circular de la UNAB.

“Los procesos de otros países no son exclusivos para circuitos electrónicos, sino que los mezclan con minerales. El proceso que estoy proponiendo es para tratar exclusivamente circuitos electrónicos. Es una innovación y la meta es que seamos capaces de procesar esos circuitos de manera local, ese es el sueño que me gustaría cumplir. Tenemos una larga historia de procesamiento de minerales, ese background científico-técnico está en el país y hay que aprovecharlo”, remata Cayumil.

“Estos procesos de recuperación no compiten con la minería primaria. Son paralelos y buscan minimizar los volúmenes estos residuos y, al mismo tiempo, dar un valor a los elementos presentes en materiales ya procesados. Los metales son recursos finitos: en algún momento el mineral se va a agotar. Entonces lo que hacemos es darle vida a este residuo, que yo llamo material”, dice la docente Romina Cayumil, quien además está incursionando en un nuevo tipo de desecho tecnológico: las pantallas LED; ella trabaja en procesos que permitan recuperar el indio, un mineral escaso y valorado.

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