Crónica del escándalo de los cuadernos K que sacude a Argentina

Oscar Centeno, el conductor que detalló un complejo esquema de sobornos en la era K, el jueves en Buenos Aires. Foto: AFP

En una trama similar al “Lava Jato” brasileño, la justicia detuvo el miércoles a 12 empresarios y exfuncionarios kirchneristas debido a que sus nombres aparecieron en ocho cuadernos que dan cuenta de una enorme red de coimas durante la era K. Los textos fueron escritos por el chofer Óscar Centeno, que trabajaba con Julio de Vido, el poderoso ministro de Planificación de los Kirchner.


Cuando el reloj marcaba las 05:00 del miércoles 1 de agosto, un inédito megaoperativo de detenciones y allanamientos se puso en marcha. Sin que nadie lo supiera, estallaba así el llamado “Lava Jato” argentino. Por orden del juez federal, Claudio Bonadio, conocido como una suerte de “lobo solitario” tras los pasos de Cristina Kirchner, se comenzó a desentrañar un circuito de al menos US$ 160 millones que se habría movido a través de un sistema de coimas, y que durante 10 años comandó la cúpula de la Obra Pública ligada a los gobiernos kirchneristas.

De manera simultánea, techos, pasillos, rincones, agendas y teléfonos de 34 dependencias comenzaban a ser revisados por expertos judiciales. Todo con el objetivo de chequear las anotaciones de Óscar Centeno, hasta ese minuto un personaje desconocido pero que logró poner en jaque al kirchnerismo. Durante una década, Centeno, chofer de Roberto Baratta -número dos del exministro de Planificación Julio De Vido-, registró de su puño y letra cientos de coimas entre empresarios y funcionarios de la administración K a cambio de licitaciones en el sector energético y de obras públicas.

A través de un detallado y preciso relato concentrado en ocho cuadernos, Centeno da cuenta también del recorrido por las calles de Buenos Aires de bolsos de dinero presuntamente provenientes de sobornos que las mismas empresas pagaron a los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner.

Mientras se llevaban a cabo las detenciones simultáneas y los allanamientos, al más puro estilo de la serie El Mecanismo sobre el Lava Jato brasileño, el diario La Nación reveló a las 07:14 el contenido de aquellos cuadernos marca Gloria, gracias a una investigación de los periodistas Diego Cabot, Candela Ini y Santiago Nasra.

“Del Ministerio lo llevé al licenciado Baratta y a Nelson Lazarte a la Quinta de Olivos. Llegamos aproximadamente a las 21 horas. Se reunió con el Dr. Néstor Kirchner para darle instrucciones. Luego a las 21:55 salimos de la Quinta y el Licenciado Baratta nos comentó a Nelson y a mi, que el Dr. Kirchner le dijo: “Que pobres estuvimos esta semana, eh!!! y Baratta dice que le contestó que era porque mucha gente se había ido afuera por el fin de semana largo que se venía. Era por la recaudación que fue la mitad de siempre. Luego lo dejé en el camino a Nelson y al licenciado en su departamento y me fui a casa”, escribió Centeneo, en una anotación fechada el 20 de mayo de 2010.

Uno a uno fueron cayendo, entre ellos Baratta y Centeno, hasta llegar a 12 detenciones de exfuncionarios kirchneristas y empresarios, sobre una causa calificada como “los cuadernos de las coimas” o simplemente “los cuadernos K”.

En una primera indagatoria que duró más de tres horas el jueves, Centeno se apegó a la figura del “arrepentido”, que le permitiría rebajar la condena, y admitió la autoría de los cuadernos. Además confirmó que los originales están en su poder. “Yo los tengo”, dijo. Sin embargo, tras el operativo los expertos no consiguieron encontrarlos en su domicilio. Hasta ahora, la justicia solo guarda copias de los textos.

Un día después, la exesposa de Centeno, Hilda Horovitz, rompió el silencio en la revista Noticias y confesó que los escritos estuvieron en su propio armario. Pero además explicó que el chofer guardó los cuadernos para extorsionar a Baratta. “Él tenía la idea de decir…bueno… si Baratta a mí no me lleva (…) entonces él iba a utilizar esos cuadernos para mostrarlos, pero los terminé usando yo”, dijo.

Redes y vínculos

Los propios reporteros de La Nación han dicho que las pruebas llegaron el 8 de enero pasado a las manos de Diego Cabot, en una bolsa de plástico de color negro y dentro de una caja de cartón de galletitas crackers. Lo que hoy es considerado como una “bitacora del delito”, fue entregada por el periodista a la justicia en abril, tras dimensionar la complejidad del caso.

Desde el miércoles hasta ahora, ha crecido la lista de detenidos, algunos como el empresario y expresidente de la Cámara de la Construcción de Argentina, Carlos Wagner, decidieron entregarse el jueves. Mientras que este viernes lo siguieron Fabián García Ramón y Carlos De Goycochea, el primero exfuncionario del Ministerio de Planificación y el segundo exautoridad de Isolux Corsán, compañía a la que Cristina Fernández le adjudicó la construcción de la Central Termoeléctrica Río Turbio.

Eso sí, todos los empresarios detenidos se han negado a declarar en las indagatorias hasta tener acceso directo a los cuadernos. De todos modos, la información conocida hasta ahora da cuenta de una enorme trama de coimas liderada por Baratta y Centeno. “El recorrido se consensuaba el día anterior con una visita directamente a la residencia presidencial donde vivían Néstor y Cristina Kirchner, y al otro día lo hacían y entregaban el dinero”, dijo Cabot a La Tercera. Es más, cada empresario establecía “un punto de encuentro distinto desde subsuelos de estacionamientos, hoteles, una esquina a plena luz del día del barrio de Recoleta”, comentó su colega, Candela Ini.

Las revelaciones

De las anotaciones de Centeno, se desprenden las relaciones entre Baratta con los altos ejecutivos y exfuncionarios del gobierno kirchnerista. En pasajes dados a conocer por La Nación, queda al descubierto la cercanía y las particularidades del modus operandi para el traspaso de las valijas. Sobre Wagner, por ejemplo, un escrito del 6 de septiembre de 2013 da cuenta que el empresario alistaba el dinero en una sede de su empresa, donde luego Baratta y Centeno “completaban los bolsos, que transportaban vacíos en su Toyota Corolla.

También se hace referencia al ingeniero Francisco Rubén Valenti, de Industrias Metalúrgicas Pescarmona (Impsa), quien también forma parte de la lista de detenidos de Bonadio. Lo peculiar, según el chofer, es que este empresario no solo les daba bolsos de dinero, sino que además les pasaban cajas de espumante de la bodega Lagarde. Esos encuentros se producían en el Hotel Feir’s Park, en Recoleta, donde Centeno entraba con el auto hasta el subterráneo y Baratta lo acompañaba.

Centeno cuenta también que el “número dos” de De Vido llamaba al entonces ministro tras los pagos para contarle cuánto había recaudado “la corona”. En 2009 el chofer escribió: “mientras viajábamos llamó al jefe y le dijo que entre Yacyretá y Transporte habían aportado para la corona US$ 657.000”.

“Hoy vuelvo a escribir; después de la muerte de Néstor Kirchner que dejé de hacerlo. Pensé que después del fallecimiento no se haría más el Valijero. Pero sí, disminuyó la propia frecuencia, con la diferencia que se recolecta dinero para el ministro De Vido y el propio Baratta. No quise anotar más por temor a que me descubran y quede sin trabajo. Pero decidí hacerlo porque en una reunión que tuvo el ministro De Vido, Baratta y la Sr. Presidenta Cristina F. Kirchner en la cual los instruyó para que sigan recaudando de las empresas para las próximas campañas electorales”, escribió Centeno en uno de sus cuadernos.

Con todo, la pregunta que ronda ahora en Argentina es: ¿Dónde están los millones de las coimas K?.

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