Erdogan, el “Sultán de Turquía”, vive su momento más crítico

2021. REUTERS/Umit Bektas/Archivo

Con la lira desplomada y una oposición que de a poco se rearma, el Presidente enfrenta un complejo panorama tanto político como económico.




No ha sido un año fácil para el Presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, pero esta semana pasó un umbral. El día martes, en menos de 24 horas, la lira turca llegó a caer hasta un 13% frente al dólar y el euro, siendo esta la mayor caída en dos décadas de la divisa. Por lo demás, la depreciación de la lira ya lleva tres semanas, y desde febrero acumula un 43% de bajada.

La caída de la lira, patrocinada por una original teoría económica liderada por Erdogan, ha traído el encarecimiento de muchos productos, además de insumos esenciales para la industria y la agricultura. El gobierno turco ha enviado policías a investigar cadenas de supermercados, en miras a multarlos por subir demasiado los precios, mientras que en las redes sociales se muestran imágenes de mercados con carteles en los que se llama a los clientes a no comprar de más, para evitar el acaparamiento.

En el plano político, aunque las próximas elecciones están previstas para 2023, varios sectores de la oposición están exigiendo un adelantamiento de los comicios. La reelección de Erdogan, quien se encuentra en el poder desde el 2014, parece cada vez más difícil.

La inquieta economía turca entró a una nueva fase en su espiral decadente este martes, cuando la lira turca llegó a caer hasta un 18% dentro del mismo día, debido a la firmeza con la que Erdogan sigue defendiendo sus políticas económicas. El parecer del presidente es el siguiente: los intereses altos provocan los precios altos, así que hay que bajarlos a como dé lugar. El Banco Central turco, por su parte, ha ido recortando los tipos de interés, siguiendo la batalla en lo que Erdogan considera “una guerra económica de la independencia.

El problema es que esto se contradice con cualquier política monetaria ortodoxa, y ha llevado al país a una inflación que no se veía hace décadas. Semih Tümen, exdirector del Banco Central, que fue removido el mes pasado, declaró en la prensa: “Debemos abandonar este experimento irracional que no tiene chance de triunfar, lo antes posible, y así traer de vuelta las políticas normales que sirvan al bienestar del pueblo turco”.

En entrevista con La Tercera, el periodista Mustafa Aykol analiza la crisis económica turca: “Acá hay tres factores centrales: primero, la dogmática insistencia del presidente en su particular teoría sobre las tasas de interés, que viene de una ideología islamista que él mismo había dicho abandonar. Segundo, la excesiva autoconfianza del presidente, que no es capaz de admitir ningún error, mucho menos públicamente, y tampoco de respaldar alguna decisión política. Y tercero, el control absoluto de Erdogan sobre el aparato estatal, que no ha dejado ninguna institución independiente, ni siquiera el Banco Central.

Por todo esto, las encuestas en Turquía están mostrando serios problemas de encarecimiento para la población: según Metropoll, el 72% de los turcos enfrenta “muchas dificultades” por el encarecimiento de la vida, y el 80% afirma tener problemas para pagar las facturas de luz, agua y gas.

“En lo personal, me recuerda el caso de (Trofim) Lyssenko en la Unión Soviética, en la que una combinación de dogmatismo ideológico y absolutismo para con la persona terminaron arruinando la agricultura soviética. Es triste ver a Turquía llegar a un estado así hoy, y solo espero que este sea al menos el inicio de un cambio político que restaure la democracia liberal y la salud política. Este país ha perdido mucho de ambas cosas en la década pasada”, opina Aykol.

Por esta misma presión creciente es que Erdogan se ha visto en la necesidad de buscar ayuda donde menos lo hubiese pensado. Este miércoles, en una visita inesperada en Ankara, el príncipe de los Emiratos Árabes Unidos Mohammed Bin Zayed (llamado MBZ por la prensa inglesa) comprometió la inversión del equivalente a 10 mil millones de dólares en Turquía, para activar la economía del país.

En la conversación entre líderes –y en cierta medida, rivales–, los dos países de Medio Oriente han coincidido en que les conviene juntar fuerzas contra un enemigo regional mayor: Irán. Durante los últimos años, Turquía y los Emiratos Árabes se habían encontrado apoyando bandos contrarios en los conflictos que sacuden el Medio Oriente. En la guerra civil libia, mientras Ankara apoyaba el bando de Trípoli, Abu Dabi apostaba por Tobruk. En 2013, los Emiratos Árabes Unidos apoyaron un golpe de Estado en Egipto, que removió un gobierno islamista que se aliaba con Turquía.

Debido a estas rivalidades, desde 2012 que el príncipe emiratí no visitaba Turquía. El encuentro de este miércoles significó cierto alivio para la economía turca, que tiene buenas infraestructuras y mano de obra barata para ofrecer a los Emiratos. Eso sí, Abu Dabi no podrá superar el rol de Qatar, estado con el que se ha trazado una alianza tanto estratégica como política. Las inversiones de MBZ, que representa al Abu Dhabi Development Holding, irán en distintos sectores: energético, tecnológico, portuario, turístico y logístico.

Pero como es de esperar, esta visita no termina ni de cerca de arreglar los problemas de Erdogan, que ya no son solo de índole económico. Quien fuera alguna vez llamado el “Sultán de Turquía”, y la figura más querida en el país después del líder de la independencia Atatürk, ve cómo sus días en el sillón de Ankara se agotan.

Su aprobación va a la baja, y figuras opositoras como los alcaldes de Estambul y Ankara le están ganando en popularidad. Por lo demás, este año por primera vez las encuestas situaron a una coalición opositora (con socialdemócratas, derechistas e islamistas), con una intención de voto mayor que la coalición gobernante, compuesta por el partido de Erdogan y otro ultraderechista. Ambos pactos recibirían cerca del 40% de apoyo, mientras que el resto del electorado iría por partidos más pequeños.

El fin del periodo actual de Erdogan es en 2023, luego de las elecciones en junio de ese año. A pesar de eso, y más motivados por la crisis económica, gran parte de la oposición está alegando para adelantar las elecciones. Socialdemócratas, prokurdos, nacionalistas y hasta exaliados del presidente han reclamado por nuevos comicios y se han anunciado distintas manifestaciones para la próxima semana. Por su parte, el líder del principal partido opositor, Kemal Kilicdaroglu, anunció que “hará todo lo posible” para forzar el adelanto de las elecciones generales.

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