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Grandes fortunas de Francia rompen su discreción y apuestan a financiar la carrera presidencial de Marine Le Pen

De la mano de Vincent Bolloré y Bernard Arnault, el partido de extrema de derecha Agrupación Nacional tiene hoy más facilidades que nunca para conseguir financiamiento y medios favorables a sus ideas, en miras a las elecciones presidenciales de 2027.

Marine Le Pen anunciando su candidatura a la presidencia en TF1.

Luego de 15 años siéndole esquivos, los millonarios franceses están abandonando a la derecha tradicional y motivando la llegada de Marine Le Pen al Palacio del Elíseo en 2027. Generalmente, la líder de la extrema derecha afrontaba el rechazo de la banca para costear su campaña presidencial. No obstante, de cara a su cuarta candidatura ya cuenta con el respaldo de varios magnates.

Entre sus adeptos se encuentran el empresario mediático ultraconservador Vincent Bolloré y el creador de la empresa Smartbox, Pierre-Édouard Stérin. Ahora, su núcleo de apoyo se ha extendido hasta sumar al presidente y director ejecutivo de LVMH, la mayor empresa de artículos de lujo del mundo, Bernard Arnault, el hombre más adinerado de Francia.

Medios y voces de izquierda vienen advirtiendo sobre la denominada “bollorización” del paisaje mediático francés, aludiendo al creciente dominio de Bolloré sobre televisión y cine (Canal+, CNews), radio (Europe 1), prensa escrita (Le Journal du Dimanche y publicaciones del grupo Prisma) y editoriales (Hachette). Con esto, los argumentos de Agrupación Nacional, el partido de Le Pen, tienen todo un “ecosistema” para hacerse escuchar en el Hexágono.

Vincent Bolloré, multimillonario francés.

Vincent Bolloré, de 74 años y con un patrimonio calculado en unos 10 mil millones de euros, se cuenta entre las mayores fortunas de Francia. Durante años promovió la unificación del espacio de derecha, y en el otoño de 2025 sostuvo un encuentro reservado con Marine Le Pen. De ahí, en 2026 ayudó a proyectar políticamente a su pupilo Jordan Bardella, cuyos libros fueron editados por Fayard, editorial controlada por Hachette.

Pero su control del espacio mediático es contestado frecuentemente: Con el intelectual Bernard-Henri Lévy como impulsor, un centenar de escritores vinculados a la editorial Grasset denunciaron la primavera pasada “la guerra ideológica que pretende imponer el autoritarismo en la cultura y los medios”.

De igual modo, encabezados por la actriz Juliette Binoche, cerca de 600 profesionales del cine llevaron adelante un boicot contra el magnate mediático y difundieron en el diario Libération una carta abierta desde el Festival de Cannes en la que advertían sobre el avance ideológico de la extrema derecha.

El escándalo más reciente vinculado a los medios de Bolloré fue la salida de la comentarista de CNews Xenia Fedorova, señalada por el gobierno francés como agente de propaganda rusa. CNews ha sido equiparada con cadenas como Fox News o GB News por convertirse, según sus críticos, en una plataforma que propaga mensajes conspirativos, reaccionarios y xenófobos.

Entre los episodios denunciados figura la humillación pública padecida por el alcalde de Saint-Denis, Bally Bagayoko, luego de ganar la elección este año. Como el primer alcalde negro de Saint-Denis (perteneciente al partido de extrema izquierda La Francia Insumisa), ha sido blanco de graves ataques racistas y comentarios denigrantes en medios de comunicación franceses.

Bolloré, que se declara católico practicante y se autodefine públicamente como “cristiano demócrata”, ha defendido su papel en los medios y negado encarnar un proyecto autoritario. Ante un comité parlamentario afirmó que CNews “no tiene ningún proyecto ideológico” de extrema derecha y atribuyó su audiencia a que, en su opinión, “dice la verdad”. Aun así, a un año de las presidenciales, promovió la fundación del Instituto de la Esperanza, un think tank que, según su propia descripción, busca “devolver el sentido común y la prosperidad a Francia”, y que se muestra alineado con propuestas planteadas por Le Pen.

Bernard Arnault, presidente y director ejecutivo de LVMH, la mayor empresa de artículos de lujo del mundo.

Bernard Arnault, que hace poco salió de la lista de los 10 hombres más ricos del planeta, dirige el grupo LVMH y posee un patrimonio estimado en cerca de 123 mil millones de euros. A sus 77 años exhibe una creciente visibilidad política: en abril compartió una cena en el restaurante parisino Drouant con Marine Le Pen y otros grandes empresarios, según reveló Le Nouvel Observateur.

La presencia de Arnault en la toma de posesión de Donald Trump fue leída como un gesto de acercamiento hacia posturas de extrema derecha, impulsado también por su hijo Alexandre, cercano al trumpismo y a Jared Kushner (el yerno de Trump), y por sus afinidades con figuras como Jordan Bardella. Ante las presidenciales, Arnault ha dejado de lado parte de su discreción: creó una cuenta en X y criticó públicamente un reportaje de investigación del diario Le Monde sobre su imperio, bromeando sobre su propia situación.

Su peso político se refleja ahora también en las redes, pese a que su esposa, la pianista Hélène Mercier, generó titulares al declarar que, en un hipotético duelo entre Jean-Luc Mélenchon (el líder de La Francia Insumisa) y Agrupación Nacional, ella respaldaría al partido de extrema izquierda.

Pierre-Édouard Stérin, el millonario francés fundador de Smartbox.

Más discreto pero igualmente activo es Pierre-Édouard Stérin, creador de la empresa Smartbox y con un patrimonio calculado en 1.400 millones de euros. Stérin llegó a fijar su residencia fiscal en Bélgica durante el gobierno de François Hollande y prepara su regreso a Francia a través de un proyecto de “metapolítica” llamado Projet Périclès.

Inspirado en estrategias como las de la Heritage Foundation que contribuyeron al ascenso de Trump, Stérin busca impulsar una agenda afín a Le Pen: renovación nacional, límites a la inmigración y lucha contra el “wokismo”. Se describe como católico tradicionalista y “ultraliberal” y, de acuerdo con cálculos, habría destinado hasta 150 millones de euros en la última década a financiar iniciativas conservadoras.

Sus lazos personales con la líder de Agrupación Nacional son destacables: durante la campaña de 2022 prestó su mansión en Normandía para que Le Pen se preparase para el debate con Emmanuel Macron. En 2023 compró por 2,5 millones de euros la villa de Rueil-Malmaison que pertenecía a Jean-Marie Le Pen, el padre de la candidata de extrema derecha.

François Durvye, brazo derecho de Stérin al mando de su fondo Otium Capital, llegó a desempeñarse como asesor económico de Jordan Bardella hasta este verano.

Marine Le Pen, la carta presidencial del partido de extrema derecha Agrupación Nacional. Sarah Meyssonnier

La concentración del mercado mediático en las manos de Bolloré y afines ha traído problemas para los trabajadores del rubro: “Existe cierta autocensura entre los periodistas con respecto a estos multimillonarios. Después de todo, podrías arruinar tu relación con un posible futuro empleador”, comentó Amaury de Rochegonde, periodista económico del semanario Stratégies y de Radio France Internationale, en declaraciones a la cadena Deutsche Welle.

Bolloré y Stérin también han unido fuerzas: “Ambos se han reunido y parecen querer una unión de la extrema derecha, es decir, el ala conservadora de los republicanos, con Agrupación Nacional”, sostuvo Rochegonde.

Alexis Lévrier, historiador de medios de la Universidad de Reims, comprobó en carne propia lo que implica “dar una patada a ese imperio”: “Recibí miles de mensajes: insultos, pero también amenazas de muerte, incluida una de un traficante de armas”. El detonante fue una entrevista a finales de febrero. En ella, Lévrier exigió la revocación de la licencia de CNews, al igual que de C8, otro canal propiedad de Bolloré.

C8 había recibido previamente decenas de advertencias por sexismo y homofobia, entre otras cosas. “Muchos de mis colegas de investigación ya no se atreven a denunciar el imperio Bolloré. Las figuras culturales francesas también han guardado silencio. Tradicionalmente, eran defensores de los valores humanistas”, afirmó.

Pero para Hervé Joly, historiador del Centro Nacional para la Investigación Científica (conocido como CNRS), Stérin y Bolloré son la excepción. “Agrupación Nacional apenas tiene defensores públicos entre los empresarios”, explicó a Deutsche Welle. “Históricamente, los empresarios no apoyaban a la extrema derecha antes de que llegara al poder. Los empresarios suelen apoyar a partidos conservadores consolidados”.

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