Libros narran la génesis del actual laberinto peruano

El Presidente de Perú, Martín Vizcarra, Pedro Pablo Kuczynski y la vicepresidenta Mercedes Aráoz, tras las elecciones de 2016.

La renuncia en 2018 de Pedro Pablo Kuczynski destapó un entramado de corrupción detrás de decisiones políticas clave.




"Se me hace injustamente aparecer como culpable de actos que no he cometido, pienso que lo mejor es que renuncie". Así, el 21 de marzo de 2018 y luego de meses de alta tensión, el entonces Presidente peruano Pedro Pablo Kuczynski (PPK) hizo público a través de un video su salida tras dos mociones de vacancia en el Congreso. Si los presuntos vínculos con Odebrecht no fueron suficientes para sacarlo del poder en una primera instancia, el indulto otorgado a Alberto Fujimori, un día antes de Navidad, fue el golpe mortal para PPK.

La renuncia al Palacio Pizarro significó para Kuczynski el fin de su carrera política, pero para su entonces vicepresidente, Martín Vizcarra, el caos se transformó en un inesperado ascenso al poder.

Durante un año, el periodista peruano Marco Sifuentes, investigó y entrevistó al círculo de Kuczynski, con el objetivo de darle forma a la biografía no autorizada K.O. P.P.K. Caída pública y vida secreta de Pedro Pablo Kuczynski. "PPK es el primer Presidente en décadas que no cumple su mandato en el Perú y esa era la historia que había que contar", señala Sifuentes en conversación con La Tercera.

Es que PPK-o Pipo como le decían en el colegio- asumió la Presidencia con un 70,4% de aprobación y con una larga trayectoria en el país. Sin embargo, una mezcla entre su personalidad -a la que varios entrevistados denominaron "asperger"-, la fuerte oposición de Keiko Fujimori y la idea de no repetir el destino de Augusto B. Leguía, el "único Presidente peruano que ha muerto en calidad de prisionero", desembocaron en una segunda vacancia en su contra que dio paso a su renuncia.

Hasta el último momento PPK amenazó al Congreso que de ser vacado, sus dos vicepresidentes (Martín Vizcarra y Mercedes Aráoz) renunciarían, lo que hubiese derivado automáticamente en elecciones. Pero eso nunca ocurrió.

"Para la segunda vacancia Vizcarra era embajador en Canadá (además de vicepresidente) y dejó de contestarle el teléfono al mandatario y a quienes le solicitaban que renuncie. En cambio, mantenía al menos dos reuniones con el fujimorismo y una con César Villanueva, que promovía la vacancia", sostiene a La Tercera Martín Riepl, periodista peruano y autor del libro Vizcarra: Una historia de traición y lealtad, una biografía lanzada en la Feria del Libro de Lima, que intenta dilucidar si Vizcarra traicionó o no a PPK.

En su investigación, Riepl ahondó en el círculo de Vizcarra en Moquegua, región en la que desarrolló una brillante carrera como gobernador, mientras a nivel nacional era un desconocido, por lo que para muchos fue una total sorpresa que Kuczynski lo convocara.

"Vizcarra fue llamado al final como una suerte de candidato atractivo para la clase media, profesional y provinciana", cuenta Riepl. En eso coincide Marco Sifuentes: "La frase literal de Carlos Bruce, congresista, fue que 'habían muchos blancos y había que equilibrar'. Así llega Vizcarra".

Ambos autores estiman en que Vizcarra debió pensar que en algún momento asumiría el poder, ya que los rumores de vacancia se iniciaron a los pocos meses de gobierno y porque PPK ya tenía 77 años al momento de su candidatura. Así, un "desconocido " quedó a la cabeza de Perú en marzo 2018, en medio de una crisis de confianza hacia los políticos acusados de corrupción y respecto del fujimorismo tras la polémica salida de PPK.

"La mayoría de los entrevistados considera a Vizcarra una persona muy desconfiada, por lo que durante los primeros meses hubo una luna de miel con el fujimorismo, pero creo que el Presidente estaba midiendo fuerzas", aclara Riepl.

Tras 16 meses de gobierno y en una maniobra "sorpresiva", el 28 de julio pasado Vizcarra anunció un proyecto para adelantar las elecciones. "Vizcarra se irá como un mártir que se lleva al Congreso, que son vistos como los villanos. Es obvio que la popularidad de Vizcarra va a subir", dice Sifuentes. Mientras que para Riepl, "fue una propuesta arriesgada, pero inteligente. Vizcarra es políticamente huérfano, no tiene bancada ni partido político, pero con el adelanto de elecciones no se desgastará y se irá en 2020, generando expectativas sobre una posible candidatura".

Sin embargo, la historia esconde una "gran ironía", porque si el Congreso no aprueba la idea de Vizcarra, éste puede renunciar y a la par su vicepresidenta para convocar comicios. Pero Aráoz bien podría no hacerlo, lo que repetiría el escenario de marzo de 2018.

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