Por Cristina CifuentesVaticano excomulga a obispos y sacerdotes cismáticos y advierte a sus seguidores
Un documento firmado por el cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, define el rito celebrado el 1 de julio como un “acto de carácter cismático”, con una nota explicativa que detalla la grave sanción canónica de la excomunión.

El Vaticano excomulgó a un grupo rebelde de católicos ultraconservadores que desafiaron al Papa León XIV ordenando obispos sin su consentimiento, creando un cisma en la Iglesia Católica Romana.
En un comunicado emitido el jueves, el cardenal Víctor Manuel Fernández, director del Dicasterio para la Doctrina de la Fe de la Santa Sede, afirmó que el grupo de la Sociedad de San Pío X (FSSPX), fundada en la localidad suiza de Écône en 1970, había “cometido un acto de carácter cismático” que, según el derecho canónico, se castiga con la excomunión automática.
El Vaticano fue más allá de lo previsto y declaró que todos los sacerdotes de la FSSPX y todos los católicos que se adhirieran formalmente a ella estaban en cisma y excomulgados. El Vaticano también revocó las concesiones sobre los sacramentos que el difunto Papa Francisco había hecho a la congregación, lo que significa que las confesiones y los matrimonios celebrados por sus sacerdotes son inválidos.
En total, la FSSPX afirma tener 1.500 miembros -entre seminaristas, hermanos, oblatos y religiosas- repartidos por 77 países. Un cisma es un término que indica una ruptura formal y grave dentro de la Iglesia.

Aunque la declaración no definía qué constituye la adhesión formal al cisma para los laicos, indicó The Guardian, “respaldaba explícitamente una nota de 1996 del entonces Consejo Pontificio para los Textos Legislativos, que decía que la adhesión formal al cisma constaba de dos elementos: elegir conscientemente la adhesión a la sociedad por encima de la obediencia al Papa, y la “participación exclusiva en los actos ‘eclesiales’ lefebvrianos, sin participar en los actos de la Iglesia Católica”, en referencia al fundador del grupo, el arzobispo Marcel Lefebvre".
Según señaló el portal National Catholic Reporter, “esta decisión supone un castigo sorprendentemente severo por parte del Vaticano y del Papa, quien ha hecho de la unidad de la Iglesia un sello distintivo de su pontificado, para un grupo que durante mucho tiempo ha sido una espina clavada para Roma por afirmar ser católicos mientras rechazan abiertamente la autoridad de la Iglesia”.
La decisión llega después de una multitudinaria ceremonia celebrada el 1 de julio en Écône (Suiza), sede histórica de la FSSPX. Según los organizadores, unas 16.500 personas asistieron al acto, entre ellas miles de fieles llegados de Francia, Estados Unidos y Polonia. Durante más de cinco horas, la Fraternidad escenificó la transmisión de la sucesión episcopal a cuatro nuevos obispos, en un gesto que el Vaticano ya había calificado previamente como un “acto cismático”.
La sociedad, conocida por sus siglas FSSPX, celebra la antigua misa en latín y se opone a las reformas modernizadoras de la Iglesia Católica, que considera plagadas de herejías y errores.

La excomunión afecta a los franceses Michel Poinsinet de Sivry y Marc Hanappier, al estadounidense Michael Goldade y al suizo Pascal Schreiber, los cuatro nuevos prelados ordenados en Suiza. También fueron excomulgados el español Alfonso de Galarreta y el suizo Bernard Fellay, por haber actuado como consagrantes sin autorización papal, según el documento firmado por el cardenal argentino Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe.
Pese a la sanción anunciada por Roma, la Fraternidad defendió las ordenaciones como una “necesidad” para garantizar su continuidad. Su superior general, el padre Davide Pagliarani, aseguró que la organización no pretende separarse de la Iglesia Católica y lamentó no haber podido reunirse personalmente con León XIV para exponer sus argumentos. La FSSPX sostiene que estas consagraciones son indispensables para preservar la tradición doctrinal y asegurar futuras ordenaciones sacerdotales.
El jefe de la doctrina del Vaticano, el cardenal Víctor Manuel Fernández, se reunió en febrero con el superior de la FSSPX, el padre Davide Pagliarani, y le propuso un diálogo. Pero Pagliarani solicitó reunirse con León XIV, quien declinó la solicitud, pero escribió una carta el martes suplicando a la FSSPX que cancelara las consagraciones.
Los fundadores
El arzobispo francés Marcel Lefebvre fundó la FSSPX en 1970 en oposición a las reformas modernizadoras del Concilio Vaticano II. Entre otras cosas, las reuniones de la década de 1960, conocidas como Vaticano II, revolucionaron las relaciones de la Iglesia con otros cristianos, judíos y personas de otras religiones, y permitieron que la misa se celebrara en lengua vernácula en lugar de en latín.
En 1988, Lefebvre consagró a cuatro obispos sin el consentimiento papal. El Vaticano excomulgó de inmediato a Lefebvre y a los cuatro obispos, y declaró que las consagraciones eran un “acto cismático”.
En 2009, el Papa Benedicto XVI levantó las excomuniones como parte de su acercamiento al grupo, que se prolongó durante años. Sin embargo, la FSSPX carece hoy de reconocimiento legal en la Iglesia y, con el decreto del jueves, se declara en cisma.
Las consagraciones habían supuesto una crisis para León XIV, ya que el papa estadounidense había insistido en la necesidad de la unidad de la Iglesia. Se había acercado especialmente al sector conservador y tradicionalista de la Iglesia, que en muchos sentidos se había distanciado durante el pontificado del Papa Francisco.
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