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Altas temperaturas activaron de golpe las alergias

La estación de las flores y la polinización llegaron al aire antes que al calendario: árboles, pastos, viento y temperaturas cálidas accionan una invisible cadena de polen que puede convertir septiembre en un mal mes para los alérgicos.

Primero es un estornudo. Después otro. La nariz comienza a picar, los ojos se irritan y, para algunos, respirar por la boca se convierte en la única alternativa. Afuera parece estar cambiando de estación, las mañanas todavía pueden recordar al invierno, pero durante el día el sol calienta con fuerza, los árboles comienzan a despertar y el aire se llena de partículas que el ojo humano no puede ver. Para quienes son alérgicos, la primavera no comienza con una fecha en el calendario. Comienza en la nariz.

“Empezó la polinización de árboles y ahora, a mediados de septiembre, lo que más se encuentra en el aire son pólenes de árboles, principalmente el plátano oriental”, explica Rocío Tordecilla, inmunóloga del Hospital Clínico de la U. de Chile y presidenta de la Sociedad Chilena de Alergia e Inmunología.

No necesariamente se trata de una primavera excepcional. Lo que pudo resultar llamativo, dice, fue la rapidez del cambio. Después de un invierno lluvioso “pasó un par de días cálidos para que empezaran a polinizar los árboles”.

Patricio González, agroclimatólogo de la U. de Talca, señala que en esta época el aumento de las temperaturas y la ausencia de precipitaciones favorecen una intensa polinización, particularmente de árboles frutales y plátanos orientales. El viento completa el trabajo. Transporta el polen desde los árboles y permite que las partículas recorran grandes distancias. Lo que para una planta es una estrategia reproductiva, para una persona sensibilizada puede convertirse en una exposición invisible.

La paradoja primaveral

El polen que hace llorar los ojos y congestiona la nariz es exactamente el que permite que una flor se transforme en fruto. La polinización es indispensable para la agricultura. En ella participan abejas y otros insectos, además de aves y viento. Las temperaturas también importan, y González explica que las abejas necesitan alrededor de los 23°C para volar activamente. Cuando hace demasiado frío, disminuye su actividad y puede retrasarse la fecundación de las flores. Cuando las temperaturas suben, en cambio, la naturaleza acelera.

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Los árboles liberan polen y los insectos vuelven a moverse. En la zona central, septiembre y octubre concentran buena parte del proceso. Más adelante adquieren mayor importancia las gramíneas -arroz, maíz y trigo- y otros pastos, cuya polinización puede extenderse hasta enero.

Pero hay otro factor que intervino antes de que llegara la primavera: el agua. Las lluvias favorecieron el crecimiento de los pastos. Después, al instalarse días secos, cálidos y ventosos, esas plantas entran en su propio ciclo de polinización. La lluvia tiene, además, un alivio inmediato -pero efímero- sobre el aire al arrastrar parte de las partículas suspendidas hacia el suelo.

Para algunas personas, la enorme cantidad de partículas liberadas por los árboles convierte ciertos espacios urbanos en lugares difíciles de transitar durante los periodos de mayor polinización. Pero culpar únicamente al árbol sería simplificar demasiado la historia. “En general, tú eres alérgico a menos que hagas algo para no ser alérgico”, explica Tordecilla. La intensidad de los síntomas puede cambiar de un año a otro, dependiendo de la cantidad de polen, la exposición y otros factores ambientales, pero eso no significa necesariamente que la alergia haya desaparecido.

Y tampoco es necesario haber sido alérgico desde niño. “No es que tú naces alérgico, sino que te puedes hacer alérgico”, señala la especialista. Una persona puede sensibilizarse después de años de exposición, particularmente en ambientes donde existe una alta concentración de determinados alérgenos.

La polinización es indispensable para la agricultura. En ella participan abejas y otros insectos, además de aves y viento. Pavlofox

Para Alexis Kalergis, académico UC y director del Instituto Milenio en Inmunología e Inmunoterapia, la alergia corresponde a una respuesta del sistema inmunológico frente a sustancias que para la mayoría de las personas son inocuas. Entre ellas están los pólenes, ácaros y determinados alimentos. La diferencia está en cómo responde cada organismo.

“La inmunoterapia alérgeno-específica” constituye una de las estrategias desarrolladas para modificar esa respuesta, explica. Consiste en administrar de manera controlada pequeñas cantidades del alérgeno para favorecer progresivamente una mayor tolerancia del sistema inmunológico. Es una diferencia importante respecto de los antihistamínicos, que solo ayudan a controlar los síntomas. La inmunoterapia busca intervenir la respuesta del organismo frente al desencadenante.

Por ahora, la temporada recién comienza. Tordecilla explica que septiembre marca el inicio del periodo de mayor polinización estacional, pero que después los pastos toman protagonismo y pueden extender las molestias hasta enero en Santiago. La temporada tampoco es idéntica en todo Chile.

Para los alérgicos, la recomendación es anticiparse. Tener disponible la medicación indicada por el médico tratante y reducir, cuando sea posible, la exposición a los alérgenos puede ayudar a controlar los síntomas. En exteriores, lentes de sol y mascarillas pueden disminuir el contacto con las partículas suspendidas. Mientras tanto, el ciclo continuará.

Los árboles necesitan polinizar. Las abejas necesitan volar. El viento seguirá trasladando partículas invisibles y las lluvias, cuando aparezcan, limpiarán temporalmente el aire.

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