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Colegio Campanario, la formación escolar según Kast

El establecimiento particular ubicado en Buin es quizás el proyecto donde la futura familia presidencial se ve más reflejada: los nueve hijos del próximo mandatario salieron de ahí. Lo que en ese recinto se enseña es fiel reflejo de cómo deberían ser los ciudadanos, según el clan.

El 29 de octubre, día de la tradicional despedida de los cuartos medios del Colegio Campanario de Buin, la familia Kast Adriasola vivió una jornada especial: Benjamín, el menor de sus hijos, estaba entre los que decían adiós. Con ello, el matrimonio cerraba un ciclo escolar de casi tres décadas como apoderados en el mismo recinto. Por eso mismo -y aunque como sostenedores también acostumbran a participar de casi todas las actividades del establecimiento-, Adriasola hizo un gesto especial. Tomó una guitarra y la tocó en la banda musical conformada por alumnos del electivo y apoderados para interpretar ‘Un beso y una flor’, de Nino Bravo.

Adriasola, detrás de la persona en el podio

La imagen es un reflejo de que el Colegio Campanario no se entiende sin la familia Kast. Al fondo del mismo terreno del establecimiento ubicado en Camino a Linderos, en Alto Jahuel, están las casas del futuro presidente y su señora, las de algunos hijos y la de los Palomer, otros de los sostenedores del recinto. Al domicilio de Kast no se puede llegar sin pasar por el colegio, quizás si lo que mejor grafica el vínculo entre ambos.

Pero la relación va mucho más allá que sólo un espacio compartido: en el colegio estudiaron los nueve hijos de Kast y el último fue uno de los 39 egresados que rindieron la PAES, los que promediaron 815,7 puntos entre Competencia Lectora y Matemáticas 1 y que ubicó al recinto en el puesto 60 del ranking nacional. Los otros hijos de Kast que salieron antes del colegio, como Josefina y Matías, fueron parte del centro de estudiantes, y la próxima primera dama ha realizado talleres de sexualidad y afectividad para alumnas. En su entorno señalan que no quiere dejar de hacerlo y el futuro presidente, por su parte, de tanto en tanto sigue participando de algunas actividades del colegio, como ceremonias religiosas.

Como apoderado y en medio de debates y giras, el futuro mandatario estuvo presente el 30 de octubre para el último día de clases de la generación 2025 a la que pertenece su hijo. Una misa, la ‘Ceremonia del Árbol’ y un video fueron parte de esa jornada. Algunos presentes cuentan que de reojo y debido a su creciente exposición las miradas se iban, de tanto en tanto, sobre José Antonio Kast, quien iba por su tercer intento de llegar a La Moneda. Eso sí, el entonces candidato buscaba pasar desapercibido y no quitarles protagonismo a su hijo ni a los alumnos, cosa que, en todo caso, acostumbra lograr durante las actividades del colegio, donde -casi- todos se conocen. Aun siendo sostenedor, Kast es uno más.

Así lo grafica la madre de una alumna del recinto. “Él vive al lado, son apoderados muy presentes y conocen de toda la vida a todo el mundo. Alto Jahuel tiene una calle principal y te topas a la gente todo el rato en el supermercado, en la feria o en la farmacia”.

Kast, arriba a la derecha

Fue en esos contextos, sumado el colegio, que tras ganar el balotaje y en los días posteriores la mayoría de los vecinos de Alto Jahuel -muchos apoderados del Campanario como él- felicitaron a Kast en la medida en que se lo iban cruzando. El colegio, resumen muchos desde adentro, funciona como una familia ampliada, donde implícitamente se ha buscado proteger su intimidad, porque el revuelo en la interna era inevitable: pocas veces el dueño de un recinto educacional, con largos años de historia en él, se transforma en presidente de la República.

Por eso, a los padres no les llamó demasiado la atención el, hasta ahora, único correo electrónico que entre la primera y la segunda vuelta llegó desde la dirección del recinto y que, sin obligar, trataba de dar luces sobre cómo enfrentar a los medios de comunicación que se aglomeraban en el acceso. “Se trataba de proteger a los niños”, resume otro apoderado que no quiere dar su nombre y quien añade que entendió que optar por la reserva era la forma de resguardar a los menores y al colegio. Muestra de ello es que para esta nota ninguna de las pocas personas dispuestas a hablar quiso dar su nombre y, a pesar de buscar la participación de la directora, Rebeca Conte, hasta el cierre de esta edición no hubo respuesta.

El colegio

El Colegio Campanario, particular y científico-humanista, fue reconocido oficialmente por el Mineduc en 1998. Es mixto y sus cursos van desde preescolar hasta cuarto medio. Para postular, a los más pequeños no les hacen pruebas ni exámenes. El filtro es la entrevista a los padres. A partir de primero básico sí se piden exámenes de admisión de Matemática, Lenguaje e Inglés, con temarios definidos para cada nivel. El valor de la mensualidad ha ido variando en el tiempo: si en 2018 eran 10 cuotas de entre $ 310.000 y $ 355.000, hoy la cifra ronda los $ 500.000.

En sus inicios y durante 15 años -hasta 2013- al Campanario lo apoyó la Fundación Educacional Barnechea. El colegio hoy forma parte de la Red de Colegios de la Fundación Pentecostés, donde se incluyen el Monte Tabor y Nazareth, de Lo Barnechea; el Sagrada Familia, de Reñaca, o el San Miguel Arcángel, de Las Condes, entre otros de Portugal, México o España. Todos ellos se basan en la espiritualidad de Schoenstatt, movimiento católico centrado en la figura de la Virgen. El modelo pedagógico es el Kentenijiano, que tiene el propósito de plasmar en el ámbito escolar los principales aspectos de Schoenstatt.

“Nuestras ideas se defienden solas en la medida en que ustedes sepan cómo llevarlas a la práctica, y se llevan a la práctica cumpliendo las obligaciones que uno tiene desde las más básicas en el colegio: educar a nuestros niños y a nuestros infantes para una educación saludable. ¿Qué sacamos con tener un quiosco saludable si los padres les compramos en el supermercado unas bolsitas? Trabajemos desde la infancia”, fue una de las frases del discurso de Kast el día que ganó el balotaje, homologable a lo que ocurre en el Campanario.

El énfasis curricular, si bien está puesto en la formación humanista científica, también aborda el arte, la música, el teatro, el inglés, el ámbito ciudadano, la tecnológica y el deporte. Pero, además, se abarca la fe, la afectividad y la sexualidad. Así se explayan los documentos oficiales del recinto: “El proyecto educativo se sustenta en la visión del ser humano como un ser creado a imagen y semejanza de Dios, que posee una dimensión corporal y espiritual, con inteligencia y voluntad, y cuyos fines son el amor y el conocimiento de la verdad”.

La distinción máxima del colegio es el reconocimiento San José, pensado como el santo que guía los valores que allí se imparten.

La formación según Kast

“Los estamos invitando a una travesía para recuperar esos valores esenciales para una vida correcta y sana”.

El 14 de diciembre, y tras haber obtenido una abultada victoria frente a Jeannette Jara, Kast dio su primer discurso como mandatario electo. Y ahí, durante casi una hora, estableció los ‘desde’ para su gestión, muchos de ellos en relación a lo valórico. Y también a lo conductual.

En el entorno del futuro presidente cuentan que su aprecio por la autoridad y todo lo que ello conlleva ha regido buena parte de su vida, algo que también aprenden desde muy pequeños los estudiantes del Colegio Campanario, del cual la familia Kast es una de sus sostenedoras, y donde tal vez más tiempo y energía han dedicado como núcleo. Quizás por ello es que aunque Kast se ha alejado de casi todos los negocios familiares, del colegio no lo ha hecho, porque para muchos de quienes lo conocen representa cómo debiese ser el mundo.

Para el clan, el orden y la autoridad, según repiten como un mantra, se han perdido en Chile. Desde los colegios -no el suyo- hasta las calles, acorde han analizado, la obediencia se esfumó y Kast quiere traerla de vuelta.

De hecho, en otro pasaje del discurso tras la victoria electoral, el fundador del Partido Republicano señaló que “en Chile tiene que quedar claro que cuando se cumplen las normas, el Estado también tiene que cumplir”, muy en línea con lo que había señalado en la antesala de la primera vuelta, cuando prometió: “Vamos a recuperar el respeto, la autoridad y la ley”. Esas últimas palabras no son una casualidad: son una de las máximas de vida del futuro presidente.

Eso también se enseña en el Campanario, fundado el 25 de junio de 1997 por Raimundo García del Campo, Felipe Rodríguez Correa, Francisco Javier y José Miguel Ruiz-Tagle Pemjean, Fernando Aguirre Portales, Cristián Duarte Barriga y Andrés Palomer Roggerone, bajo el nombre de Sociedad Educacional Campanario S.A., siete familias a las cuales Kast se sumó casi un año después, cuando era concejal de Buin por la UDI y el recinto ya había abierto con reconocimiento oficial del Mineduc.

Las 7 familias fundadoras en 1997.

Por ese entonces, y según recuerdan trabajadores de la época del municipio, todo se revolucionó en torno al colegio, que según su historia pública nació con foco en la familia, basado en la visión cristiana del hombre y la sociedad, y que así formaría integralmente a sus alumnos. “Los adultos estamos llamados a ser causa ejemplar que motive a comprometer la adhesión libre de los alumnos a la autoridad, ejercida con firmeza, pero con cariño al mismo tiempo“, se lee en el reglamento interno del establecimiento. Las similitudes entre ambas declaraciones de principios, la de Kast y la del colegio, son ineludibles.

El último directorio conocido del establecimiento lo integraban Andrés Palomer, excandidato a concejal por el Partido Republicano en Algarrobo; su esposa Ximena Music y su hija María Paz Palomer. También estaban el hijo del nuevo mandatario, Nicolás Kast Adriasola, casado con Florencia Galilea, hija del senador Rodrigo Galilea (RN), y María Pía Adriasola. De ahí que los Kast tengan tanta ascendencia en lo que se haga o no se haga en el establecimiento. También en sus reglamentos, directrices y forma de educar. En buenas cuentas, dicen en ese entorno, en el colegio se refleja cómo deberían formarse los ciudadanos según los Kast.

La injerencia de la futura familia presidencial en el quehacer del Colegio Campanario es proporcional a la relevancia que la figura del presidente electo representa para un colegio del cual Kast es accionista mayoritario a través de Inmobiliaria e Inversiones Padua Limitada, según la última declaración de bienes y sociedades presentada ante el Servel. Esa inmobiliaria, que en un 90% controla el republicano, es dueña del 35% del recinto. A través de Padua, Kast es accionista principal desde 1998. María Pía Adriasola y la sociedad Palomer Music, el único de los matrimonios fundadores que se mantiene ligado a la institución, son los dueños de los otros paquetes accionarios.

Desde siempre, buena parte de lo que se enseña en el establecimiento -católico como Kast- bien podría ser una suerte de decálogo de la vida del exdiputado republicano.

Nada ocurre en la vida, para los que somos de fe, que no sea en relación directa con Dios”, dijo Kast el día que ganó, sumando que “a Dios le pido humildemente sabiduría, templanza y fortaleza para estar siempre a la altura de este desafío”.

En los documentos oficiales del recinto educativo se establece que el colegio adhiere “plenamente y busca formar a sus alumnos y familias de acuerdo a los principios de la doctrina de la Iglesia Católica, reflejado en el catecismo y otros documentos magisteriales”. Por ello se imparten clases de religión católica en todos los cursos, hay eucaristía, retiros espirituales y se preparan sacramentos. A quienes postulan se les pregunta explícitamente si han sido bautizados, si hicieron su primera comunión o si están confirmados. Pero esos no son los únicos paralelos que se pueden hacer entre la vida que lleva Kast y la que se encamina en el Campanario.

El futuro presidente, por ejemplo, acostumbra a tener el pelo corto. También suele presentarse afeitado y no usa collares, pulseras o aros. La descripción calza casi perfectamente con las normas de presentación personal establecidas para los alumnos hombres del colegio: “Pelo corto, ordenado y limpio. El largo del pelo no debe tocar el cuello de la camisa. No se aceptan pelos teñidos, cortes irregulares o rapados totales y/o parciales, tampoco cortes de menos de tres milímetros. Los alumnos mayores deben presentarse afeitados”.

Las mujeres, por su parte, deben tener el pelo limpio, ordenado y tomado, y no se les permite maquillaje, pelo teñido, uñas pintadas, más de dos anillos, polainas, aros en la nariz o rapados totales o parciales. A los hombres, además, se les prohíbe el uso de adornos o chapas en la corbata. Esto último es, quizás, si lo único en lo que Kast contraviene ese reglamento con su habitual chapita del Partido Republicano.

En el reglamento del colegio, además, se justifica que las normas allí establecidas “no buscan restringir la libertad de los estudiantes, sino educarlos”, y también se protegen posibles maternidades, muy en línea con lo que ha profesado Kast a lo largo de su carrera política, donde ha rechazado el aborto incluso en las tres causales ya existentes. Por el contrario, en el Campanario una alumna embarazada dispone de un prenatal de cuatro semanas, un posnatal de la misma duración y facilidades durante el proceso.

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