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El combate de los incendios forestales en Chile: una profesionalización forzada por la tragedia

De una lucha improvisada con rastrillos y camiones, a un sistema técnico apoyado por satélites, aeronaves y brigadas especializadas. La historia del combate de incendios en Chile es la de una capacitación que debió adaptarse a tragedias, cambio climático y fuegos cada vez más voraces. El testimonio de brigadistas y formadores recorren esa transformación humana, institucional y tecnológica.

Brigadas de Conaf antes del combate contra los incendios forestales. ANDRES PINA/ATON CHILE

A mediados del siglo XIX se crearon los primeros Cuerpos de Bomberos, nacidos al alero de grandes incendios urbanos. Sin embargo, su foco era la ciudad. Los incendios forestales y rurales seguían siendo enfrentados sin especialización, pese a que Bomberos colaboraba de manera ocasional cuando el fuego amenazaba zonas pobladas.

El verdadero cambio estructural llegó en 1973 con la creación de la Corporación Nacional Forestal (Conaf). Antes de esto, quien se hacía cargo de los incendios forestales era el Departamento Forestal de Carabineros, pero con poco alcance y capacidades técnicas para este tipo de despliegues. Por primera vez, el Estado asumió el combate de incendios forestales como una política pública permanente, técnica y planificada. En 1974 se conformó en la Región Metropolitana la primera brigada profesional de combate de incendios forestales y surgieron los primeros helicomandos, inaugurando una lógica distinta: brigadas entrenadas específicamente para enfrentar el fuego en entornos naturales.

Desde esa época han cambiado las brigadas, las herramientas, las capacitaciones, pero también los incendios. La voracidad de los siniestros que ocurren en zonas rurales aumentaron, según describen quienes se encargan de apagarlos año a año. El constante cambio en ese combate ha sido evidente: desde usar la intuición y una pala, a la lucha contra el fuego desde el aire. Incluso se puede anticipar su conducta con satélites e inteligencia artificial.

Desde la temporada 1980-1981, Pedro Parada (66) ha sido testigo del camino recorrido en la protección de los bosques chilenos. Su experiencia como brigadista no solo refleja el desarrollo de una institución clave como la Conaf, sino que también ilustra la lucha contra los incendios forestales en un contexto donde el cambio climático está reconfigurando la problemática con la que se enfrentan los combatientes del fuego.

Pedro Parada, actual jefe de distrito en Conaf al momento de entrar en la institución.

Comenzó su labor en la temporada cuando la Región Metropolitana contaba con solo cuatro brigadas y la infraestructura era limitada: un solo helicóptero y herramientas manuales eran el grueso de su armamento en la guerra contra las llamas. “Comenzamos con herramientas que estaban muy por debajo de lo que se tiene hoy”, recuerda.

La falta de capacitación fue una característica del pasado. Los brigadistas eran enviados al fuego sin entrenamiento, parados en la parte trasera de un camión y con solo la reserva de agua de una cantimplora. Pero hoy la situación es muy diferente, según describe. “Los jóvenes ahora reciben 10 días de instrucción y se respetan los turnos”, destaca Parada, quien también ha tenido una carrera profesional en la que ha escalado desde brigadista a jefe de distrito en Melipilla, mostrando así la importancia de la formación profesional en este campo.

Las herramientas han evolucionado en calidad y tecnología. “Antes contábamos con un buzo tipo overol y cascos de aluminio; hoy la vestimenta es ignífuga y está diseñada específicamente para proteger a los combatientes”, detalla. Las primeras indumentarias y herramientas llegaron desde Canadá, según recuerda. Ahora, en cambio, las cuadrillas salen equipadas con motobombas, motosierras y otros dispositivos de última generación, enfrentan incendios de manera más efectiva. La estrategia de combate también ha mejorado. En esto, Parada menciona que ahora se utilizan métodos de ataque directo e indirecto, así como pronósticos que permiten anticipar el comportamiento del fuego. “Antes, nos guiábamos solo por nuestra experiencia; ahora, contamos con tecnología que nos ayuda a prever el avance de los incendios”, subraya.

Sin embargo, el cambio climático ha generado nuevos retos. “Los incendios están más frecuentes y son más voraces”, lamenta Parada. Antes los brigadistas solían dirigir los incendios forestales hacia las quebradas, con el objetivo de extinguirlos allí. Ahora, según comenta, eso ya no es posible, porque el fuego no discrimina la topografía por donde pasa.

Así vestían los brigadistas de Conaf en sus inicios, con overol amarillo y casco de aluminio.

Desde su inicio, Conaf utilizó helicópteros livianos para transporte de brigadas y descargas acotadas de agua, pero la verdadera revolución aérea es reciente. El aumento de incendios de alta intensidad, potenciados por sequías prolongadas, olas de calor y vientos extremos, obligó a escalar la respuesta.

En 2015, el Estado impulsó la compra de aviones Air Tractor, diseñados para el combate inicial de incendios forestales. El salto definitivo llegó en diciembre de 2023, con la incorporación del Lockheed Hércules C-130 y un MD-87 Aero Tanker, conformando la primera flota permanente de gran capacidad del país.

Hoy, la corporación forestal dispone de 77 aeronaves —seis institucionales y 71 arrendadas— que permiten una respuesta escalonada: desde el ataque rápido en las primeras horas del incendio, hasta descargas masivas en eventos de gran magnitud. Helicópteros pesados como el Chinook, capaces de lanzar hasta 10 mil litros de agua, conviven con aeronaves medianas y livianas que transportan brigadas a zonas inaccesibles y realizan descargas de precisión mediante helibaldes.

Los incendios han afectado al sur de Chile. Sebastian Brogca

El combate moderno de incendios forestales en Chile ya no se define solo en el frente de fuego. La toma de decisiones comienza mucho antes, con sistemas de detección satelital como MODIS, VIIRS y GOES -de la Nasa-, que permiten identificar focos activos en tiempo casi real. A ello se suman modelos meteorológicos, cartografía digital y alertas tempranas, como el “Botón Rojo”, que anticipan escenarios críticos para zonas en particular.

En terreno, más de 300 brigadas y cerca de 3.000 brigadistas operan coordinadamente con Bomberos, Fuerzas Armadas, Carabineros y Senapred. El uso de maquinaria pesada también está presente, como con bulldozers, retroexcavadoras y motoniveladoras, lo que permite construir cortafuegos, abrir accesos y defender perímetros de manera indirecta. Una estrategia clave frente a incendios de comportamiento extremo.

Profesionalización después del fuego

La evolución no ha sido solo tecnológica. También ha sido humana y, en muchos casos, impulsada por tragedias. Durante años, brigadistas y voluntarios de Bomberos combatieron incendios con ropa de trabajo convencional, pañuelos como protección respiratoria y cascos básicos. La exposición al calor, humo y brasas era permanente.

El fallecimiento del voluntario de Bomberos de Talagante Hernán Avilés, en el incendio forestal de Santa Olga en 2017, marcó un antes y un después en la relación entre Bomberos y el fuego forestal. A partir de ese hecho, se realizó una alianza entre la Corporación Chilena de la Madera (Corma) y la Academia Nacional de Bomberos para realizar procesos de capacitación y certificación de voluntarios en combate forestal, reconociendo que enfrentar incendios en entornos naturales exige formación específica, distinta a la del combate estructural urbano.

Así lo reconoce Leonardo Vergara, gerente de Corma en el Maule, y quien lidera este proceso de capacitación que inició en 2023. Esto ha permitido que en los primeros dos años del programa más de 145 cuerpos de bomberos hayan participado en estos entrenamientos.

Los resultados de esta formación también son visibles en el uso efectivo de herramientas y técnicas modernas. “Ya se pueden ver bomberos utilizando rastrillos McCleod y otras herramientas específicas para la lucha contra incendios forestales en imágenes de los medios”, indica. Y añade que esta observación es un claro indicador del éxito del programa.

Esto también lo confirma el director de la Academia Nacional de Bomberos, Patricio Riquelme. La formación en este ámbito se ha estructurado en tres niveles. El primero es un curso virtual asincrónico que ofrece el marco conceptual sobre incendios forestales. “Esto le permite al bombero saber el porqué de cada acción en el combate de incendios”. El siguiente nivel incluye un curso teórico-práctico, conocido como S190, dirigido a brigadistas forestales, que ha capacitado a cerca de 2.700 bomberos desde su implementación. Finalmente, el curso S130 se centra en el entrenamiento en terreno, preparando a los bomberos para actuar en situaciones reales.

Además, este año se ha dado un paso crucial en la formación de instructores, con un curso que ha certificado a alrededor de 30 instructores de la Academia Nacional de Bomberos. “Hoy día hay mucha más adquisición de carros forestales en Chile,” afirma Riquelme. Estos vehículos permiten un combate más eficaz y seguro. La diferencia entre un carro forestal y uno estructural es considerable, indica.

Bomberos trabajando en labores de combate al fuego forestal. NJ CISTERNAS

La coordinación entre diferentes instituciones sigue siendo un pilar fundamental en el combate a los incendios forestales. Si bien la Conaf mantiene el mando técnico de estos incidentes, se coordina el esfuerzo conjunto entre Bomberos, Carabineros y otros grupos de emergencia, un sistema de mando que se ha vuelto crítico en el manejo de la crisis.

Los recientes incendios en las regiones del Biobío, Ñuble y La Araucanía han vuelto a poner a prueba este sistema. Altas temperaturas, vegetación altamente combustible y vientos cambiantes han configurado escenarios de extrema complejidad. Frente a ello, la respuesta ha sido integral: ataque aéreo masivo, brigadas terrestres especializadas, coordinación interinstitucional y monitoreo permanente desde centros de comando.

La historia del combate de incendios forestales en Chile es, en el fondo, la historia de un aprendizaje forzado por el fuego. De la reacción comunitaria improvisada se pasó a un sistema técnico, profesional y altamente especializado. Sin embargo, el desafío persiste. Con incendios cada vez más intensos y frecuentes, la evolución del combate ya no es una opción, sino una condición para proteger los bosques, las comunidades y la vida de quienes enfrentan las llamas en primera línea.

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