La vida de Renato Poblete entre los años que fue denunciado

El jesuita saludando al Papa Juan Pablo II durante su visita a Chile en abril de 1987.

En 1985 tenía 61 años y estaba en el punto más alto de su trayectoria. El Hogar de Cristo y dar a conocer a Alberto Hurtado fueron su prioridades.


De muchos amigos, creativo y con una fuerte impronta social. Así lo describen quienes conocieron al sacerdote Renato Poblete, fallecido en febrero de 2010.

El pasado jueves la Compañía de Jesús dio a conocer una denuncia por abuso sexual en su contra, de parte de una mujer que habría tenido 20 años de edad al momento de ocurrir los hechos, y el sacerdote 61.

“(La denuncia) se refiere a delitos y situaciones abusivas entre 1985 y 1993 de carácter grave en el ámbito sexual, de poder y de conciencia”, detalla el comunicado.

Entre esos años, el presbítero tenía una intensa actividad: desde 1959 al 2010 fue el fundador y director del Centro de Investigaciones Socioculturales (Cisoc); de 1967 a 1987 fue director del Instituto Latinoamericano de Doctrina Social (Ilades); y entre 1982 y 2000 fue capellán del Hogar de Cristo. También se desempeñó, en la década del 70, como profesor de la carrera de Sociología en la U. de Chile.

Entre los años en que habrían ocurrido los abusos, que se sitúan al final del gobierno militar, Poblete residía en la comunidad San Roberto Bellarmino, en el centro de Santiago. Allí compartió y trabó amistad con otros jesuitas, como Patricio Cariola -uno de los impulsores de la creación de la U. Alberto Hurtado-, Josse van der Rest -vinculado al Hogar de Cristo-, Mario Zañartu, Arturo Gaete y el francés Pierre Bigó.

Sus superiores de comunidad en el período citado fueron Sergio Zañartu, Carlos Hallet y Patricio Cariola. Mientras, los provinciales de la época fueron, hasta 1984, Cristián Brahm, y hasta 1990, Guillermo Marshall.

“Donde uno veía el corazón de Renato era en el Hogar de Cristo. Él se entregaba en alma y cuerpo, era creativo, y tenía sus contactos. Renato era un hombre muy simpático en las relaciones interpersonales y tenía muchísimas amistades”, cuenta Tony Mifsud, director de la Revista Mensaje.

El jesuita agregó que Poblete, además, “era muy devoto del Padre Hurtado, él se movió mucho para su canonización y beatificación, y también para dar a conocerlo”.

Para el funeral del sacerdote, fuentes consultadas recuerdan la diversidad de gente que había presente, “de todos los grupos sociales”. Entre ellos también estaba Sebastián Piñera.
María José Castillo, historiadora experta en Iglesia católica, explicó que el sacerdote “se dedicó a los problemas sociológicos que había en la población, comohambrunas, carencia de trabajo y de educación”.

Para Castillo, “el ímpetu del cardenal Silva Henríquez era harto fuerte en esa época”, y que “no era de extrañar” que Poblete asumiera la capellanía del Hogar de Cristo: “Esa es la coronación de lo que va a ser su carrera como sacerdote”, explica.

Esta figura pública, que recibió numerosos premios, contrasta con la del denunciado. “Es una persona que vio todo el problema social que se vivía, la forma en cómo la gente era absolutamente vulnerada, y cae en lo mismo”, afirma la historiadora, y compara este caso con el del ex vicario de la solidaridad Cristián Precht: “Hay algo que se rompe, una dicotomía que no se logra entender en el proceso de estas personas, qué fue lo que pasó y cómo cayeron en esto”.

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