La zona cero entra en fase 4

Una imagen panorámica de Plaza Italia, mucho más tranquila que en los últimos meses. Foto: Patricio Fuentes

El coronavirus provoca un marzo impensado en Plaza Italia, el epicentro de las manifestaciones: protestas de baja afluencia de personas -aunque parcialmente reactivadas este miércoles- y tranquilidad temporal para los vecinos del sector.


En la Plaza Baquedano y sus alrededores el tiempo pareciera haberse congelado. Los extintores vacíos y abandonados, los coloridos afiches en los muros del sector y el rayado de “Históricas”, pintado en la calle durante la marcha feminista del 8 de marzo, conforman una especie de galería abierta de fragmentos y recuerdos de todo lo ocurrido hasta hace unos días en el lugar. A cinco meses del estallido social y en plena fase 4 del Covid-19, la llamada “zona cero” de las manifestaciones en Santiago vive sus días más desolados y silenciosos.

Una quietud hasta hace poco impensada, sólo interrumpida por el ahora constante flujo de vehículos y concentraciones más acotadas en las tardes, las que, al menos esta semana, no han alcanzado la convocatoria habitual.

“Está mucho más tranquilo por acá, ya no hay tanto ruido ni lacrimógenas. Se nota en las tardes y en las noches. Si la semana pasada había 200 personas protestando, ahora son como 30”, comenta el conserje de uno de los edificios residenciales de Vicuña Mackenna más próximos a la Alameda.

El llamado de autoridades, brigadas de primeros auxilios y figuras públicas a deponer temporalmente las manifestaciones en medio de la pandemia parece haber surtido efecto: desde la concurrida concentración del pasado viernes 13 en Plaza Italia , y salvo algunos incidentes aislados durante el fin de semana, los últimos cuatro días han sido especialmente tranquilos. Un panorama previsible, dadas la actual emergencia sanitaria y el desalojo voluntario de la vía pública por parte de miles de santiaguinos, pero llamativo para un marzo que la propia autoridad había anticipado como “complejo”.

Residentes de los emblemáticos edificios Turri, el Parque Forestal y de la intersección de Portugal con Alameda -que prefieren mantener su identidad en reserva- coinciden en el diagnóstico: por extraño que parezca, el coronavirus se transformó en la cura para algunos de sus males del último tiempo, extinguiendo de un día para otro los ruidos molestos, el efecto de los gases lacrimógenos de carabineros -aunque éste aún sigue impregnado en el asfalto- y los problemas de algunos vecinos para desplazarse o ingresar a sus casas. El lunes, de hecho, siguiendo las recomendaciones de las autoridades de la salud, la protesta en el sector se transformó en caceroleo desde los balcones y ventanas de los hogares.

Este miércoles, día en que se conmemoraba el quinto mes desde el inicio del estallido social, el panorama varió parcialmente, cuando pasadas las 18.00 horas cerca de 40 personas se congregaron en torno al monumento al general Baquedano, siendo dispersados rápidamente por igual número de carabineros (la mayoría de ellos usando mascarillas). A esa hora, la protesta cobró algo más de fuerza que en los últimos días, con manifestantes diseminados por los alrededores de la Plaza Italia, aunque sin mayores incidentes ni cortes del tránsito.

Esta semana, además, desapareció del sector la mayoría de los cobradores de “peajes” informales a los automovilistas, como también las brigadas de rescatistas voluntarios y brigadistas de primeros auxilios que en los últimos meses se instalaron diariamente en diversos puntos de la zona.

“Esperábamos días complejos desde el 29 de febrero hasta el miércoles 11 de marzo, doce días que eran muy críticos. Vimos con mucha angustia pasar día a día y la verdad es que no pasaron grandes cosas. Después de esa fecha, la actividad en la zona no ha hecho más que debilitarse”, señala el intendente de la Región Metropolitana, Felipe Guevara, ante el nuevo escenario en el epicentro de las manifestaciones del país.

“Esa tendencia ha seguido y es un gran alivio que la gente que vive en Plaza Italia pueda dormir y pueda llegar a sus casas sin pagar peaje”, añade.

Con todo, el actual estado de abandono de la zona cero ha golpeado con fuerza a los locatarios. Entre los museos, farmacias y cadenas de comida rápida que han cerrado sus puertas, los emblemáticos restaurantes y fuentes de soda del lugar (la fuente Alemana, Baquedano, Blasco 2 y Prosit) hasta este miércoles se mantenían estoicos, aunque con escasa clientela y una drástica reducción en sus ventas.

“Lo que ya venía mal se puso todavía peor. La semana pasada atendíamos 200 personas al día y esta, con suerte, cien al día”, cuenta el administrador de uno de los locales de comida del sector de Baquedano, quien asegura que seguirán funcionando hasta que la autoridad lo prohíba expresamente , para intentar salvar el mes. Por ahora, casi toda su clientela son trabajadores de la construcción que se realiza en la esquina de Ramón Carnicer con el pasaje Arturo Burhle.

En medio del abandono general, los kioskeros son otro gremio que ha decidido seguir, aunque el negocio se sostiene a duras penas. “Entre el lunes y hoy bajaron un 70% las ventas”, comenta uno de ellos, quien reconoce que sigue abriendo “para no quedarme en mi casa” y que, pese a todo, “vendía más en los días de protestas”.

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