Los médicos más australes del mundo son chilenos

Nicole Alvarado y Stella Fernández.

Este año egresó la primera generación de estudiantes de medicina formados en la Universidad de Magallanes, la casa de estudios más extrema del planeta. Allá, debido a las características del lugar, tienen ramos en que les enseñan a ejercer la profesión bajo condiciones extremas.




Siete mujeres y dos hombres. Esa es la foto de la primera generación de estudiantes de Medicina que hace algunas semanas tuvo su ceremonia de egreso de la Universidad de Magallanes (Umag). Los médicos más australes del mundo son chilenos.

“Soy de Licantén (Región del Maule) y me vine a estudiar cuando abrió la carrera, sin conocer Punta Arenas ni nada”, reseña Stella Contreras, de 26 años, y parte de esa primera generación. Ella, además, recuerda que su familia la fue literalmente a dejar a su nueva ciudad de residencia cuando comenzó la carrera.

Por su parte, Nicole Alvarado (25 años), compañera de generación de egreso, cuenta que es oriunda de la región y el hecho de que en 2014 se haya abierto la carrera de Medicina en la Umag “fue una oportunidad, porque, o si no, tenía que estudiar enfermería”.

En ese sentido, Ramiro Fernández, coordinador clínico de Medicina, asegura que la apertura de la carrera “es un trabajo de muchos años. Porque aparte de los siete de estudios, esto hubo que programarlo desde hace cuatro o cinco años antes”. Por eso, asegura, “fue muy bonito ver que ya egresó la primera generación, lo que nos llena de orgullo y felicidad. Sobre todo al ser la carrera de Medicina más austral del mundo”.

Justamente, por el hecho de estar en condiciones geográficas que otros no tienen, la carrera imparte un ramo llamado Medicina de Ambientes Extremos. “Se centraba pensando en que siempre se ven pacientes que están más alejados, que necesitan traslados. Entonces nos enseñaban a pensar en cómo y cuándo moverlos, si se puede esperar una barcaza o si se va tener que aeroevacuar”, expone Contreras. Ella misma agrega que también se veían patologías comunes de la región, como congelamiento por frío, hipotermia, déficit de vitamina D o esclerosis múltiple.

Alvarado, su compañera, complementa: “Es aprender a ejercer la medicina en condiciones extremas, como el frío, el aislamiento, cómo manejar pacientes en áreas donde puedes estar solo, qué decisiones tomar, a quién pedir auxilio, cuándo evacuar pacientes y cuál es el funcionamiento”.

El docente Fernández, quien por ahora ejerce como director (S) de Medicina de la Umag y es jefe de Neurología del Hospital Clínico de Magallanes, argumenta que esto se dio porque son una región aislada y hay que saber cuándo y cómo reaccionar a ciertas situaciones. “No hay que olvidar que hay islas como Williams o Porvenir”, señala.

Haciendo un repaso de sus años de estudio, la ahora médica Nicole Alvarado dice estar “contenta de la decisión que tomé, de haberme quedado. No me arrepiento y lo que más rescato es el campo clínico”.

En tanto, Stella Contreras recuerda que “hubo de todo, con harta emoción y echar de menos. Pero ahora tenemos la gracia de la tecnología, así que el contacto no faltó, aunque viajaba a mi casa solo para vacaciones”. En el balance, dice, está “conforme” con su decisión de haberse ido a estudiar a un lugar alejado para ella. “No lo pasé mal, al contrario, me hice buenos amigos”.

Médicos para Magallanes

¿Quedarse ejerciendo en la región o irse a otras latitudes? Es la decisión que se les viene por delante a las recién egresadas.

“Estoy trabajando de apoyo por la pandemia en la Seremi de Salud de Magallanes y mi idea es especializarme, pero hacerlo ahora está complicado porque el concurso de este año es distinto”, dice Contreras, quien cuenta que su idea es seguir sus estudios en Medicina Interna. Para eso, detalla, “tengo que sí o sí salir de la región porque la Umag aún no tiene especialidades. Aunque mi idea es volver para acá, porque lo siento como un compromiso y un deber de retribuirle a la comunidad”.

Nicole Alvarado, quien aunque dice que haber egresado le genera ansiedad porque tienen “muchas miradas encima por ser la primera generación”, asegura que todos sus compañeros esperan ser un aporte. “La mayoría ya trabaja aquí y estamos con hartas ganas de ayudar y demostrar que la carrera acá es buena y que puede mejorar aún más”, expone. Y en su caso es mayor, al ser de la zona: “Tengo un sentido de pertenencia y me gustaría formar parte activa de esto para que siga mejorando. Pienso involucrarme aún más.

Por eso, dice, su plan por ahora es quedarse en la región, donde se quiere desempeñar en atención primaria. “Pero con los años me quiero especializar”, asegura. Y eso, hasta aquí, no es posible de realizar en Magallanes.

En ese sentido, desde la propia carrera, su director subrogante señala que, aunque en general la mayoría de los médicos no termina ejerciendo donde estudió, “si uno se forma ahí tiene conocimientos tan importantes como la idiosincrasia y las patologías”. Por eso, considera importante ejemplificar que “un estudiante que ejerce donde se formó conoce las formas de hablar y de referirse a las enfermedades por parte de los pacientes. Es la parte humanista de la medicina”. Por eso, asegura, “las regiones pueden dar algo importante”.

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