Nacional

Los sobrevivientes de la cancha rodeada de fuego

El sábado 17 de enero, cerca de 200 personas quedaron atrapadas en un potrero de la población Vista Hermosa, de Lirquén. Los vecinos del cerro El Rahue y un grupo de bomberos tuvieron que aguantar las llamas durante cinco horas, mientras esperaban un rescate que parecía imposible: llegar a ellos requería atravesar el único camino de acceso, sorteando autos que aún seguían en llamas.

La mañana del sábado 17 de enero, Jordan González (33), que se dedica a la construcción, realizó junto a su esposa, Katherine Plascencia, el último traslado de muebles desde Tomé a Lirquén, donde viven sus padres. Una semana atrás había vendido su casa para facilitar el apoyo de su familia en los cuidados de su hija Martina, de cuatro años, que tiene trastorno del espectro autista. González creció en Penco, en la Región del Biobío. Sus abuelos y tíos llegaron hace más de treinta años al cerro El Rahue, que comenzó a poblarse con asentamientos irregulares y, ahora, se divide en cuatro poblaciones: Antonio Varas, Vista Hermosa, Geo Chile y Miramar. Ahí, en una cima de Vista Hermosa, estaba emplazada la casa de su infancia.

Jordan González junto a su esposa, Katherine Plascencia y su hija.

Cerca de las once de la mañana, desde la altura de la casa de sus padres, podía ver unas columnas de humo que salían del bosque que rodea al cerro. González recuerda que estaban lejos, a unos 15 kilómetros. Ese incendio provenía del sector Antenas y Primer Agua, una zona residencial que tiene como patio trasero varias plantaciones forestales. La Tercera Compañía de Bomberos de Lirquén atendió la emergencia. En el carro iban seis bomberos. Julia Gutiérrez (18) formó parte de ese grupo y era su primer control de incendio como voluntaria. Llevaba cuatro años en capacitación y ahora podía asistir a los auxilios. Su padre, Óscar Gutiérrez, bombero hace 23 años, también iba con ella.

Lo que comenzó como un control de pastizales se extendió rápidamente. El viento puelche, con ráfagas de hasta 50 kilómetros por hora, cambió la dirección de las llamas y el incendio avanzó con fuerza hacia los bosques que colindan con las poblaciones del Rahue, recuerdan los voluntarios que estuvieron controlando el incendio por casi cuatro horas.

En el cerro, cerca de las siete de la tarde, el siniestro se acercaba. Los vecinos comenzaron a mojar las casas con baldes y talaban árboles para hacer cortafuegos. “Nosotros nunca pensamos que iba a llegar acá. Echar agua era como un instinto, pero toda mi familia decía que no pasaba nada”, dice González. La confianza era tal, que cerca de las diez de la noche muchos vecinos se apostaron en el límite de la población Miramar, que está en la cima del Rahue, para ver el avance de las llamas.

Alejandra González, tía de Jordan, fue parte de las personas que estaban agolpadas en la reja que separa el bosque de las casas. “Sonaban las alarmas de evacuación de todos cuando estábamos mirando el fuego. Empezó de a poquito y, de repente, hubo una llama gigante que avanzó como un cordón. Toda la gente se asustó y empezó el griterío y todos corrieron para bajar, pero estaba lleno de autos que habían subido y tapaban el paso”, señala.

Entre las personas estaba el bombero de la Tercera Compañía de Lirquén, Nicolás Noboa (25), que minutos antes había subido en camioneta a inspeccionar el avance del fuego con el capitán John Santos Mendoza (31) y su compañera Michelle Sanhueza (27). Los bomberos narran el caos que se desató durante la evacuación. Los pobladores intentaban escapar del fuego en medio de empujones, mientras crecía el calor y una nube densa de color negro se posaba sobre el cerro. No se veía más allá de un metro, lo que generó un caminar errático de muchos vecinos.

Nicolás Noboa, bombero de la Tercera Compañía de Lirquén.

Noboa relata que, al intentar evacuar, se encontraron con bomberos de refuerzo que provenían de Lota, Chiguayante y Coronel. “Me puse muy nervioso, porque el fuego nos estaba acorralando y la gente empujaba porque el camino estaba bloqueado con autos. Tuvimos que dejar el carro de Coronel botado y seguir a pie”.

González intentó escapar del fuego caminando, tras dejar a su hija y esposa en la población Antonio Varas, en la parte baja del cerro. Volvió a buscar en su camioneta a sus dos perros, pero no podía avanzar por los vehículos que estaban estancados en la calle Balmaceda: la única vía de ingreso y salida del cerro. El fuego no tardó en alcanzar a los autos y comenzaron a incendiarse. González retrocedió a una cancha de tierra, donde dejó al interior del auto a los animales con el aire acondicionado encendido.

En ese punto, los diez bomberos de Lota, los voluntarios de Chiguayante, Coronel y los de Lirquén estaban encerrados en la misma zona. Roberto Santibáñez (35), bombero hace 23 años en la Tercera Compañía de Lota, sabía que no podían seguir y reunieron a las 200 personas que estaban ahí para refugiarse en el predio de tierra.

Tercera Compañía de Lota.

“El fuego estaba alrededor de nosotros a unos 50 metros a la redonda -recuerda Santibáñez-. Con un viento enorme, las brasas pasaban a cada rato por el lado de las personas. Los autos que estaban en la calle comenzaron a quemarse y, como estaba bloqueada la calle, recién ahí me di cuenta que no podrían subir otros carros”.

Humo, gritos y esperanza

Las cuatro poblaciones del cerro El Rahue están conectadas por un solo acceso de ingreso y salida: la calle Balmaceda, que comienza en las faldas del cerro y termina en la cima de la población Miramar, la más alejada de zona plana de Lirquén.

Sector del cerro El Rahue donde bomberos y vecinos quedaron atrapados por el fuego.

La otra zona de acceso es un camino de tierra sin señalización, entre los bosques que rodean al cerro. Tiene un acceso en la población Vista Hermosa y su contraparte está en Pedro Aguirre Cerda, a la altura de la comisaría de Lirquén. Sin embargo, esa ruta no estaba habilitada.

En un día normal los autos debían transitar con cuidado debido a las curvas pronunciadas y las pendientes de la calle Balmaceda. Los atochamientos se producían cuando algunos de los vehículos estacionaban en un costado de la estrecha calle, de aproximadamente tres metros de ancho.

Calle Balmaceda, la única vía de acceso al cerro Rahue completamente quemada.

Katia Morales, dirigente de la población Geo Chile, afirma que desde hace años han solicitado habilitar otra vía para llegar a sus casas. “Toda la vida estuvimos luchando porque nos pudieran hacer otro tipo de acceso. Siempre hemos tenido dificultad para llegar acá arriba. Tenemos solamente colectivo: los buses nunca han podido llegar”, señala.

La locomoción no es el único problema, la vecina relata que había un miedo constante entre los habitantes. “Nosotros decíamos que, si algún día llegaba a pasar algo, era imposible que pudiera bajar gente y a la vez subir carros de bomberos. Había un miedo porque estábamos rodeados de las poblaciones: siempre tuvimos el mismo miedo. Hasta que llegó el día. Fue tanto el colapso, la gente en su desesperación quería bajar y, como teníamos solamente una calle, nunca se pudo efectuar una evacuación continua: que los autos bajaran, que subieran carros de bomberos, nunca se pudo hacer eso. La gente tuvo que dejar su auto tirado y tratar de salvar su vida y caminar a pie entre medio de las llamas”, cuenta Morales.

El temor de los vecinos había sido adelantado por el profesor de la Universidad de Chile, el geógrafo experto en climatología, Pablo Sarricolea, quien en 2020 advirtió que, en caso de incendios forestales, Penco sería una de las zonas más afectadas. Debido a la geografía de las poblaciones, para el académico lo más preocupante es que “las plantaciones están prácticamente pegadas a las zonas construidas. En Lirquén y Penco se generan encierros completos. Hay crecimiento urbano en esas zonas que queda encerrado como si fuese una herradura, que abraza esas urbanizaciones, y quedan atrapados”.

La noche del incendio ese pronóstico se hizo realidad. Las personas junto a la decena de bomberos llevaban alrededor de una hora encerrados entre las llamas. Francisco Coloma (32), que había ido desde Penco al cerro para evacuar a su hermano con discapacidad, sin saber que ya se encontraba en una zona segura, fue una de las personas que vio cómo su auto se quemaba en la calle Balmaceda. Él mismo, junto a otros vecinos, tuvo que ayudar a los bomberos a lanzarlo por un barranco al costado de la cancha para alejar las brasas.

Francisco Coloma (32), junto a su auto consumido por las llamas.

Había guagüitas, personas que estaban en silla de ruedas y abuelitos. Recuerdo que en un momento vi a mis tíos ahí y los abracé porque no sabían qué hacer, son personas de edad que perdieron todo. Ellos veían desde la cancha cómo se quemaba su camioneta y su casa”, afirma Coloma.

El humo era denso, lo único que resaltaba eran las llamas naranjas. Jordan González asegura que las personas gritaban, tenían calor y algunos bomberos abrazaban a las mujeres que estaban con bebés en sus brazos para usar su traje como una protección contra las altas temperaturas.

Con unas botellas de agua los bomberos les indicaron a las personas que debían mojar sus labios. Los vecinos apenas rozaban la botella. Nadie dio sorbos para hacer rendir el escaso líquido para la mayoría. Las personas que estaban ahí también recuerdan que los bomberos les explicaron que debían mantenerse acostados en el suelo para evitar el calor y el humo.

El bombero Santibáñez dice: “El calor era infernal. Yo no lo soportaba con mi uniforme y las personas que estaban con ropa común no me imagino lo que sintieron”. El voluntario había dado aviso a su hermano, Axel Santibáñez, capitán de la Primera Compañía de Lota, con la esperanza de que pudieran encontrarlos. A las dos horas, cerca de las dos de la madrugada, esa convicción se desvaneció.

En ese momento, Nicolás Noboa, voluntario de Lirquén, quería apagar su radio: “No aguantaba más, mi compañera Michelle estaba con ataque de pánico y la comunicación radial estaba tan colapsada que te ponía más nervioso el hecho de escuchar que no podían subir. Para mí eso era muy estresante, para Michelle era peor aún, entonces yo dije, ‘hasta aquí llegamos´“.

Noboa abrazó a su compañera y le pidió arrodillarse para rezar: “Uno nunca lo hace, pero pensé que si voy a morir aquí, prefiero morirme en paz”. El bombero de Lirquén, minutos antes de apagar su radio, envió un mensaje a su pareja, Katty Villarreal, que se encontraba combatiendo los incendios en Penco. La despedida fue escuchada por todos los bomberos de la zona.

El capitán de Lota recuerda que recibió una videollamada grupal, estaban conectados la pareja de su hermano y él. “Le aseguré que lo iba a sacar de ahí, pero lo sentí como una despedida”, dice Axel.

Santibáñez relata que pensó que esa sería la última llamada con su hermano. “Sabíamos que para abajo se estaba quemando todo, pero cada vez que venía la misma gente a preguntarnos si íbamos a salir, nosotros respondíamos con voz firme: sí vamos a salir, nos vienen a rescatar, vienen más unidades, sin ni siquiera saberlo. Decíamos que venía en camino el Ejército con maquinaria para poder mover vehículos y poder rescatarnos. Eso con los vecinos. Sin embargo, entre nosotros sabíamos que era muy poco probable que nos fueran a rescatar”.

El único camino

La operación para rescatar a las cerca de 200 personas que estaban en la cancha se encontró con un impedimento: el fuego seguía consumiendo las casas, el calor era extremo y solo se podía soportar a bordo de un carro. No solo eso: el único camino para llegar estaba colapsado por autos estacionados, algunos aún en llamas.

El hermano de Roberto Santibáñez se trasladó desde Lota a Lirquén y, con las horas, crecía su frustración por no poder ingresar. “Estábamos en el centro de mando en Penco y le dije al superintendente que teníamos que hacer algo, pero él tenía la misma impotencia que yo. Solo teníamos que esperar que bajara el fuego”, afirma.

Cerca de las cuatro de la mañana, un contingente de bomberos de Coronel llegó hasta Penco con un carro bomba tanker: una máquina de casi cuatro metros de alto. El plan era arrasar con los vehículos que tapaban el ingreso para poder llegar hasta la cancha. La gran máquina liberaría el paso a otros tres carros de bombero de menor tamaño.

Hasta la entrada de la calle Balmaceda llegaron técnicos de las compañías eléctricas para cortar algunos cables de fácil acceso y facilitar el ingreso del carro. También los mismos bomberos se acercaban a los autos que seguían intactos para poner en marcha el freno de manos y, así, quitarlos de la vía más fácilmente.

Eduardo Monsálvez, superintendente de Bomberos de Coronel, señala que dieron la indicación de que chocaran los vehículos: “El carro se dañó, obviamente, fueron varias colisiones con autos que se estaban incendiando. El camino era muy estrecho”.

En el camino, el hermano de Axel Santibáñez pensaba si encontraría a su hermano, quien había perdido la señal hace algunas horas. “Llegamos a una zona que no había tanto fuego y el carro ya no podía avanzar porque la calle era muy estrecha y fuimos a pie. Lo primero que vi fue a mis compañeros de bomba y mi hermano estaba de espaldas, lo reconocí altiro”.

Se abrazaron y Roberto recuerda que estaba en estado de shock. Quería quedarse a evacuar a las personas que estuvieron con él durante cinco horas, pero su hermano le respondió: “Te dije que te venía a buscar, ahora partes al hospital”. Tenía los ojos irritados por el calor y el humo. Apenas veía. En el hospital de Penco recibió curaciones junto a los demás bomberos que tenían daños en sus ojos y rostro producto del calor.

Luego del rescate, Jordan González se reunió con su padre, que lo esperaba en Lirquén. Los días siguientes ambos comenzaron el retiro de escombros de lo que fue su casa por más de treinta años. Su plan es construir su nuevo hogar ahí mismo. Ya consiguieron una estructura de madera y otros materiales. Aún, dice González, la tristeza no los ha golpeado. Pero sabe que, probablemente, la van a sentir.

Jordan González y su familia, en el sitio donde levantarán nuevamente su casa.

“Ahora nos ha llegado mucha ayuda. Hay gente de todas partes, pero el luto de perderlo todo viene después: cuando esto quede vacío, no haya ruido y veamos todas los días nuestras casas quemadas”.

Más sobre:PencoIncendioBomberosCerro El RahueVista HermosaRegión del Biobío

COMENTARIOS

Para comentar este artículo debes ser suscriptor.

Lo más leído

Plan digital + LT Beneficios por 3 meses

Comienza el año bien informado y con beneficios para ti ⭐️$3.990/mes SUSCRÍBETE