Por Ignacia CanalesMagdalena Browne, presidenta de ComunidadMujer: “Los cuidados son un tema de política pública, no un asunto doméstico”
La presidenta de la organización que vela para que las mujeres tengan iguales derechos y oportunidades que los hombres aborda la realidad chilena y la pantanosa tramitación que ha tenido el proyecto de sala cuna. Además, dice que la sociedad necesita entender que los cuidados son tarea de ambos géneros, pero apoyados con los recursos necesarios para hacerlo.
Magdalena Browne, presidenta de ComunidadMujer, reconoce que ha habido avances en la materia que la convoca, pero advierte que esos mismos progresos conviven con tensiones y otras brechas que aún permanecen.
La también decana de la Escuela de Comunicaciones y Periodismo de la Universidad Adolfo Ibáñez e Investigadora del Laboratorio de Encuestas y Análisis Social (LEAS) apunta que uno de ellos está en el ámbito laboral, pues pese que la mujer está inserta, no cuenta con los apoyos necesarios.
¿Cómo describiría el escenario actual para las mujeres en Chile?
Tomaré como referencia que ComunidadMujer inició hace casi 25 años y desde entonces ha habido avances en varios ámbitos. Por ejemplo, en el mundo del trabajo, una mirada a largo aliento demuestra que hay una mayor participación femenina. Incluso, en estas últimas décadas las mujeres no solo hemos llegado de forma más masiva a la educación superior, sino que incluso somos mayoría. Hay avances, pero al mismo tiempo todos esos procesos están llenos de tensiones y, por otra parte, hay brechas de género que son muy difíciles aún de disminuir. Y ahí es cuando uno dice: necesitamos mejores políticas públicas.
¿Qué brechas persisten?
Por ejemplo en empleo, las cifras de mujeres han mejorado, pero detrás de todo está la gran discusión de la ley de sala cuna, que finalmente las mujeres están logrando lo que hace años ya estaban logrando los hombres, que es tener la capacidad de decidir sobre sus propias vidas. Entrar al trabajo, definir sus propias vidas, construir su propio proyecto con maternidad o sin maternidad, pasa a ser una decisión.
¿Hay retrocesos o nuevas brechas?
Por momentos uno observa que pudiera haber retrocesos, sobre todo cuando hay discusiones públicas que vuelven a surgir, como el proyecto Escucha su corazón. Hay veces que se va tomando el tema de género como si fuera parte del discurso político y de estos discursos más polarizados, y en eso hay que estar súper atentos, porque de alguna manera van contra todo lo que ha sido la transformación general de esta sociedad, en términos de entender que hombres y mujeres tenemos autonomía para decidir.
¿Cuáles son las brechas pendientes?
Hay varias, pero una fundamental, que está en el centro de todos los ámbitos, es el cuidado. Históricamente ha recaído en las mujeres las labores de cuidado de aquellos que no pueden ser autónomos -hijos, papás, personas con discapacidad-, pero no se han resuelto finalmente con claridad los temas de corresponsabilidad a nivel país y de nuestros hogares. Las mujeres nos tendemos a dedicar más a esa labor doméstica y de cuidado y la pregunta es cómo vamos a compartir esta tarea.
¿Qué tiene que garantizar el Estado y qué medidas se pueden tomar?
A principios de este año se aprobó una ley de cuidados integrales. Muchos de los desafíos tienen que ver, desde el lado del Estado, con implementar esa ley. En ciertas legislaciones en torno a la mujer es sumamente importante hacer el seguimiento adecuado, porque a veces quedan en eso, en el texto, pero no necesariamente se constituyen como tal en su implementación.
¿Hay que ampliar la ley?
El debate hay que seguirlo porque tiene que ver con cómo como sociedad asumimos en serio la idea de la coparentalidad, de la corresponsabilidad. Que no se piense automáticamente que en una familia de hombres y mujeres son las hermanas mujeres las que tienen que preocuparse de eso.
Eso es un conversación más familiar.
Este es un tema bien desafiante, porque todos los temas que tienen que ver con la mujer, para que realmente veamos avances, tenemos que generar esas conversaciones en nuestros propios hogares. Las nuevas generaciones de mujeres generaron un montón de conversaciones en los hogares con respecto a los roles. Necesitamos que realmente mujeres y hombres sintamos, primero, que esta es una tarea de ambos, pero apoyados con los recursos necesarios para hacerlo. Entonces, todavía tenemos que avanzar en esa transformación cultural de sentir que en esta labor los hombres no solo ayudan, sino que comparten. Y en esto quiero decir que hay hombres que ya lo están haciendo. Se nos viene un tremendo desafío como país en esta materia.
¿Por el escenario demográfico?
Hay una aceleración de la caída de la tasa global de fecundidad. Parte de la evidencia ha dado cuenta de que esa aceleración tiene que ver justamente con la postergación de la maternidad y con los proyectos vitales. Por eso algunos incluso hablan de esta “infertilidad estructural”, porque cuando tú estás viendo que no tienen los recursos o que cuesta mucho aquello -todo el sistema de cuidado, que no tienen sala cuna adecuada, que no tienen acompañamiento posterior, que el costo de ser mamá es mayor- hay ahí un tema. La pregunta es que eso no sea una sobrecarga, sino que haya un adecuado acompañamiento y una responsabilidad adecuada.
¿Si uno mejora esas condiciones podría mejorar la tasa de fecundidad?
Exactamente y por eso hay una comisión que está dedicada a esto. Pero es muy importante entender que hay que mejorar las condiciones para aquellas que quieran decidir. Un dilema presente es entender definitivamente que el tema de los cuidados es un tema de política pública, no un asunto doméstico. Esa es la transformación que tenemos que tener como sociedad, no solo por el beneficio de las mujeres, sino para la sostenibilidad de nuestra propia sociedad en el futuro.
¿En qué se traduce la eventual aprobación de una sala cuna universal?
El Código del Trabajo, el famoso artículo 203 es discriminador. Necesitamos con urgencia resolver y eliminar este mecanismo que es discriminatorio al poner la condición de tener sala cuna con 20 trabajadoras. Eso genera un efecto indeseado: que se contraten menos mujeres. Además al no haber sala cunas hay proporciones importantes de mujeres que se retiran del empleo o empiezan a tener trayectorias de empleabilidad muy inestables, justamente por no tener estos apoyos.
Es un proyecto que pese a los consensos se ha demorado.
Siempre queda la sensación de que acá no le dieron la prioridad necesaria. Cuando uno se equivoca como ocurrió ahora, que hubo gente del bloque oficialista que se equivocó, uno dice: cuando algo le interesa, se preocupa de que resulte. El Ministerio del Trabajo, más allá de su salida y su impasse, le ha puesto más prioridad a este tema. Cuando hay mujeres jóvenes que están en etapa de tomar decisiones y vemos que el Estado, que la clase política, no le está respondiendo, no es una señal adecuada.
Recientemente hubo un gobierno que se declaró feminista en sus inicios. ¿Eso se tradujo en avances significativos?
Lo primero es que sí tiene un valor que se declare una mirada integral con respecto al género. Lo más probable es que el gobierno actual a la larga va a terminar entendiendo, pero da la sensación de que a veces esta mirada sectorial es necesaria. Tal vez este gobierno no lo declara de esa forma, pero es necesario que los gobiernos sigan teniendo miradas transversales, porque la complejidad de los desafíos que hemos enfrentado en estas temáticas requiere esa mirada transversal. Efectivamente hubo ciertos elementos de avance.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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