Por Juan Alberto PizarroArthur Laffer en Chile: el crecimiento vuelve al centro de la discusión

La visita de Arthur Laffer a Chile ocurre en un momento especialmente oportuno. No porque su conocida curva deba entenderse como una receta automática para bajar impuestos, sino porque el caso chileno parece ofrecer una comprobación práctica de su tesis central: las tasas tributarias no son neutras y, a partir de ciertos niveles, pueden generar rendimientos decrecientes en recaudación.
Durante la última década, Chile impulsó un ciclo casi permanente de reformas tributarias para financiar mayores compromisos de gasto público. La promesa acumulada de recaudación estuvo cerca de seis puntos del PIB. Sin embargo, el resultado estuvo muy lejos: la recaudación adicional no alcanzó un punto del PIB, mientras la carga tributaria total se mantuvo prácticamente estancada en torno al 17%-18% del PIB.
Si Chile subió impuestos para recaudar más, ¿por qué no recaudó lo esperado?
La respuesta exige abandonar una mirada estática de la tributación. Una economía no funciona como una planilla Excel donde basta aumentar una tasa para obtener automáticamente más ingresos fiscales. La mirada debe ser dinámica; las empresas, inversionistas y emprendedores reaccionan. La inversión, la formalización, la contratación y la reinversión dependen de los incentivos que enfrentan.
En ese sentido, Chile se ha transformado en un caso paradigmático. Con una tasa corporativa de 17%, el país crecía en torno al 5%. Luego de sucesivos aumentos que llevaron el impuesto de primera categoría hasta 27%, el crecimiento difícilmente ha superado el 2%. La causalidad económica siempre requiere matices, pero sería ingenuo negar que un aumento de diez puntos en la tasa corporativa, acompañado de mayor complejidad e incertidumbre tributaria, no haya tenido efectos sobre la inversión, la productividad y el crecimiento. La comisión Marfán cifró en 8 puntos del PIB el impacto negativo del aumento de tasas corporativas en poco más de una década.
El contraste internacional refuerza el diagnóstico. Mientras Chile elevaba su tasa corporativa desde 17% a 27%, el promedio de la OCDE siguió el camino contrario, reduciéndose desde niveles cercanos al 30% hasta alrededor de 23%. En una economía pequeña y abierta, donde el inversionista considera la tasa en el margen de decisión, esa brecha importa. Afecta la inversión, localización de proyectos, expansión empresarial y generación de empleo.
Aquí aparece una de las principales lecciones para el debate chileno. Entre 1990 y 2010, más del 80% del aumento de los ingresos fiscales provino del crecimiento económico y no de alzas de impuestos. Es decir, el principal motor de la recaudación no fue subir tasas, sino expandir la base sobre la cual se recauda posicionarnos en la parte que busca alcanzar el óptimo de recaudación en la curva de Laffer. Cuando la economía crece, aumentan las utilidades, los salarios, el consumo, la formalidad y, por tanto, la recaudación permanente.
Pese a ello, parte de la discusión tributaria local siguió atrapada en ciertos mitos. Uno de ellos es que las empresas en Chile tributan poco. La evidencia mostró algo distinto: la recaudación por impuesto corporativo alcanzó alrededor de 4,71% del PIB, ubicando al país entre los mayores recaudadores relativos de la OCDE por esta vía. El problema no pareció estar en una supuesta baja tributación empresarial, sino en una estructura que castigó excesivamente la inversión y no logró generar una base amplia, dinámica y sostenible de crecimiento.
La visita de Laffer no debiera leerse como una invitación a importar ideas lejanas de nuestra realidad, sino como una advertencia frente a nuestra propia experiencia. Chile subió tasas, perdió competitividad fiscal, redujo crecimiento y no obtuvo la recaudación prometida. Esa secuencia no puede ser ignorada.
La lección es simple: sin inversión no hay empleo; sin crecimiento no hay recaudación sostenible. Los impuestos tienen consecuencias. Y la falta de crecimiento también.
*El autor de la columna es presidente de la comisión tributaria del Colegio de Contadores de Chile A.G.
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