Por Gonzalo CorderoColumna de Gonzalo Cordero: El verdadero problema

En el fondo no se trata de los indultos, tampoco de la falta de sentido estético o de la rebeldía impostada de muchos de sus dirigentes. Estos son solo síntomas que no explican realmente la razón por la cual el gobierno hace agua por los cuatro costados, de una manera que los tres años restantes parecen interminables para la mayoría del país y un calvario para la izquierda tradicional, políticamente solidaria en los costos del desastre.
Idealizar a los seres humanos es siempre un error. De hecho, grandes personajes de la historia nos muestran que a grandes virtudes grandes defectos y que a la par de la genialidad de Napoleón, Julio César o la reina Victoria, había también miserias, almas torturadas y frustraciones. Olvidando aquello, una parte importante de los chilenos idealizaron a este grupo de dirigentes políticos que comenzaron como líderes estudiantiles y que mezclaban carisma, discurso trasgresor, crítica inmisericorde a la sociedad que heredaban e irreverencia hacia lado y lado.
Un taxista me dijo: “por último, estos cabros son sanos, vale la pena darles una oportunidad”. Y se la dieron. Antes de un año hemos comprobado que bajo de esa confianza, de ese desparpajo, del diagnóstico amargo, había poco y nada. Una concepción falsa y fracasada de la democracia, que desprecia los procedimientos y las instituciones; un desconocimiento pasmoso del Estado y sus rituales, indispensables para mover su enorme maquinaria; un menosprecio casi infantil a quienes les antecedieron, incluso de su propio sector ideológico, a los que se sentían llamados a desplazar, hasta por razones éticas, y ahora empiezan a descubrir que parece que no pueden gobernar sin ellos.
“Jorge es inocente”, dijo el Presidente, justificando uno de sus indultos, y con esas tres palabras literalmente se despachó tres siglos de avance de la civilización occidental; “si el Presidente hubiera tenido los elementos a la vista, la situación habría sido distinta”, dijo la ministra vocera, acusando la negligencia de su jefe, exponiendo al sistema político a poner en marcha el principio de la responsabilidad propia del Estado de Derecho o mirar para el lado para no exponer al país a un daño mayor. Tal vez en esta ocasión pase, pero si algo semejante se repite no se puede seguir mirando para el lado; si se acusa al Presidente nos convertiremos en un país bananero más, me ha dicho más de alguien. Y si esto se repite y de nuevo miramos para el lado ¿en qué nos convertiremos?
El verdadero problema es que la mayoría idealizó a este grupo, no vio o no quiso ver sus obvias limitaciones, le entregó la conducción de algo tan complejo e importante como nuestro país y antes de un año, políticos de izquierda y derecha, así como una creciente mayoría de simples ciudadanos se preguntan cómo vamos a salir de esta. De una manera: apegándonos responsablemente a las instituciones y los procedimientos que dan vida a la democracia, aunque duela, solo en esas reglas se puede encontrar la madurez que tanto escasea.
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