Columna de Jorge Sahd: Los efectos inadvertidos de la crisis logística

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Una de las víctimas del Covid-19 ha sido el comercio global. En el mundo moderno, casi todos los productos que conocemos son el resultado de una cadena de suministro: muchas empresas y países participan en el proceso de producción y comercialización de un bien, basándose en sus ventajas comparativas.

Hasta antes de la pandemia, el criterio costo-eficiencia definió la organización de las cadenas globales de valor, por sobre consideraciones de seguridad y resiliencia. Eso convirtió a China en la gran fábrica mundial, concentrando cerca del 20% de los insumos intermedios exportados al mundo.

Sin embargo, los devastadores efectos del Covid-19 cambiaron las preguntas. La disrupción en las cadenas logísticas, los retrasos en el transporte, la escasez de contenedores marítimos, el alza del costo del flete y las dificultades de funcionamiento en los puertos, demostraron que la interdependencia no solo era sinónimo de beneficio mutuo, sino también de vulnerabilidad para empresas y usuarios.

Las recientes tensiones mundiales mantienen la luz de alerta. La guerra en Ucrania, los problemas en el Estrecho de Taiwán y la política “cero Covid” de Beijing, han seguido golpeando a las cadenas de suministro globales y generando desequilibrios en la economía global, resintiendo a industrias cuyo impacto, por ahora, han pasado inadvertidas.

Una de ellas es la de telecomunicaciones. La escasez de chips, semiconductores y otros equipos ha terminado por demorar el despliegue de redes, fibra óptica y otros servicios digitales. Esto se ha acentuado por la merma en las existencias globales de acero, platino y aluminio, ampliando un efecto que podríamos creer solo afecta a un sector como la construcción.

Por ejemplo, el levantamiento de la infraestructura necesaria para el despliegue de la red 5G se estaría viendo afectado por las constantes interrupciones en la cadena logística del acero, comprometiendo eventualmente la meta fijada por Chile en instalación de antenas de última generación al 2024 y las cerca de 5 millones de conexiones 5G que diversos estudios estiman para el próximo año.

La tecnología 5G es un pilar central en la transformación digital del país, avanzando hacia ciudades más inteligentes y sustentables, masificando la telemedicina, y mejorando la productividad de sectores fundamentales para nuestra economía, como la minería. En términos económicos, estudios indican que la tecnología 5G puede generar un impacto económico de 1% del PIB para el año 2035.

Para cumplir estas ambiciosas metas, es fundamental que la agenda pública tome consciencia del enorme desafío que significa lidiar con las disrupciones en el comercio global. La relocalización de cadenas de suministro, reformas estructurales que mejoren la productividad y el avance de la tecnología para aumentar la conectividad, incluyendo la adopción del 5G, deben ser una prioridad para gobiernos y empresas. Si no se toma consciencia, usuarios y consumidores serán los mayores perdedores.

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