Opinión

Kast y el Estado social de deberes

1 JUNIO 2026 PRESIDENTE DE LA REPUBLICA, JOSE ANTONIO KAST, DURANTE CUENTA PUBLICA. FOTO: DEDVI MISSENE Dedvi Missene

1.El Presidente Kast necesitaba recuperar el control de la narrativa de su gobierno, lo que significa renovar de manera creíble el contrato tácito con la ciudadanía que lo eligió. Ese contrato se había visto puesto en duda durante el periodo de instalación del gobierno. El discurso de ayer logró reordenar el acuerdo, aclarando que no hay renuncias, que los objetivos siguen claros y que los plazos están siendo tomados en cuenta.

2.Esta renovación implicó resignificar la idea de emergencia: ya no se trata de algo así como un incendio, que puede ser apagado rápido con algo de diligencia y habilidad, sino de algo así como un cáncer. Una enfermedad grave y larga, que implica duros remedios, y cuyo diagnóstico empeora en la medida en que no se inicia el tratamiento. La emergencia oncológica es -ahora sí- la metáfora de todo lo que será este gobierno.

3.La parte más débil de la intervención fue la primera media hora, llena de referencias republicanas algo vagas y pastosas. En boca de otro político -en estricto rigor, de un número bastante reducido de ellos- estas ideas podrían haber sonado sustanciosas. Pero en Kast parecían ajenas y maqueteadas, básicamente porque lo eran. Todo el resto del discurso, una vez que entró en la tierra derecha de los desafíos y las medidas, fue contundente.

4.Esto tiene pleno sentido: uno no espera de un médico que atiende una emergencia o una enfermedad grave que se despache una disquisición sobre el sentido de la vida antes de informar cómo está el paciente y qué medidas serán tomadas. El tono de Kast debe ser el de un médico en la puerta del quirófano o de un general en tiempos de guerra. Es el tono de los grandes discursos de Churchill durante la Segunda Guerra, sin ir más lejos. Todo directo al hueso. Eso le acomoda a Kast y nos ahorra a todo el resto escucharlo citar vagamente a autores que nunca ha leído.

5.El corazón del discurso de Kast es el tema de la ciudadanía exigente o excluyente. La idea de que derechos y deberes se sostienen mutuamente. Que se elevan y se derrumban juntos. Y que si hoy no apretamos por el lado de los deberes, perderemos todos los derechos conquistados.

6.Esta idea es hermana de otra: la del derecho penal del enemigo. La ciudadanía exigente supone que hay un tipo de delincuente que deja de ser ciudadano. Que comienza a ser administrado por el Estado según su peligrosidad, y no según su responsabilidad.

7.Ambas ideas son hoy muy populares. Los chilenos han generado, debido al shock de la migración descontrolada, cierta reflexividad y sensibilidad respecto al valor de la ciudadanía. Exigen que los derechos no sean declarativos, sino sustantivos, y saben que eso depende de que se castigue al que abusa o hace mal uso de ellos, y también al que demanda servicios del Estado, pero no ofrece obediencia de las leyes a cambio. Lo que en inglés se llama “free rider” y en chileno “barsa”. A muchos, especialmente entre las clases más acomodadas, les cuesta entender este sentimiento. Ofrezco ayuda: todos querríamos ver colgando en una plaza al que, en medio de esos tacos faraónicos de fin de semana largo, decide usar la caletera, reservada para emergencias, para ganar unos minutos: imagine esa misma sensación de rabia impotente en salud, transporte, vivienda, etcétera.

8.Hay un lado de esta idea de ciudadanía exigente que Kast, eso sí, quizás no ha considerado: si los derechos y los deberes crecen o decrecen juntos, en estricto rigor estamos saliendo de la lógica del liberalismo estadounidense. Kast se pone en la tradición de Bismarck o Adenauer. Y, por lo tanto, podría encontrar un lenguaje común con nuestra izquierda estatista. La misma izquierda que promulgó con algarabía la ley Papito Corazón, que opera bajo la misma lógica que la ley de incivilidades propuesta por Kast. Hubo un tiempo en que izquierdas y derechas chilenas admiraban a Portales, y esos tiempos podrían volver.

9.El mejor Kast, como este discurso demuestra, es uno que reprende al Frente Amplio y al Partido Comunista por lo que promovieron y celebraron durante el estallido, pero que entra en disputa directa no con ellos, sino con Parisi. El Kast adversario de Parisi es mejor que el enemigo de Boric. Es el que disputa la imaginación del futuro de las clases trabajadoras chilenas, y que les ofrece un nuevo pacto, lleno de conquistas que costarán sangre, sudor y lágrimas, en vez de la ilusión de vendedor de criptomonedas alternativas de que hay plata fácil a un solo click.

Por Pablo Ortúzar, investigador del IES.

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