Opinión

El fin y el cable submarino

Entender la psicología de las personas, cómo pensamos y cómo tomamos decisiones, es clave para hacer política hoy. Lamentablemente, no somos tan racionales como creemos. Nos mueve la emoción y nuestra memoria es selectiva. Por ejemplo, recordaremos un buen final más que un gran inicio. El premio Nobel de Economía, Daniel Kahneman (psicólogo), ha descrito este sesgo al exponer que recordaremos momentos de una experiencia y que el final, positivo o negativo, nos quedará más fresco en la memoria. Imaginen ahora un gobierno que no logra comprender esto o un proyecto político que sólo considera la ideología (cualquiera que esta sea) por sobre las experiencias personales y nuestros sesgos.

El inicio del gobierno del Presidente Boric generó un impacto positivo en mucha gente. Representaba una nueva generación en política, jóvenes, un gabinete colorido, sin corbata, con tatuajes, diverso. En sus inicios conectó con cierta esperanza que tenía la opinión pública por generar cambios, aunque sus prioridades programáticas se modificaron de sopetón tras el rechazo al primer texto constitucional en 2022. Las puestas en escena publicitarias, que continuaron en la lógica de campaña que emborrachó a la generación por sus éxitos audiovisuales, develó la ausencia de un diseño político comunicacional del gobierno de Boric.

Han pasado cuatro años y en la memoria colectiva se desvanece el inicio y hoy conecta con un final desprolijo, ejemplificado en el episodio del cable submarino (o la reconstrucción en Viña o más atrás con el lamentable e inolvidable episodio Monsalve). En este escenario internacional de guerra comercial entre China y Estados Unidos es evidente que se requiere prudencia, pragmatismo, diseño y coordinación. ¿Entre quiénes? Entre los que creen que el país debe estar por encima de los intereses de cualquier sector, sobre todo si los protagonistas de la guerra son dos de nuestros socios comerciales principales. Esos discursos frontales y racionales, con datos y acusaciones abstractas, van de retirada.

La comunicación de gobierno es mucho más que un plan de medios o la estrategia de publicación en redes sociales. Requiere estar en sintonía fina con la opinión pública, diseñar el propósito, tener equipos capaces de generar ideas, proponer giros, relatos, jerarquizaciones, coordinaciones, conceptos y contenidos precisos. Equipos que están en la toma de decisiones y no solo para hacer fotos o minutas. La comunicación debería sintonizar, construir sentidos comunes o reconocer cuáles de los sentidos comunes presentes puede ser parte del propio relato. ¿Y la ideología? Está en cada cosa que hacemos, pero habrá que saber representarla.

La generación que deja el poder tiene futuro y necesita defenderse de los ataques de sus retractores que serán implacables para evitar cualquier posibilidad de ser gobierno nuevamente. Gestión, buena política y comunicación son imprescindibles para sostener un gobierno. Una comunicación que le habla a las personas desde sus temores y esperanzas, y no solo para instalar cuñas o corregir impresiones que no tienen asidero en la realidad.

Por Paula Walker, profesora Magíster de Políticas Públicas, Universidad de Chile

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