Por Luis LarraínEl gobierno golpeado

Luego de un comienzo auspicioso, el gobierno recibe los primeros golpes a su gestión, algo inevitable en un mandato presidencial. El golpe proviene del alza de más de 40% del precio internacional del petróleo luego del cierre del estrecho de Ormuz y la decisión de traspasar el mayor precio a los consumidores chilenos dada la ausencia de alternativas por estrechez de recursos fiscales. La decisión, técnicamente correcta, se acompañó de medidas de mitigación como congelar precios de transporte público y parafina, y subsidios al gas, taxis y colectivos, llegando con ayuda estatal a los más necesitados. Las encuestas reflejaron con rapidez una caída en el apoyo al gobierno.
El ministro Quiroz, portavoz de las medidas, calculó en 150 millones de dólares semanales el costo que habría tenido no traspasar el alza, con lo que el gasto fiscal debía aumentar en 4.000 millones de dólares, que no están disponibles. Algunos lo critican por no haber graduado el alza de precios, opción más costosa e inviable. The Economist opina que el mejor escenario para los mercados es catastrófico y que los precios altos sobrevivirán a la guerra y pasarán al menos cuatro meses antes que los mercados recuperen la normalidad dado que los inventarios están ya en el tercio inferior histórico y, por razones logísticas, seguirán bajando aún después de abierto el estrecho de Ormuz. El discurso de Trump, ambiguo sobre el fin de la guerra, incrementó los precios del petróleo. El cálculo de Quiroz fue correcto.
Dado que estos días se destacan algunos errores en la comunicación, se ha especulado también acerca de la eficacia de las comunicaciones del gobierno. Es claro que fue un error hablar de “quiebra” cuando la palabra correcta era deterioro. Es posible también que se haya subestimado el esfuerzo comunicacional requerido y haya que reforzarlo. La verdad es que es difícil soportar sin caída en el apoyo ciudadano un alza del petróleo de esta magnitud por los alcances que tiene en el costo de vida.
El equipo político encabezado por los ministros Alvarado y García ha sido un buen apoyo en la gestión legislativa, que fue muy expedita. En mi opinión, debiera tener un rol más importante aún en lo que el ministro del Interior llamó “un gobierno que se ordena”. Ello porque entre los políticos, como era previsible, se ha abierto la temporada de propuestas populistas. El recorte de gastos de 3% en los distintos ministerios (anterior a esta emergencia) es una medida correcta y está bajo ataque. Ninguna familia o empresa es incapaz de soportar un recorte de gasto de 3% en tres años. ¿Por qué el gobierno sería la excepción? Se puede hacer un recorte inteligente.
El Presidente Kast ha salido a enfrentar las críticas e insistir en la seriedad del gobierno. Está bien, pero requiere mayor apoyo y reforzar el mensaje en seguridad, crecimiento y empleo.
Por Luis Larraín, presidente Consejo Asesor Libertad y Desarrollo
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