El mundo de ayer



Por Gabriel Zaliasnik, profesor de Derecho Penal, Facultad de Derecho U. de Chile

Stefan Zweig, en su conmovedor libro El mundo de ayer, narra el derrumbe del siglo XX. Su testimonio de la “más terrible derrota de la razón y del más enfervorizado triunfo de la brutalidad (…)”, ilumina en tiempos de oscuridad, en los que el retraimiento de la política y del ámbito de lo público causa estragos en la institucionalidad democrática.

Los desvaríos del ayer se perciben en el Chile de hoy. La reforma sobre retiro de fondos previsionales refleja la magnitud de una crisis institucional cuyos síntomas hemos ignorado. Se insiste en desmantelar un modelo exitoso sin proponer uno alternativo que lo supere. De tanto dar vueltas en círculo sin reflexionar, hoy las fuerzas centrífugas de la destrucción prevalecen por encima de aquellas que cimientan una nación.

Este episodio revela una significativa derrota cultural. La pérdida de convicciones es más profunda que una mera votación. Es evidente la poca densidad cultural e intelectual que hoy inspira a los diversos proyectos políticos. De allí que sea fácil etiquetar a cualquiera de populista. Pero lo que se esconde detrás es mucho más grave. Es la falta de capacidad y templanza para gestionar el comportamiento y pensamiento humano, defendiendo las ideas que se sustentan. No basta asumir el rol de meros intermediarios honestos. La responsabilidad política exige en tiempos de incertidumbre el compromiso con un proyecto colectivo.

Hace 10 años, el entonces senador Pablo Longueira planteó la urgencia de un relato que representara la visión política e ideas de su sector. Esa necesidad está hoy más presente que nunca. En la otra vereda pasa algo similar. Así lo evidenció el silencio ante los cuestionamientos a los dorados años socialdemócratas de Chile, encarnados en los gobiernos de la Concertación y primordialmente en la presidencia de Ricardo Lagos. No eran 30 pesos sino 30 años decían activistas y estudiantes en octubre pasado, mientras algunos se subían en sus espaldas y aprovechaban la ola de violencia para promover una nueva Constitución.

Lo de ahora es tal vez el último llamado; ya no queda tiempo. Ralph Emerson decía: “cuando patinamos sobre hielo quebradizo, nuestra seguridad depende de nuestra velocidad”. Ante la crisis social, sanitaria e institucional, ¿estamos dispuestos a gestionar un proyecto de vida colectiva con miras a un mejor futuro de los chilenos, o es una competencia donde ese futuro no interesa, sino que solo el vértigo del presente? La paradoja es estremecedora. Tenemos una oposición que abandona su raíz socialdemócrata y abraza lo peor de una sociedad de consumo, alimentando el monstruo de la inmediatez y gratificación instantánea; y un oficialismo que reniega o ignora sus mejores ideas con tal de quizás, solo quizás, sobrevivir de aquí a mañana, recordando con nostalgia el mundo de ayer.

Comenta

Imperdibles