Por Paula WalkerEl uso mañoso del lenguaje

Ahora todo es un problema comunicacional en el gobierno. Es un recurso antiguo como el hilo negro: cuando la política falla los dardos se apuntan a la comunicación.
Culpa tiene el gobierno que prefirió abdicar de la política y la gestión y dejó a la comunicación a cargo de sostener cosas que no suceden. Estimulados por el triunfo presidencial, la equivocación es creer que hay carta blanca para hacer lo que quieran sin encontrar resistencias políticas y sociales. Si a lo anterior le sumamos las alternativas que se abren con la IA generativa, el gobierno debe pasar una prueba de fuego. ¿Se crearán imágenes inexistentes (obviamente para que las cosas se vean más impactantes) o videos inexistentes, en contextos inexistentes? ¿Y cuando se utilice la IA se advertirá de manera visible? Hay un sinfín de interrogantes para la comunicación de gobierno y le tocará a esta administración dar el ejemplo.
En medio de esto está el lenguaje que sostiene la comunicación. Y vemos como se le usa mañosamente para impactar en la opinión pública. El mejor ejemplo fue hablar del Estado de Chile como un “estado en quiebra”, sin reflexionar lo que implicó cuando se pronunció. Fue el ministro de Hacienda quien puso un límite a ese recurso discursivo que le hizo daño a la convivencia política con el gobierno saliente.
Luego vino el episodio del oficio del Ministerio de Hacienda. Ahí se detallaba los 142 programas que los ministerios tienen que “descontinuar” para lograr el recorte fiscal de 6 mil millones de dólares que fue promesa presidencial de campaña. Para explicar lo inexplicable, salieron autoridades económicas a decir que la palabra “descontinuar” era sinónimo de “reformular”. El significado de “descontinuar” en el diccionario es preciso: interrumpir la fabricación de algo. Luego menciona sinónimos como interrumpir, detener, parar. En ninguna parte se usa como sinónimo la palabra reformular. Una autoridad de la Dipres agregó que no se quería decir eliminar sino: “buscar otro tipo de programa que lograra el mismo objetivo...” Agregó que su institución tiene problemas comunicacionales: “la Dipres no es muy buena comunicadora”. Buen desafío institucional ha planteado, porque comunicarse acertadamente y con propósitos claros es responsabilidad de quienes la dirigen.
El ministro de Hacienda sigue dando explicaciones políticas ancladas en el uso de la palabra “descontinuar” como “una palabra que no era perfecta”. Dijo en la radio Infinita que le “genera extrañeza que genere extrañeza” (la palabra en cuestión) y luego reconoció en TVN que “el oficio tuvo un error de oficio. Faltó oficio. Imaginarse que el oficio iba a ser público”. Se usa así el lenguaje para distraer de la decisión política de recortar beneficios sociales. Para desviar la atención. Es mejor transparentar los programas que se van a eliminar, por qué se hace y someterlo a la discusión democrática en el Congreso. Usar de manera enredada el lenguaje para ganar un titular o zafar de una entrevista no basta para tener un buen gobierno.
Por Paula Walker, profesora Magíster de Políticas Públicas, Universidad de Chile
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