Escenario de inestabilidad e incertidumbre recurrente



Por Carlos Cordero, analista político boliviano

El registro que se tiene del sistema político boliviano es de un escenario de inestabilidad e incertidumbre recurrente. Todo puede ocurrir en Bolivia, excepto aburrirse. Evo Morales fue protagonista durante tres décadas de la política boliviana y pocos creían en la posibilidad de una transición no traumática del socialismo del siglo XXI hacia formas menos autoritarias de gobierno.

Hoy, Evo se encuentra en el exilio, con un partido en crisis y un sistema político que busca cerrar el paso a un posible retorno del populismo de izquierda al poder, para abrir un nuevo capítulo en la historia local. Las elecciones 2020 no serán el fin de la incertidumbre, sino pasos iniciales que apuntan a un giro en las políticas internas e internacionales.

El desencanto de clases medias urbanas con Morales fue a causa del empeño en postularse indefinidamente, desconociendo la Constitución vigente y los resultados del referéndum 2016. El malestar estalló en octubre 2019 y los efectos fueron la anulación de las elecciones, en las cuales el MAS obtuvo un 47% de los votos, muy lejano del 64% del año 2014, la instalación de un gobierno transitorio y la decisión de realizar segundas elecciones de manera inmediata.

La pandemia postergó la realización de elecciones en tres ocasiones e hizo evidente la precariedad del sistema de salud y las debilidades del Estado boliviano. Nunca se conocerán las cifras verdaderas de muertos, gasto y corrupción que provocó la pandemia, pero la mayoría de los bolivianos contabilizamos un familiar, un amigo o un conocido que sucumbió ante la enfermedad y la indolencia estatal.

A pesar de los avatares, la elección 2020 anuncia un tiempo de recomposición institucional, de aprendizaje y lecciones para el futuro. Suelen ser los traumas profundos que anticipan y propician cambios en la actitud colectiva. El principio del cambio es la participación ciudadana en urnas, masiva, pacífica y ordenada, preservando el derecho a elegir, disentir, criticar y expresar libremente las ideas.

En el siglo XX, la tensión fue entre dictaduras militares y democracia; en el siglo XXI, entre los radicalismos de izquierda o derecha y el centro democrático. Bolivia, a pesar de las secuelas de la pandemia, un liderazgo político que ilusionó y finalmente defraudó, intentará, como lo hizo en el pasado, renovarse internamente, para reorientar la política hacia sus vecinos y el mundo; sociedad globalizada, que demanda gobiernos responsables, sensibles y proactivos con el cambio climático, solidarios con la comunidad y naturaleza.

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