Este curioso país



Por Pablo Valderrama, IdeaPaís

Es imposible evaluar 2021 sin tener a la vista los últimos dos años que han atravesado a este curioso país. Y es que diciembre cierra un capítulo que estalló en octubre de 2019 y que arrasó con todo un ciclo político: por primera vez desde el retorno a la democracia, una coalición ajena a los “centros” -centroizquierda o centroderecha- alcanza el poder y desplaza a los bloques tradicionales.

Se trata también de un año que termina expectante respecto al proceso constituyente: la Convención está -por fin- pronta a discutir las normas del texto constitucional, lo que poco a poco irá dando luces sobre si este proceso será recordado por sus estridencias y perpetuar las incertidumbres o por procesar institucionalmente el malestar y ofrecer estabilidad. Asimismo, fue el año de la maratón de las elecciones, en las que el Servel dio clases de cómo organizarlas y entregar rápidamente sus resultados. Los mismos que dejaron a varios favoritos en el camino: Jadue, Lavín y Sichel. Aunque no los demos por muertos: la resurrección es posible en política. Además, esos resultados penan a la centroderecha -que quedó débil al quedar fuera del balotaje-y a la centroizquierda -que perdió 20 diputados y un millón de votos en la presidencial.

También, 2021 termina con una institucionalidad un poco más robusta que hace dos años. Los gestos republicanos entre el presidente electo con el saliente y el candidato derrotado reafirman la vigencia de la institucionalidad chilena. La misma que en 2019 colgaba de un hilo, y que un Congreso irresponsable, plagado de acusadores constitucionales y desfondadores previsionales -de izquierda y derecha- solo debilitó.

Respecto al legado del gobierno, se recordará tanto el exitoso programa de vacunación como un Presidente que maltrató grave e injustificadamente a sus adherentes: impulsó el matrimonio igualitario, que no solo no estaba en su plan de gobierno, sino que era un proyecto del que se declaraba contrario; restringió excesiva e injustificadamente la libertad de culto durante la pandemia; y “reveló” que la Red Clase Media Protegida era solo un buen titular; entre varios bochornos más.

Kast, por su parte, logró sobreponerse a ese legado. A pesar de un impresentable primer programa de gobierno y de algunas declaraciones al interior de su campaña, alcanzó algo importante este 2021: forzar la moderación de Boric y darle aire a la derecha, que luego del plebiscito de entrada y la elección de los convencionales, se encontraba moribunda. Lo que no pudo, eso sí, fue sanar la enfermedad más grave de la centroderecha: ofrecer políticamente algo más sustantivo que orden, seguridad y crecimiento económico -ese que parte de la izquierda desprecia inexplicablemente. La candidatura republicana mantuvo vigente el forado de un sector que no ofrece una agenda de cambios y reformas a la altura de las expectativas de la ciudadanía.

Es más, su desorientación es tan grave luego de la derrota, que sus dirigentes dedican tiempo a un triste casting farandulero para elegir a un nuevo líder, en vez de hacer una revisión profunda sobre el proyecto que les impide ganar elecciones presidenciales cuando al frente hay candidatos potentes. No por nada este sector ha perdido seis de ocho presidenciales.

Hubo varios cambios profundos en 2021. Es probable que en 2022 haya aún más. Veamos cómo le irá a este curioso país.

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