Opinión

La Agenda 2030 en América Latina: por qué sigue siendo importante

Nos encontramos en un punto de inflexión histórico. A sólo cuatro años de que expire el plazo para cumplir con la Agenda 2030, las señales que emanan de la CEPAL no son una advertencia, es un llamado de auxilio para el modelo de desarrollo que hemos construido. Los datos presentados en el Noveno Foro de los Países de América Latina y el Caribe sobre el Desarrollo Sostenible son lapidarios, ya que, al ritmo actual, nuestra región sólo alcanzaría a cumplir el 19% de las metas que plantean los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Esta cifra no es una estadística vacía en medio de algoritmos; es el reflejo gris de una realidad social y económica que se nos escapa de las manos. Mientras que el año pasado proyectábamos un cumplimiento del 23%, hoy retrocedemos sin contemplación. Este declive nos indica que los esfuerzos actuales, aunque bien intencionados, han sido insuficientes para contrarrestar la inercia de la crisis global. De cada 100 metas 42 avanzan bien, pero 39 permanecen estancadas o en franco retroceso. En áreas críticas para la dignidad humana y el equilibrio planetario, estamos literalmente caminando hacia atrás. El análisis liderado por José Manuel Salazar-Xirinachs identifica con precisión los obstáculos. Por un lado, factores externos como la inestabilidad geopolítica y el cambio climático nos golpean con fuerza. Por otro, debilidades internas estructurales, como la baja capacidad de los estados, restricciones de financiamiento y falta de priorización política, actúan como un ancla que impide el avance. En Sudamérica, la proyección de cumplimiento se sitúa apenas en el 19%. Sin agua limpia y saneamiento (ODS 6), sin energía asequible (ODS 7) y sin una infraestructura resiliente e innovadora (ODS 9), nuestras ciudades y comunidades (ODS 11) seguirán siendo vulnerables a los embates de la incertidumbre global que ha caracterizado este 2026.

Desde Pacto Global Chile, reafirmamos que el sector empresarial es un motor indispensable para revertir esta tendencia. Nuestro país enfrenta este escenario con una dualidad compleja. Aunque hemos sido líderes históricos a través de la integración de criterios ASG (Ambientales, Sociales y de Gobernanza) y una transición energética ambiciosa, los indicadores nacionales muestran que el camino se ha vuelto cuesta arriba. Si bien hemos avanzado en metas vinculadas a la energía y la acción climática (ODS 13), la persistencia de brechas en protección social y el estancamiento en igualdad de género (ODS 5) y fin de la pobreza (ODS 1) nos sitúan en una zona de riesgo. La crisis hídrica prolongada y la necesidad de revitalizar la industria bajo parámetros de innovación sostenible son hoy los nudos críticos que Chile debe desatar para no quedar rezagado. Debemos redoblar los esfuerzos para acelerar la descarbonización, fortalecer la institucionalidad corporativa bajo estándares de ética y transparencia, y financiar la innovación, de modo que permita cerrar las brechas de desigualdad.

Aún tenemos cuatro años. Los suficientes si decidimos que la sostenibilidad sea la brújula que guíe cada inversión y cada política pública. El seguimiento de la Agenda 2030, no es por ser un mandato internacional, sino porque grafica dónde están las prioridades y dónde debe establecerse el compromiso con la prosperidad de las generaciones que hoy nos observan con legítima preocupación. Un momentum clave para pasar de la retórica a la acción de verdad, con indicadores comparables y un resultado beneficioso para las empresas en el negocio, y para la sociedad, en su bienestar.

Por Margarita Ducci, directora ejecutiva Pacto Global Chile, ONU

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