Opinión

La crisis del centro y el rol del PS ¿articulador o espantapájaros?

Foto: Andrés Pérez. Andres Perez

El sonado fracaso de Amarillos y Demócratas, apenas disimulado por algunos nombramientos por parte de José Antonio Kast (lo que se suma al desdibujamiento del PR y la DC), lleva a preguntarse por las formas que el centro tiene para salir de su marasmo.

Tal vez es demasiado obvio que estas instancias que nacieron como espantapájaros para alejar al electorado moderado de las posturas más izquierdistas prevalecientes hasta el gobierno de Gabriel Boric, no lograron cuajar un rol histórico.

Eso ofrece esperanza para proyectos que no sean meros posicionamientos geográficos en una dudosa equidistancia entre los extremos de derecha e izquierda. Después de todo, el centro como nicho ecológico históricamente ha dado muy buenos frutos. Pasó con los gobiernos liderados por democratacristianos y socialistas, cuando tuvieron una vocación de continuidad y cambio, ajena a la impaciencia y la estridencia.

Es cierto que el sistema binominal era en sí mismo un gran moderador, pues las alianzas a las que obligó favorecieron al centro como eje. Pero, también es correcto afirmar que el binominal tendía a la exclusión, la desafección y la consecuente ilegitimidad, por lo que había que cambiarlo por uno proporcional, aunque estos tienden a fragmentar la oferta política y a hacer perder fuerza gravitatoria al centro. Algo que se ha exacerbado por las crisis post estallido y post covid, y por los vientos internacionales.

De todos modos, no hay determinismos electorales que excusen el fracaso. Esto, pues el centro siempre puede jugar su rol histórico como articulador de acuerdos y generador de sentidos comunes, más allá del ruido de la actualidad.

Algo que parece lejano a otros que intentaron ocupar el centro, más desde un lugar doctrinario que articulador, como pasó con Carolina Tohá (y todo el PPD), Evópoli o la DC (atrapada en su drama identitario). Esto pues en su afán de tener la razón y los blasones del liberalismo y la democracia, terminaron desconectados de los problemas y temores reales de sus electores, luciendo como figuras elitistas e iluminadas.

Ante la necesidad de un centro que levante un puente de plata capaz de unir un sistema político en desbande, el llamado a hacerlo es el PS.

En parte es obvio, porque el partido de Ricardo Lagos y Michelle Bachelet ya conoció ahí el éxito, tras transformar las doctrinas de izquierda que le dieron forma en marcos interpretativos más generales, capaces de ofrecer líneas rojas, antes que horizontes inalcanzables. Algo que los llevó a dar con la tecla de la gobernabilidad, negociar con la derecha y reemplazar a la DC como hegemón. Un capital político y técnico valioso, pues la crispación que favorece a los extremos no puede durar para siempre.

Además, el PS cuenta con liderazgos adecuados. Es el caso de Álvaro Elizalde, quien como presidente del Senado (más que como ministro de Boric) ha dado con el tono; claridad en los límites, capacidad técnica y pragmatismo negociador.

De todos modos, lo del PS no es un destino manifiesto, pues sufre de los mismos cantos de sirena que hicieron fracasar al Frente Amplio, y que resuenan en personajes como Daniel Manouchehri y Daniella Cicardini, engolosinados con la dopamina del like, sin reparar en que el trabajo constructivo y eficiente es el que lleva al poder real.

Por Cristóbal Osorio, profesor de Derecho Constitucional, Universidad de Chile.

Más sobre:CentroPolíticaPSModeradosDC

COMENTARIOS

Para comentar este artículo debes ser suscriptor.

Lo más leído

Plan Digital + LT Beneficios por 3 meses

Infórmate mejor y accede a beneficios exclusivos$6.990/mes SUSCRÍBETE