Opinión

La presión estadounidense y el próximo gobierno de Kast

Se ha comentado que la decisión del gobierno de Estados Unidos de sancionar a tres funcionarios del gobierno, tendría el objetivo no tanto de castigar una conducta que Washington considera inadecuada, sino de establecer una advertencia indirecta al gobierno entrante. Si esto es así, el Presidente Kast enfrenta una serie de desafíos en el manejo de su política exterior, particularmente en el modo en que estas sanciones afectan las relaciones bilaterales con Washington en un escenario de competencia sino-estadounidense a nivel mundial. Evidentemente, el problema es que el gobierno de Trump ha señalizado que hay espacios de la relación que Chile tiene con China que considera intolerables, lo que representa una serie de riesgos para el país.

De partida, en las circunstancias actuales, es problemática la posibilidad de una erosión gradual de autonomía estratégica. Y esto porque, hasta el episodio del pasado viernes 20 de febrero, el país había cultivado una política exterior altamente pragmática: podía comerciar con ambas superpotencias. Pero la señal enviada por Washington es que ciertos sectores específicos, como el cableado digital (a lo que pueden sumarse otros como la tecnología 5G o los minerales críticos), ya no son neutros. Ahora bien, podría decirse que, en el papel, Kast es ideológicamente más cercano a Estados Unidos, y que esta alineación reduciría los riesgos con Washington. Y esto puede ser verdad. Pero el problema es que, al mismo tiempo, reduciría los márgenes de maniobra del país, minimizando eventualmente la posibilidad de negociar con ambas potencias.

Por otro lado, no hay que perder de vista los efectos de segundo orden a nivel reputacional e incluso psicológico. Hay evidencia que manifiesta que sanciones individuales introducen el precedente de personalizar un desacuerdo estratégico. Cuando eso ocurre, la consecuencia es un proceso de cascada hacia abajo, donde tecnócratas o empresas chilenas se inhiban (o como mínimo sean más cautelosas) de involucrarse en proyectos con China. Esta suerte de auto-censura, ciertamente incrementaría nuestro crédito político con Estados Unidos, pero desalentaría hipotéticamente oportunidades con China en un contexto donde es un mercado que representa 40% de nuestras exportaciones. Por lo mismo, el gobierno de Kast se enfrenta a un dilema: inclinarse hacia el gobierno de Trump, desaprovechando con ello el inmenso mercado chino (sin entrar siquiera en analizar la manera en que Beijing entenderá esa distancia), o calibrar su política exterior buscando equilibrio a sabiendas que es un ejercicio difícil y riesgoso, y donde la volatilidad que presenta el presidente norteamericano obliga a moverse en incertidumbre.

Desde esta perspectiva, la relación bilateral con Washington implicará un problema, incluso si se da por sentada la cercanía política. Una forma posible de abordar el asunto es transformar el riesgo en oportunidad. Chile podría intentar profundizar su cooperación en áreas como las de ciberseguridad o participación en redes digitales occidentales, a cambio de garantías de inversión estadounidense, haciendo que la exigencia de desacople con China sea palanca de negociación. Otra, más inteligente, es reducir esta dicotomía a partir de búsqueda de nuevos interesados (¿UE, Corea del Sur, Japón?) que aborden la necesidad de redundancia digital. Quedar atrapado en la lógica binaria es, entonces, algo que el próximo gobierno debiera evitar.

Por Guido Larson, académico Facultad de Gobierno, Universidad del Desarrollo

Más sobre:WashingtonPolítica exteriorChina

COMENTARIOS

Para comentar este artículo debes ser suscriptor.

Plan Digital + LT Beneficios por 3 meses

Infórmate mejor y accede a beneficios exclusivos$6.990/mes SUSCRÍBETE