Por Ricardo AbuauadSantiago, líder en caminabilidad

El ranking Best 100 Walking Cities 2026 de GuruWalk ubicó a Santiago como la mejor ciudad de América Latina para recorrer a pie y entre las 30 más caminables del mundo. ¿Así lo percibimos también los santiaguinos?
El ranking no mide caminabilidad en el sentido clásico de urbanistas (veredas, accesibilidad universal o cercanía a servicios). Mide datos de uso y satisfacción de viajeros que recorren ciudades a pie, por lo que parece capturar mejor la experiencia de descubrir una ciudad caminando que la calidad integral de su infraestructura peatonal. Es cierto: hay zonas de Santiago que invitan a caminar y eso es bueno para el turismo, reduce emisiones y congestión, mejora la salud física y mental, fortalece el comercio local, fomenta la cohesión social y hace más vivibles los barrios. En tiempos de sedentarismo y soledad, caminar es una herramienta de bienestar.
Pero la caminabilidad no se mide solo por algunos circuitos. Santiago es una ciudad grande, y nadie espera que caminar sea la opción preferente siempre. Sí, en cambio, que cuando caminar sea factible, esta caminata sea segura, cómoda, inclusiva (condiciones ONU-Hábitat para una ciudad caminable). Y ahí la experiencia del santiaguino es dispar. Hay barrios donde caminar es agradable y otros donde resulta muy difícil. Madrid o Roma no son exitosas porque sus habitantes amen caminar; son exitosas porque planificaron para que caminar fuera fácil. París impulsó la célebre “ciudad de los quince minutos”, acercando servicios a los hogares, mientras Barcelona transformó sectores mediante las supermanzanas, recuperando espacio para peatones.
Santiago también puede avanzar. Una ciudad equitativamente caminable requiere veredas continuas y accesibles, cruces seguros, arbolado abundante, iluminación adecuada, mobiliario urbano y barrios donde vivienda, comercio, educación y servicios convivan a distancia peatonal. También exige reducir las barreras que fragmentan la ciudad: autopistas urbanas, avenidas hostiles y extensas zonas monofuncionales. Y, en esto, las comunas ricas, ferozmente dependientes del auto, no están mejor que las pobres, donde la dificultad viene del poco confort o de la inseguridad. En ambas, por distintas razones, caminar cuesta mucho.
Quizás el valor del reconocimiento de GuruWalk radica en la pregunta que obliga a formular: si Santiago resulta tan atractiva para ser descubierta caminando ¿por qué no siempre lo es para quienes habitan sus barrios, sus periferias ricas y pobres? El desafío es que esa experiencia deje de ser privilegio del visitante ocasional y se transforme en una realidad cotidiana para la persona mayor que va de compras, el niño que vuelve del colegio, la persona con movilidad reducida que atraviesa la calle, el conductor que se mueve pocos kilómetros en la SUV ridículamente enorme, o el obrero que parte temprano al trabajo. Santiago parece haber aprendido a ser una ciudad atractiva para recorrer. Todavía le falta convertirse en una ciudad fácil de habitar caminando.
Por Ricardo Abuauad, Decano Campus Creativo UNAB y profesor UC
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