Ya no basta con esperar la lluvia




Por Paul Dourojeanni, Líder de Gobernanza e Institucionalidad EH2030, Fundación Chile

¿Qué tiene que pasar para entender que la institucionalidad hídrica del país no responde a la “nueva” normalidad? El llamado se hace en el día de concientización sobre el agua, en el décimo segundo año consecutivo de sequía, con sectores rurales y comunidades sin acceso a agua potable, con inminentes racionamientos en las ciudades más pobladas, con decretos de escasez desde Atacama hasta Aysén, y con un medible impacto sobre el medio ambiente, la economía y la seguridad alimentaria del país.

Las acciones que el gobierno asumirá en la materia en los próximos años serán trascendentales para responder a las crisis de hoy y mañana. Junto con la necesaria discusión de una política pública y el establecimiento de una autoridad única en torno al agua, el gobierno deberá además enfocarse en formalizar la institucionalidad a nivel de cuencas.

Particularmente en sectores urbanos, la institucionalidad del agua ha sido capaz de sobrellevar una década de sequía mediante intensas negociaciones, medidas de emergencia y otras acciones realizadas particularmente por el sector sanitario y agrícola. No obstante, la fragilidad de estos acuerdos y medidas, que dependen en gran parte de la voluntad de los incumbentes, no es una solución sostenible en condiciones que la sequía ya no será extraordinaria. En el sector rural, correspondiente a casi dos tercios del territorio nacional, los efectos prolongados de la falta de agua han golpeado con fuerza desde hace años, sin contar con el mismo respaldo técnico, financiero y mediático de sectores más densamente poblados.

Países como Australia, Israel y Sudáfrica, así como el estado de California (EE.UU.), vivieron una situación similar y reaccionaron con una discusión pública respaldada por conocimiento científico, gatillando cambios importantes en la institucionalidad. Su conclusión: resulta indispensable llevar la toma de decisiones a nivel de cuenca con participación, información y conocimiento, disponiendo de instituciones adecuadas y de instrumentos que permitan dar una respuesta eficiente y adaptable a la crisis climática.

En el país existen avances en este ámbito: instancias de participación llevadas a cabo en distintos territorios; avance en la elaboración de Planes Estratégicos de Gestión de Recursos Hídricos en cuencas; además de acuerdos en el Congreso Nacional y la Convención Constitucional sobre la importancia de la gestión integrada de recursos hídricos con un “enfoque de cuenca”.

Las tareas para el gobierno deben ir en estas líneas, enfocadas en desarrollar efectivos puentes de colaboración entre las comunidades, el sector público, privado y la ciencia a nivel de cuenca. Todo lo anterior, sentando las bases para el establecimiento de organismos de cuenca que contribuirán a la seguridad hídrica. Algo que pareciera entender la actual administración, que ha reiterado en los primeros días de asumido su mandato la importancia del diálogo, la participación y trabajo conjunto a lo largo del territorio nacional.

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