Por Paula CatenaBenjamín Salas: “Los aranceles que se impusieron el año pasado y los de ahora no son responsabilidad del gobierno de turno, responden a una política general de EE.UU.”
El exasesor de asuntos internacionales de la Presidencia cree que la Cancillería todavía tiene margen para revertir la decisión del país norteamericano. Además, considera que las diferencias entre ministros sobre el tema “no tienen un efecto en la negociación”.

“Confío en la capacidad del gobierno de poder mitigar algunas de estas medidas”, dice Benjamín Salas, exasesor de asuntos internacionales de la Presidencia durante el segundo gobierno de Sebastián Piñera, sobre los aranceles del 12,5% que impuso Estados Unidos a Chile, bajo el argumento de que comercia con países que hacen trabajo forzoso.
A su juicio, la Cancillería ha hecho un buen trabajo para enfrentar la controversia y ahora se debe avanzar en discutir de qué manera Chile podría exigir mayores estándares de derechos humanos en materia de importaciones.
El también profesor adjunto de la Universidad de Columbia, a diferencia de lo que plantearon republicanos durante la administración de Gabriel Boric -cuando se subió por primera vez los aranceles, en lo que se denominó como el “Día de la liberación”-, considera que la decisión de Estados Unidos no pasa por declaraciones o posturas adoptadas por los gobiernos de turno, sino que responde a un diseño del país norteamericano.
¿Hay margen real para revertir los aranceles que impuso Estados Unidos?
Ahora viene una fase muy importante que es negociar con Estados Unidos la exención de ciertos productos que quedaron sujetos al arancel del 12,5% y que ojalá se puedan excluir. De eso va a depender cómo el gobierno pueda responder a las inquietudes que planteó Estados Unidos a través de su investigación que hizo bajo la ley americana.
¿Qué puede ofrecer a cambio Chile?
Eso va a depender de cuáles son los resultados específicos de la investigación sobre las importaciones que hace Chile de países que Estados Unidos considera que incurren en trabajo forzoso.
¿El argumento de no tener regulación respecto a la importación a países que hacen trabajo forzoso es creíble o comparte la línea del ministro de Agricultura de que es una “chiva”?
Se enmarca dentro de la estrategia y la decisión política de Estados Unidos de imponer aranceles a nivel global para poder proteger a los productores americanos, que es una medida proteccionista que empujó el Presidente Trump durante su primera administración y que ahora la está empujando con muchísima más fuerza en su segunda administración.
¿Pero cuál es el interés que hay detrás: perjudicar a China o conseguir algo extra de los países a los que les impone aranceles?
Acá hay dos cosas. Por un lado, existe un esfuerzo por parte de Estados Unidos de incorporar medidas proteccionistas para impulsar a los productores locales que están en competencia con productos de otros países. Y, en segundo lugar, también son medidas que indirectamente buscan dañar a China, dado que muchas de las importaciones que le preocupan a Estados Unidos son precisamente aquellas que provienen de ese país. Entonces, indirectamente, al establecer estos aranceles a distintos países, lo que ellos buscan en el fondo es que, en las negociaciones bilaterales que establezcan con los distintos países, puedan restringir la importación de ciertos productos que probablemente vienen desde China.
Dijo que estaba confiado de que se pudiera revertir. ¿Por qué?
Confío en la capacidad del gobierno de poder mitigar algunas de estas medidas. Por supuesto, va a ser difícil poder dejar la medida completamente sin efecto, pero acá sí va a haber una negociación que va a ser delicada. La Cancillería tiene mucha experiencia en materia negociadora. También hay que tener en cuenta que estas medidas afectan a 60 países y afectaron también a algunos de los aliados más cercanos a Estados Unidos.
Pero otros países como Argentina mantuvieron el 10%...
Sí, pero Argentina quedó con un 10 por ciento porque tiene legislación que regula en materia de importaciones aquellos productos que estén vinculados a trabajo forzoso.
¿Y por qué Chile no avanzó en tener legislación de ese tipo?
Era muy difícil saber que el gobierno de Estados Unidos iba a tomar esta lista de trabajo forzoso para imponer tarifas. En segundo lugar, hay que preguntarse qué debería hacer Chile para poder exigir mayores estándares de derechos humanos en materia de importaciones. Ahora, Chile ha incorporado capítulos laborales importantes y robustos en sus acuerdos comerciales más recientes.
¿Qué debería hacer Chile para elevar esos estándares?
Chile debe tener esto en consideración al momento de modernizar acuerdos o suscribir nuevos acuerdos comerciales. Hay que ocupar los mecanismos institucionales que existen dentro de los tratados comerciales para poder conversar con las contrapartes y ver cuáles son los estándares de derechos humanos que sería importante incluir.
¿Por qué cree que no se ha avanzado? ¿Para evitar conflictos con China?
Desconozco las razones. Pero, lo que sí te puedo decir, es que Chile ha estado avanzando en esa dirección.
¿Chile debería tener una postura más dura con Estados Unidos teniendo en cuenta que hay un Tratado de Libre Comercio vigente y que se está incumpliendo?
Por supuesto. El gobierno lo ha hecho bien, que es ampararse en un Tratado de Libre Comercio jurídicamente vinculante. La postura del gobierno ha sido absoluta en esta materia, pero también acá hay que ser pragmático. Más que palabras y frases grandilocuentes, lo que acá se requiere es una negociación.
¿Cuánto daño genera en las negociaciones en curso las declaraciones de otros ministros del gabinete, que cuestionan duramente la decisión de Estados Unidos?
Lo importante es enfocarse en las capacidades que tienen los equipos negociadores de la Cancillería. El resto es un asunto de política interna.
Pero la política interna generó una reacción del embajador de Estados Unidos en Chile, que deslizó que ese tipo de intervenciones podrían perjudicar las tratativas…
Sí, es cierto, pero cada uno tiene derecho a reaccionar. Lo importante es que las negociaciones están en curso y confío en que van a tener un resultado positivo.
¿El gobierno debería de aunar el relato en esta materia?
La voz del gobierno ha sido clara y es la que representa el canciller. Si bien han existido pequeñas diferencias en las reacciones de algunos ministerios, esto no tiene un efecto en la negociación.
El embajador de Estados Unidos opina distinto…
La voz del gobierno ha sido clara.
Cuando Estados Unidos impuso en el gobierno pasado los aranceles, los republicanos criticaron que se debió a los cuestionamientos del expresidente Boric a Donald Trump. Sin embargo, en esta administración el aumento fue mayor. ¿Esto demuestra que la decisión no tuvo nada que ver con el gobierno de turno?
Esto se enmarca dentro de la política comercial de Estados Unidos a nivel global y, por lo tanto, no responde a ningún signo político. La mejor prueba de aquello es que los mismos aranceles que se le pusieron a Chile, se le pusieron a países como Israel, como Australia, como Reino Unido. Acá no existe ningún tipo de responsabilidad por parte del gobierno. Lo que es importante es que el gobierno sí tiene la importante tarea de mitigar estas medidas.
¿Se equivocó la entonces oposición en cuestionar al expresidente Boric?
Tanto los aranceles que se impusieron el Día de la Liberación, el año pasado y los de ahora, no son responsabilidad del gobierno de turno, responden a una política general de Estados Unidos.
¿Fue un error politizar la decisión?
Te vuelvo a insistir: en ninguno de los dos casos creo que haya sido responsabilidad de los gobiernos de turno.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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