Política

Jorge Insunza, exvicepresidente PPD: “Hay una resistencia emocional y política a hacer una autocrítica por la derrota frente a Kast”

El también exministro y exdiputado insta a la centroizquierda a realizar una reflexión colectiva sobre el fracaso electoral que los devolvió a la oposición en marzo y las razones que llevaron al gobierno de Boric a ver truncado su afán transformador.

Andres Perez

A fines de los 70 y hasta 1990 el socialismo chileno experimentó un profundo proceso de autocrítica tras el fracaso de la Unidad Popular que derivó en su “renovación” y una alianza con la DC que permitió derrotar a la dictadura militar.

En eso pensó el exministro y vicepresidente PPD Jorge Insunza a propósito del desastre electoral que allanó el triunfo de José Antonio Kast, al embarcarse en “El dieciocho Brumario de Gabriel Boric”, libro en el que insta a la centroizquierda a reflexionar sobre su último fracaso electoral.

La premisa que acompaña el título del libro es que las derrotas que no se comprenden se repiten como destino. ¿La izquierda ha evitado hacer un balance?

Lo que veo, y es muy natural como reacción humana, es una resistencia emocional y política a hacer una autocrítica, un examen incisivo, profundo, y con el necesario desgarro, de dónde estuvieron los errores, las falencias, los vacíos que terminaron con este resultado. Soy de los que no dejan de tener una íntima indignación con que al final le entregamos el gobierno a Kast, al más pinochetista de la derecha. Pero esto no es solo una revisión del gobierno Boric, también es un análisis de qué pasó en la Convención Constitucional y lo que en el Socialismo Democrático no fuimos capaces de hacer para evitar este resultado.

Un ejercicio como el que propone también podría desatar recriminaciones que debiliten aún más a la oposición en este momento…

Es algo que uno tiene que considerar. Pero prevalece esa resistencia a la autocrítica y en eso hay debilidad y frivolidad. El proceso de la renovación socialista -tenemos que mirarlo como equivalencia del momento presente- tuvo momentos de quiebre, desgarro y de disputas, duras, severas. Pero fue eso lo que hizo que fructificara una mirada estratégica de largo plazo que permitió una convergencia entre la izquierda y la DC para conformar una mayoría social y ser gobierno.

¿Qué lecciones identifica como causas de la derrota?

Tenemos un problema de comprensión del carácter estructural de la crisis que vive Chile; hay una severa incomprensión del poder real y tenemos una agenda que ha ido quedando en la obsolescencia. Es evidente que el Estado hoy día no tiene credibilidad frente a la gente como alternativa de solución para sus problemas en el campo económico, en el bienestar social y en seguridad.

Eso conecta con la contingencia, porque no ha quedado en evidencia en el debate de la megarreforma del gobierno cuál es la alternativa de la oposición…

Tenemos una crítica, que creo que está fundada. Pero no nos hemos transformado en una alternativa que sea creíble para la gente. Yo visualizo que el gobierno de Kast no quiere dialogar, quiere imponer, aunque sea por un voto y, en eso, se parece más a la Convención que a otra cosa, y lo veo cómodo prefiriendo que su oposición sea el PC y el Frente Amplio, porque a través de la polarización pueden tener más espacio de aglutinar. Pero romper esa lógica es una responsabilidad sobre todo nuestra, del mundo del Socialismo Democrático.

Al escucharlo queda claro que en su libro plantea que la derrota no fue sólo por mala gestión…

Hay una falla teórica. Al reivindicar las teorías de Laclau y Mouffe en el FA no son capaces de gobernar con eficacia, de producir transformaciones estructurales, acumulan frustración y terminan desplazando hacia una derecha más radical a importantes sectores de la sociedad.

Plantea que la derrota se veía venir. ¿Cuándo se hizo inevitable?

Ocurrió muy en los primeros días del gobierno Boric. En enero del 2022 el Apruebo estaba en el 56% y el Rechazo en el 32%. Cuando se imponen a rajatabla las normas sobre el sistema judicial, pasa lo de Temucuicui, la frustración por el cuarto retiro y la crisis de seguridad, esa curva se quebró los primeros días de abril, y ahí no hubo capacidad de reacción. Luego, la propia derrota en el plebiscito de septiembre se leyó superficialmente como una especie de derrota táctica, sin atreverse a mirar qué falla más estructural la determinó.

Usted le pone apellido a la derrota con Kast y la señala como una derrota estratégica, no sólo electoral.

Es estratégica, porque hay importantes segmentos de los sectores populares y de la clase media que se alejaron de nosotros. Cuando una fuerza progresista de izquierda tiene esa ruptura con los sectores que está llamado a representar no puede sino entenderse como una falla estratégica.

Sin embargo, hubo lo que se entendió como cambio de rumbo con el ingreso del Socialismo Democrático tras el plebiscito...

No fue así. Una cosa es la incorporación de algunos ministros y otra es la redefinición del gobierno. El papel de Carolina Tohá fue de contención, pero todavía en ausencia de una concepción compartida. Eso se expresó en las primarias del año pasado, en la campaña del Frente Amplio con esta imagen de la mesa del poder.

¿Cómo conversa con esa lectura, por ejemplo, el giro de la agenda de seguridad o la misma reforma previsional?

La agenda de seguridad fue una agenda de entendimiento entre el gobierno y la oposición, con el liderazgo de Carolina Tohá muy resistido desde el Frente Amplio y del PC, y en el caso de la reforma previsional, cosa que analizo en el libro, es más bien puro retroceso. Fue el acomodo de una reforma para fortalecer la PGU, pero con la renuncia completa a cualquier transformación estructural del sistema de pensiones.

¿Qué rol jugó el Socialismo Democrático en todo este proceso?

Lo describo como una lúcida impotencia de no ser capaces de cambiar el rumbo y, por lo tanto, también de impedir la derrota.

¿Qué horizonte de recuperación tiene la derrota?

La historia siempre te da oportunidades, pero es necesaria una segunda renovación de la comprensión de la democracia y sus desafíos en el tiempo actual en un Estado que se ha ido volviendo obsoleto y una visión sobre el desarrollo y el crecimiento que la izquierda abandonó.

Una de las conclusiones más duras a las que llega es que el gobierno de Boric nunca llegó a transformarse en una amenaza real a poder alguno. ¿Perdió en algún minuto esa posibilidad? ¿Nunca lo tuvo?

El momento posterior al estallido permitía representar una alternativa de cambio y perdimos esa oportunidad. El gobierno que se pretendía más transformador que la Concertación, hizo menos reformas estructurales que ella. Nos incluyo en ese no fuimos. No es solo una responsabilidad de ellos. Pero como estaban a cargo de la conducción, tenían la mayoría de la Convención Constitucional, estaban a cargo del gobierno, tienen una responsabilidad mayor en dilapidar ese 78% y transformarlo en menos de dos años en 38%. Eso.

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