Política

Marín se suma a lista de ministros cuestionados y se complica diseño comunicacional de La Moneda

El gobierno sumó un nuevo traspié por la salida de Priscilla Carrasco, en medio de críticas del propio oficialismo y dudas sobre el manejo del caso. El episodio es uno más de una semana marcada por los errores comunicacionales.

La ministra de la Mujer, Judith Marín. Foto: Jonnathan Oyarzun/Aton Chile.

Fue a primera hora de este miércoles. El ministro del Interior, Claudio Alvarado, anunció que se ponía en pausa la remoción de la directora del Sernameg, Priscilla Carrasco, apenas 48 horas después de que el gobierno activara su salida.

“En las últimas horas ha surgido un nuevo elemento (…), el ministerio recibió una licencia médica, que al parecer tendría efectos retroactivo”, explicó el jefe de gabinete en conversación con Radio Pauta. La movida de Carrasco cambió los planes del Ejecutivo y obligó a congelar “por el momento” la decisión, a la espera de conocer el alcance administrativo de ese antecedente.

Pero el daño ya estaba hecho. La remoción -comunicada el lunes por la ministra de la Mujer y Equidad de Género, Judith Marín, mediante la solicitud de renuncia no voluntaria- abrió un flanco político difícil de contener. No solo por la forma, sino también por el contexto: Carrasco atraviesa un tratamiento por cáncer de mama triple negativo, un factor que rápidamente tensionó el caso y activó críticas incluso desde sectores oficialistas.

Las reacciones cruzaron el espectro. Karla Rubilar, Evelyn Matthei y las senadoras María José Gatica y Paulina Núñez cuestionaron la decisión, instalando dudas sobre su oportunidad. En el Ejecutivo resienten que el foco haya quedado ahí.

Los argumentos para su remoción -insisten en Palacio- son de carácter técnico. Según los antecedentes levantados por el ministerio, la salida de Carrasco responde a una auditoría interna que detectó observaciones críticas en la gestión del servicio. Entre ellas, retrasos reiterados en la entrega de información, respuestas incompletas a requerimientos formales y la existencia de antecedentes inconsistentes o parciales, lo que, a juicio de la cartera, vulnera principios básicos de la administración pública, como la eficiencia y la probidad.

El informe es más duro en su diagnóstico. Describe un “escenario de riesgo institucional alto”, marcado por debilitamiento del control interno, pérdida de confiabilidad de la información. Uno de los focos más sensibles es la situación de Prodemu. El ministerio advierte una falta de gestión oportuna frente a su crisis financiera, junto con el uso ineficiente de más de $6.100 millones en programas sin evaluación verificable de resultados.

Sin embargo, las explicaciones técnicas han quedado opacadas por el impacto político. Su salida se instaló como un nuevo tropiezo en una semana que ya venía cuesta arriba para La Moneda.

Y es que el episodio no ayudó tampoco a cerrar el flanco abierto por la polémica del “Estado en quiebra”, la fallida bajada comunicacional con la que el gobierno intentó defender el alza de los combustibles. Ese capítulo terminó con el director de comunicaciones del Segundo Piso, Cristián Valenzuela, asumiendo la responsabilidad y con un requerimiento de información por parte de la Contraloría.

El martes, en medio de ese ruido, la ministra vocera, Mara Sedini, optó por evitar a la prensa en los pasillos de Palacio y salió corriendo por las escaleras, en momentos en que era consultada por la respuesta al ente fiscalizador dado que este miércoles vence el plazo. La escena fue mal evaluada en Palacio, pues el registro fue la constatación de la falta de preparación de la vocera para manejar ese tipo de situaciones con soltura en público.

El registro de la vocera corriendo para evitar responder consultas de la prensa.

En los últimos días, la voz del Ejecutivo se ha concentrado en Alvarado, el ministro secretario general de la Presidencia, José García y el propio Presidente José Antonio Kast, quien incluso asumió un rol protagónico al abordar las controversias en una entrevista con radios de la Archi. En Palacio algunos resienten ese diseño, no solo porque expone al Mandatario a la contingencia, sino porque reduce su margen para retomar la agenda.

La ausencia relativa de Sedini del primer plano también ha abierto cuestionamientos. En sectores del oficialismo reconocen que no es del todo claro qué busca comunicar la vocería y que se requiere un ajuste en su preparación, con mayor tiempo para estudiar los temas y un flujo de información más ordenado con el Segundo Piso.

A ello se suma un diagnóstico más de fondo: en las tres semanas que lleva el gobierno, la agenda ha estado dominada por noticias impopulares, sin contrapesos que permitan instalar un relato más “esperanzador”. Pese a ello, en Palacio transmiten que no habrá cambios en la estrategia asentada desde la campaña que establece que hay una “emergencia”.

Eso sí, reconocen que, al estar en las primeras semanas de gobierno, están definiendo el modelo de trabajo y el flujo de la entrega de información.

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