Manual para enfrentar una crisis de pánico

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Crisis de pánico.

Vivir una crisis de pánico es para muchos la peor experiencia de su vida. Un episodio que genera sensaciones físicas traumáticas que quedan grabadas en la memoria de quienes la experimentan. Por qué ocurren, cómo enfrentarlas y qué hay detrás de ellas es lo que acá explican expertos en la materia.


Taquicardia, vista borrosa y sensación de desmayo fueron los síntomas que experimentó Catalina Santander (20) en su primera crisis de pánico. Ese día, como todos, se levantó, duchó y salió de su casa para ir a tomar la micro a la universidad. Camino al paradero comenzó a sentirse extraña. Poco a poco perdía el control de sí misma y su corazón latía tan fuerte que por un momento pensó que moriría. En medio del episodio decidió llamar a su mejor amiga para que la ayudará. "Por suerte andaba cerca y llegó rápido. Cuando la vi avancé hasta ella y me desplomé en sus brazos… Según mi amiga estaba pálida. Me llevó a su casa para que descansara pero la sensación aún seguía y de a poco comenzó a desaparecer. Ese fue el comienzo de un proceso muy largo", cuenta esta joven estudiante.

Después de esa experiencia traumática, Catalina no salió de su casa en tres días porque tenía miedo a vivir nuevamente el episodio. Cuenta que pasó muchas noches llorando y que no podía contarles a sus padres, sordos, lo que le ocurría. En ese momento solo necesitaba que le hicieran cariño y estuvieran con ella. "Creo que alguien que vive una crisis de pánico lo que más necesita es una red de apoyo que los haga sentir seguro de que esto va a pasar", dice.

Al cabo de unos días en su pieza decidió salir y enfrentar su miedo. Como todavía le asustaba andar en metro, les pidió a sus compañeras, que la acompañaran en el trayecto a la universidad o que la esperaran en las combinaciones y las salidas del metro. Todos esos resguardos la hacían estar más tranquila. "Esto además de la música y unas gotitas naturales eran mi placebo para sentirme mejor. Cuando sentía que me estaba viniendo la crisis de pánico, me ponía mis audífonos, seleccionaba la música, tomaba mis gotitas y contaba diez de respiración, aguantaba cuatro y botaba en ocho", cuenta.

En el proceso Catalina trató de salir adelante sola, pero su voluntad no fue suficiente. Gracias al apoyo de la organización a la que pertenece recibió un tratamiento sicológico gratis. "Fui muy obstinada porque quería mejorarme. Tenía una libretita donde anotaba las cosas que pensaba y me aquejaban, me ponía metas, cosas tan pequeñas como, por ejemplo, tomar micro sola o incluso tomar micro cuando ya estaba oscuro. Las crisis de pánico por un momento sentí que me habían quitado mi libertad y autonomía, y esa era una de las cosas que más me molestaban y me impulsaban a superar esto. Fue un proceso larguísimo, lloré un montón, resolví cosas de mi vida que nunca pensé superar. Hoy, después de un año que comenzó todo, soy una persona totalmente distinta, crecí demasiado y aprendí que a veces puedo flaquear y ser débil. También comprendí que quienes te quieren deben estar contigo para acompañarte", comparte.

Como Catalina hay muchos que han vivido o viven una crisis de pánico sin saber que esta puede ser tratada. Un hecho que es preocupante considerando que más de un millón de chilenos sufren de ansiedad y 850 mil tienen depresión, según el último informe de la Organización Mundial de la Salud. "Cuando una persona vive una crisis de pánico es porque ha tenido una vivencia traumática, un accidente grave, haber estado bajo mucha presión o haber experimentado un cambio grande a nivel de vida (una separación, el nacimiento de un bebé o la muerte de un ser querido). Por eso es importante pedir ayuda a un psiquiatra, quien es el que puede pedir exámenes de sangre, electroencefalograma, electrocardiograma y evaluar tiroides, para descartar primero enfermedades físicas. Luego es fundamental comenzar un tratamiento con un sicólogo para disminuir los síntomas y sentir que puede controlar las crisis de pánico", señala la sicóloga clínica Andrea Serrat.

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Crisis de pánico.[/caption]

¿Será una crisis de pánico?

Palpitaciones o ritmo cardíaco acelerado, sudoración, temblores, sensación de ahogo, dolor en el pecho, náuseas o malestar abdominal, sensación de mareo, inestabilidad o desmayo, entumecimiento, sensación de hormigueo, ráfagas de calor o escalofríos son algunas de las sensaciones físicas que provoca una crisis de pánico. Así lo describe la siquiatra María Eugenia Millán, quien explica que esta sintomatología se desarrolla porque existe una sobrerreacción del centro del cerebro relacionada con la respuesta al miedo, una falsa alarma. "No se conoce la causa exacta. Se puede gatillar por estrés, el exceso de alcohol, tabaco, cafeína o el uso de drogas como la marihuana o la cocaína, entre otros motivos", explica.

Las crisis de pánico son una fuente de gran angustia porque la persona las vive como si estuviera enloqueciendo o incluso muriendo. Así lo explica Susana Acquarone en su libro 'Superar la crisis de pánico. Sentir, pensar y hacer", a través del cual explica que "nadie ha muerto ni ha enloquecido por una crisis de pánico. El cuerpo no está dañado, y por más floridas -en cuanto a sus síntomas- que las crisis resulten, son solo consecuencia de un estado de hiperventilación del sistema nervioso que se vive en forma amenazante para la integridad física y/o psíquica. Implican un tema de funcionamiento", explica.

¿Cómo me tranquilizo?

Si la experimenta por primera vez y está sola, Andrea Serrat recomienda hacer lo siguiente para restablecer la calma:

Respira sintiendo que el aire entra por tu nariz y sale por la boca. La respiración consciente permite que entre mayor oxígeno al cerebro y uno se calme.

Un vez calmada debes pensar en lo que pudo haber gatillado la crisis.

Si logras ponerle nombre a la crisis y reflexionar sobre ello, te tranquilizarás, bajarás el estrés y la paranoia.

Para Susana Acquarone otra opción de corregir las emociones exacerbadas y los juicios inexactos es hacerse las siguientes preguntas: "¿Con quién estaba?, ¿qué estaba haciendo?, ¿cuándo fue?, ¿dónde estaba? (situación); ¿qué estaba pasando por mi cabeza justo antes de empezar a sentirme de esa forma?, ¿algún otro pensamiento?, ¿imágenes? (pensamientos automáticos); ¿qué sentía? (estimar cada emoción entre 0% y 100%); ¿qué tiene de verdadero ese pensamiento? (intenta evitar la interpretación de los hechos); ¿qué puedo decirme para sentirme mejor, adecuándome mejor a las circunstancias?".

En medio de la crisis la persona debe ponerse lo más cómoda y por ningún motivo escapar. Así lo explica Susana, quien recomienda el siguiente S.O.S: "Si está en la calle, apóyese en un poste o en una pared. Si está en una tienda, dígale a la vendedora que no se siente bien y busque asiento. No se suba a un taxi y huya a casa", detalla.

Pasó la crisis

Según los expertos una crisis de pánico dura entre diez minutos y una hora. Una vez que sientas que terminó -y es tu primera vez- tienes que descartar otras afecciones yendo a la urgencia de algún centro médico. "Ocurrido el episodio, siempre hay que acudir a un centro asistencial para recibir apoyo profesional, pues es la especialista la que precisará el diagnóstico y tratamiento. Es relevante descartar otras problemáticas médicas o de índole psicosocial", explica Luis Pino, académico de la Escuela de Psicología de la Universidad de Las Américas.

Para el especialista, una vez confirmado que lo vivido fue una crisis de pánico se debe consultar con un siquiatra, que de acuerdo al diagnóstico indicará los ansiolíticos adecuados para cada persona. "En paralelo a ello, el tratamiento sicólogico es relevante y la experiencia en este tipo de fenómenos ha sido eficaz desde el trabajo cognitivo conductual", señala Pino.

Así lo hizo el instructor de yoga Óscar Pineda, quien relata que cuando la sufrió por primera vez decidió irse a urgencia. "Llegué a tiempo a la clínica y luego de hacerme algunos exámenes y descartar cualquier otra cosa, me recomendaron tomar una hora con un sicólogo y siquiatra. Estuve en terapia por un tiempo hasta que decidí curar lo que me pasaba con el yoga. Me hice instructor y comprendí que la felicidad no estaba fuera de mí, sino dentro. Comencé a practicar todos los días y no he vuelto a sufrir un ataque de pánico", cuenta.

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La decisión de ir al sicólogo

Dennise Cárcamo comenzó a vivir las crisis de pánico en abril de este año. Empezó a sentirlas todas las noches cuando debía arreglar sus cosas para ir a trabajar. Así pasaron dos semanas agotadoras hasta que decidió ir a una sicóloga holística. "Nuestro trabajo comenzó con una herida no sanada que tenía desde niña y que tenía que ver con mi relación con mi madre. Luego de eso analizamos el tema de mis crisis. Por otra parte, decidí ir al siquiatra, quien me dio medicamentos y licencia", cuenta.

Una crisis de pánico esconde situaciones de la vida no resueltas que deben ser reconocidas y abordadas terapéuticamente. Así lo explica la sicóloga María Viviana Castro, quien señala que esos episodios son "solo un esbozo de que hay un conflicto mucho mayor que afecta a la persona y que no sabemos sus causas, solo que se está manifestando de esa forma. Por lo tanto, hay que investigarlo en todas sus manifestaciones, tanto conscientes como inconscientes, y tenemos que ver la profundidad de las causas y el significado que pudiera tener ese síntoma para la mente respecto a la historia, la contingencia, las situaciones personales, familiares e infantiles del paciente. Vale la pena destacar que una crisis de pánico no es una enfermedad sino que es parte de un cuadro".

Para superar sus crisis de pánico Dennise se ha tratado con sicólogo, siquiatra y biomagnetismo. Todavía está en el proceso de recuperación, pero cuenta que ha logrado ver sus dificultades y que está aprendiendo a lidiar con ellas. "Yo soy dueña de mi vida, yo pongo los límites, yo me cuido, valoro y por sobre todo respeto y agradezco mi proceso", comparte.

Las diferentes circunstancias de la vida que se nos presentan no tienen por qué ser vividas como problemas sino como asuntos a resolver. Ese proceso implicará tiempo de maduración y de encarar nuevas conductas, y tomar posiblemente decisiones complejas. "Podríamos tener como filosofía de vida convivir amigablemente con las diferentes dificultades del día a día. Así como también, y principalmente, no pretender escapar o controlar emociones indeseables, perdiendo de vista la utilidad de las mismas. Confundidos, paralizados y peleados con nuestras ideas, no podemos tener otro desenlace que quedar presos de nosotros mismos y nuestra capacidad; echándole por lo demás culpas a la realidad que hemos transformado nosotros mismos la mayoría de las veces en nuestra enemiga", reflexiona Susana Acquarone.

https://www.latercera.com/practico/noticia/guia-yoga-indecisos/791512/

El yoga como parte del proceso

Hay muchas razones por las cuales a una persona se le puede gatillar una crisis de pánico, explica Sofía Elizalde, instructora de yoga y profesora de danza. "Desde la perspectiva del yoga, y en especial la yoga-terapia, se debe entender que las prácticas recomendadas son solo paliativas para el momento mismo de la crisis y/o en ciertos casos, preventivas. Al practicar ciertas asanas (posturas), el practicante-paciente puede bajar el nivel de estrés, angustia, miedo y la falta de oxígeno. A su vez, promover la circulación de la sangre, en especial hacia la cabeza, ayuda a sentir mayor confort y sensación de relajo", señala.

Si alguien decide complementar su terapia con el yoga, Sofía explica que es importante aprender y hacer las posturas con un instructor, pues así se sentirá contenida. "Esto, porque la persona-paciente debe conocer en la práctica qué es lo que le brinda mayor apoyo durante una crisis", agrega.

Sobre cuáles deberían ser las asanas (posturas) y la secuencia de movimientos para bajar los niveles de angustia, estrés y miedo, Elizalde señala los siguientes puntos a considerar:

-Realizar una práctica muy suave y gentil. Por lo general comenzar desde el piso, para enraizar al practicante-paciente.

-La respiración es fundamental. Crear conciencia de una inhalación y exhalación profunda. Se recomienda darle gran foco a este punto.

-Hacer ejercicios que movilicen lentamente el cuerpo completo. Mover las articulaciones de la columna vertebral, la pelvis y piernas.

-Lentamente trabajar la apertura de cuerpo, con movimientos muy gentiles. Por ejemplo, realizar las asanas gato-vaca y sus variaciones, y ponerse de espaldas en el piso, piernas contra la pared y brazos al costado del cuerpo con palmas hacia arriba.

- Permitir que el practicante-paciente se sienta seguro y validar lo que ocurra sobre el mat.

Finalmente, la recomendación es hacer entender al practicante-paciente que el yoga es un apoyo fundamental en su vida. "No solo cuando la crisis ocurre, sino también como una práctica que acompaña en todo momento, otorgando una conexión única entre cuerpo, mente y alma. Es así como hay otras maneras de apoyar a personas que sufren de momentos de pánico: práctica constante de respiración (con asanas y pranayama), ejercicios de motricidad y fortalecimiento muscular", concluye Elizalde.

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